
El overtourism ocurre cuando el número de visitantes en un destino supera su capacidad para gestionarlos sin afectar negativamente la vida local, el entorno y la experiencia turística. No se trata solo de cifras altas, sino de desequilibrio. De acuerdo con la Organización Mundial del Turismo (OMT), el problema surge cuando el crecimiento del turismo impacta de forma negativa la calidad de vida de los residentes y la convivencia en los destinos.
En la última década, factores como la expansión de vuelos accesibles, el auge de plataformas de alquiler a corto plazo y la viralización de destinos en redes sociales han concentrado grandes flujos de viajeros en los mismos lugares. La OCDE ha advertido que un desarrollo turístico mal gestionado puede saturar infraestructura, transporte y vivienda, mientras que estudios académicos en materia de sostenibilidad documentan efectos como degradación ambiental, desgaste del patrimonio cultural y aumento del costo de vida en zonas altamente turísticas.
El debate no cuestiona el turismo como motor económico, sino la forma en que se administra. Las soluciones planteadas por la OMT y otros organismos internacionales incluyen límites de acceso en sitios vulnerables, redistribución de visitantes, regulación de alojamientos temporales y políticas que integren a las comunidades locales en la toma de decisiones.
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Destinos con overtourism: los casos más visibles
Venecia, Italia

Recibe millones de visitantes al año, muchos de ellos excursionistas que permanecen solo unas horas. La presión sobre su frágil infraestructura, el impacto de cruceros y la disminución de población residente llevaron a implementar una tarifa de acceso en días de alta demanda. Es uno de los ejemplos más citados de cómo el turismo puede alterar el equilibrio urbano.
Barcelona, España

El crecimiento sostenido del turismo transformó barrios tradicionales y elevó el precio de la vivienda, especialmente por el auge de alquileres de corto plazo. Las protestas vecinales y las restricciones municipales a nuevas licencias turísticas reflejan la tensión entre economía turística y calidad de vida local.
Santorini, Grecia

Durante la temporada alta, la isla recibe miles de pasajeros de cruceros al día, superando su capacidad de movilidad y servicios básicos. La concentración de visitantes en espacios reducidos ha generado debates sobre límites diarios y gestión más estricta de arribos.
Ámsterdam, Países Bajos

La ciudad ha buscado frenar el turismo de excesos en su centro histórico mediante restricciones a cruceros, campañas para desalentar ciertas conductas y controles más estrictos sobre alojamientos turísticos. La saturación en zonas icónicas ha sido una preocupación constante para las autoridades locales.
Machu Picchu, Perú

La ciudadela inca enfrenta riesgos de erosión y deterioro estructural por la afluencia masiva de visitantes. Para proteger el sitio arqueológico, se han establecido cupos diarios y circuitos obligatorios que buscan distribuir mejor el flujo turístico.
Kioto, Japón
Barrios tradicionales como Gion han experimentado congestión constante y conflictos entre visitantes y residentes. El aumento de turistas internacionales ha llevado a implementar impuestos de alojamiento y campañas para regular el comportamiento en zonas culturales sensibles.

Bali, Indonesia

El crecimiento acelerado del turismo ha impulsado la economía local, pero también ha intensificado problemas ambientales como gestión de residuos y presión sobre recursos hídricos. La isla representa el desafío de equilibrar desarrollo turístico con sostenibilidad ambiental y cultural.







