Mi viaje comienza en la estación Woodlands, en Singapur. Antes de subir al tren, una azafata recoge mi equipaje de mano y me entrega una orquídea mokara roja. El gesto marca el tono de lo que vendrá: hospitalidad asiática con precisión casi coreográfica.
Mi camarote, una State Cabin, está revestido de marquetería artesanal en olmo, cerezo, teca y palo rosa. Sham, mi asistente a bordo, me recibe con una copa de champagne y un refrescante cóctel de té oolong con mango y lima.
Apenas dejo la maleta, camino hacia el vagón observatorio. Es el mejor lugar para ver cómo el tren abandona Singapur y cruza la frontera con Malasia. Los rascacielos dan paso a barrios bajos de techos coloridos y, poco a poco, a plantaciones de palma aceitera y árboles de caucho que se extienden hasta donde alcanza la vista.
Viajar en este tren implica aceptar una regla simple: aquí no existe la prisa. El paisaje avanza al ritmo pausado del convoy mientras el día se disuelve en tonos ocre y azul acuarelado. En algún punto del trayecto se escucha el llamado a la oración desde una mezquita cercana.
Y entonces llega la cena.





El tren donde la gastronomía es protagonista
En el Eastern & Oriental Express, de Belmond, comer no es una pausa del viaje: es el viaje mismo. La experiencia culinaria está curada por André Chiang, uno de los chefs más influyentes de Asia, reconocido por haber obtenido dos estrellas Michelin con su restaurante Restaurant André en Singapur y por su actual proyecto RAW en Taipéi.
Su filosofía, conocida como “octofilosofía”, explora ocho elementos fundamentales del sabor: pureza, textura, memoria, sal, artesanía, sur, singularidad y territorio. En el tren, esa idea se traduce en un menú que reinterpreta las cocinas del sudeste asiático con técnicas contemporáneas. El resultado es una narrativa gastronómica que acompaña el paisaje.
Aparecen platos como una laksa bouillabaisse, donde la clásica sopa francesa dialoga con los sabores especiados del sudeste asiático; una mejilla de res braseada durante 16 horas con nueve tipos de pimienta; o postres tropicales donde el cacao, el pandan y el coco aparecen reinterpretados con precisión casi arquitectónica.
Cada comida ocurre en alguno de los dos vagones restaurante del tren, Adisorn y Malaya, donde las mesas compartidas invitan a lo que podría llamarse una sociología del viaje: desconocidos que terminan conversando durante horas.



“Tastes of Tomorrow”: la nueva era culinaria del tren
En el 2026, el Eastern & Oriental Express se propuso convertir la gastronomía en el corazón del viaje. Esa ambición tomó forma en “Tastes of Tomorrow”, una serie de travesías culinarias que reúne a Chiang con algunos de los chefs más influyentes del mundo.
El concepto parte de una idea simple pero poderosa: transformar el tren en un espacio de diálogo culinario. En cada salida, Chiang invita a un chef internacional para diseñar menús colaborativos que exploran cómo las tradiciones gastronómicas se cruzan, migran y evolucionan. El resultado es una narrativa culinaria que acompaña el recorrido por Malasia y convierte cada comida en una experiencia cultural.
Este año, la serie se despliega en tres viajes especiales, el 23 de marzo, el 28 de septiembre y el 16 de noviembre, que reinterpretan la identidad gastronómica del sudeste asiático a través de distintas miradas contemporáneas.



La primera travesía del año, que parte el 23 de marzo de 2026, tendrá como invitado a Simon Rogan, uno de los chefs británicos más influyentes de la última década. Rogan es el creador de L’Enclume, su restaurante de tres estrellas Michelin en el Lake District inglés, célebre por su enfoque radicalmente estacional y su filosofía farm-to-fork. También es el curador culinario del Britannic Explorer, el tren de lujo de Belmond en el Reino Unido.
Durante esta travesía de tres noches, una versión gastronómica del itinerario Essence of Malaysia, Rogan y Chiang diseñarán menús conjuntos que fusionan dos paisajes aparentemente distantes: el terroir pastoral de Cumbria y la intensidad aromática del sudeste asiático. Ingredientes tropicales, especias malayas y técnicas contemporáneas se cruzarán con la mirada minimalista del chef británico, en platos pensados exclusivamente para el viaje.
El recorrido comienza, como el mío, en Singapur, donde los pasajeros abordan el tren antes de internarse en el verde profundo de la península malaya. A medida que el convoy avanza entre selvas, aldeas rurales y arrozales, la experiencia gastronómica se despliega en los vagones restaurante con una coreografía precisa: té de la tarde el primer día, almuerzos de tres pasos y cenas de cuatro tiempos con menús de estación, acompañados por vinos y destilados seleccionados.
Pangkor, el paraíso escondido en Malasia para retirarse con vista al mar
El viaje no se limita a lo que ocurre sobre las vías
Si el tren es el escenario gastronómico, el paisaje malayo es el ingrediente principal. Durante el itinerario Essence of Malaysia, el viaje de cuatro días incluye paradas en lugares como Langkawi, Penang, Perlis o Ipoh, cada uno con una identidad cultural propia.
Algunos pasajeros descienden en Arau para visitar la isla de Langkawi, participar en sesiones de yoga, baños de sonido y masajes frente al mar, antes de explorar los manglares y formaciones kársticas del Kilim Geoforest. Pero yo continuo hasta Perlis, el estado más pequeño del país, donde la aventura se vuelve más salvaje: descensos en bicicleta por valles tropicales, cuevas de piedra caliza colonizadas por murciélagos y encuentros con macacos y lángures en las copas de los árboles.



El tercer día, el tren llega a Penang, considerada la capital gastronómica de Malasia. Las excursiones nos llevan a explorar la ciudad en Vespa por las calles de George Town, donde conviven templos chinos, mezquitas y murales de arte urbano.
Cada regreso al tren tiene algo de regreso a casa. Después de una excursión, la tripulación espera con bocadillos locales o sofisticados aperitivos antes de volver a poner el tren en marcha.

La magia de las noches a bordo
Si el día pertenece al paisaje, la noche pertenece al piano bar. Después de la cena, los pasajeros nos reunimos en el vagón iluminado por lámparas art déco mientras un pianista interpreta clásicos de jazz y standards de Frank Sinatra.
Los cócteles fluyen. Las historias también. Hay algo hipnótico en conversar mientras el tren atraviesa la oscuridad tropical.
En un momento de la última noche, el convoy cruza Kuala Lumpur. Desde la ventanilla aparecen las luces de la ciudad y, a lo lejos, la silueta de las Torres Petronas y del Merdeka 118 —el segundo edificio más alto del mundo— recortándose contra el cielo.
El contraste entre el tren de inspiración colonial y la metrópolis ultramoderna dura apenas unos segundos. Pero es suficiente.
Tal vez esa sea la verdadera magia del Eastern & Oriental Express: recordarnos que el lujo no está en llegar más rápido, sino en viajar con todos los sentidos despiertos.
Incluso el apetito.











