Four Seasons Cartagena: la joya dentro del barrio de Getsemaní
Four Seasons Cartagena | Foto: Cortesía

La gratitud no suele aparecer en las listas de cosas que uno espera encontrar durante un viaje. Buscamos buena comida, hoteles memorables, paisajes espectaculares o experiencias únicas. Sin embargo, fue precisamente eso lo que Cartagena me regaló. Una ciudad capaz de recordarme el privilegio de caminar sin prisa, de admirar siglos de historia perfectamente conservados y de descubrir un hotel que entiende que el verdadero lujo no consiste en construir algo nuevo, sino en devolverle la vida a aquello que siempre perteneció a este lugar.

Dicen que Cartagena enamora desde la primera visita y no es difícil entender por qué. Basta caminar unos minutos por la Ciudad Amurallada para descubrir iglesias centenarias, plazas llenas de gente cálida, balcones rebosantes de flores y calles empedradas que parecen guardar historias en cada esquina. Declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, esta parte de la ciudad conserva el legado colonial que convirtió al puerto en uno de los más importantes de América durante siglos.

A unos pasos de ahí, el ambiente cambia sin perder autenticidad. Getsemaní, un antiguo barrio de artesanos y comerciantes, respira creatividad. Sus fachadas coloridas, los murales que narran la identidad cartagenera, la música que brota de las plazas y la vida cotidiana de sus habitantes hacen que recorrerlo sea una experiencia tan auténtica como cautivadora. Es un barrio donde el viajero deja de sentirse turista y comienza, aunque sea por unas horas, a formar parte del ritmo de la ciudad.

Es justamente entre estos dos mundos donde Four Seasons Hotel and Residences Cartagena encontró su hogar.

En lugar de levantar un edificio que rompiera con el paisaje urbano, el proyecto apostó por algo mucho más ambicioso: recuperar un conjunto de inmuebles históricos que abarcan más de cuatro siglos de historia. Antiguos claustros, edificios republicanos y espacios que alguna vez albergaron clubes sociales y teatros fueron restaurados con un profundo respeto por su esencia para dar vida a un hotel que se siente tan cartagenero como las murallas que lo rodean.

La experiencia comienza incluso antes del check-in. Los patios tropicales, los corredores de piedra coralina y los jardines que conectan los distintos edificios invitan a recorrer el hotel con calma, casi como si se tratara de otro barrio de Cartagena. No hay prisas. Todo parece diseñado para detenerse unos minutos y observar cómo cambia la luz sobre los muros centenarios.

Ese equilibrio entre pasado y presente también se percibe en el diseño interior. Cada espacio conserva la personalidad de la construcción original mientras incorpora una estética contemporánea donde predominan los materiales naturales, el mobiliario hecho a medida y el trabajo de artesanos colombianos. Cerámica, textiles, piedra, madera y obras de artistas locales convierten cada rincón en una celebración del talento del país sin caer en excesos.

Las 131 habitaciones y suites continúan esa conversación entre historia y modernidad. Algunas conservan gruesos muros de piedra, techos altos y detalles arquitectónicos originales que evocan el pasado colonial de Cartagena; otras ofrecen una interpretación más contemporánea del Caribe, con espacios abiertos, abundante luz natural y vistas hacia patios llenos de vegetación. Ninguna se siente igual a otra, y quizá ahí reside parte de su encanto.

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Habitación ubicada en la parte colonial del Four Seasons Cartagena | Foto: Mariana García Muñoz | Travel + Leisure en Español

La propuesta gastronómica invita a descubrir el complejo desde distintas perspectivas. Hay espacios pensados para comenzar la mañana con café colombiano de especialidad y pan recién horneado; restaurantes donde los mariscos frescos y los cortes de carne se disfrutan en salones de elegancia clásica; la coctelería encuentra inspiración en ingredientes locales, y un rooftop que probablemente se convierta en uno de los mejores lugares de Cartagena para despedir el día mientras el cielo se pinta de tonos dorados y el puerto comienza a iluminarse.

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Vista desde el rooftop | Foto: Mariana García | Travel + Leisure en Español

El hotel propone un recorrido gastronómico donde cada espacio tiene una identidad propia y donde la arquitectura forma parte de la experiencia tanto como los sabores. Uno de mis favoritos fue la Pizzería della Chiesa, la auténtica pizza napolitana se sirve en un espacio que alguna vez albergó el histórico Teatro Cartagena, construido sobre el solar de la antigua Iglesia de la Veracruz. Hoy, ese pasado se entrelaza con un ambiente de espíritu mediterráneo, donde las recetas tradicionales encuentran un sutil giro creativo y cada comida se disfruta entre muros que han sido testigos de distintas épocas de la ciudad.

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Pizza en Pizzería della Chies | Foto: Mariana García Muñoz | Travel + Leisure en Español

Quienes buscan un momento de pausa encontrarán en Umari Spa un refugio silencioso dentro del complejo. Inspirado en la serenidad de los antiguos claustros, este espacio combina tratamientos elaborados con ingredientes botánicos locales, áreas de relajación y experiencias de bienestar que invitan a reconectar con uno mismo. A ello se suman dos piscinas panorámicas, un gimnasio abierto las 24 horas y actividades como yoga y sesiones de respiración al aire libre, pensadas para aprovechar la calma que caracteriza al destino.

Sin embargo, quizá el mayor acierto de Four Seasons Cartagena sea entender que el hotel no termina en sus puertas.

Desde aquí basta caminar unos cuantos minutos para llegar a la Plaza de los Coches, recorrer las murallas al atardecer, descubrir pequeñas galerías de arte o o simplemente perderse entre las calles sin un itinerario definido. La propiedad no busca aislar al huésped en un universo exclusivo; por el contrario, lo invita a salir y descubrir una ciudad cuya mayor riqueza sigue estando en su gente, su historia y su capacidad de sorprender.

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Vista hacia la ciudad desde el rooftop | Foto: Mariana García Muñoz | Travel + Leisure en Español

Más que un lugar para dormir, Four Seasons Hotel and Residences Cartagena se convierte en una puerta de entrada para entender la ciudad desde otra perspectiva. Hospedarse aquí significa despertar entre muros que han sido testigos de siglos de historia, desayunar en patios que alguna vez formaron parte de un antiguo claustro y terminar el día contemplando el atardecer sobre el Caribe desde un rooftop que parece abrazar toda Cartagena.

Esa es quizá la mayor virtud del proyecto. No se limita a ofrecer el servicio impecable que distingue a Four Seasons; consigue que cada espacio tenga un vínculo con la ciudad que lo rodea. La arquitectura, el arte colombiano, la gastronomía, los jardines y hasta el ritmo con el que se recorren sus pasillos invitan a mirar Cartagena con más calma, con más curiosidad y, sobre todo, con más respeto por su historia.

Cuando pienso en aquel viaje, sigo recordando la gratitud con la que comenzó todo. Gratitud por descubrir una ciudad que ha sabido proteger su identidad, pero también por encontrar un hotel que entendió que el verdadero lujo no consiste en transformar un destino, sino en honrarlo. Four Seasons Cartagena no solo ofrece una estancia extraordinaria; ofrece una forma distinta de habitar una de las ciudades más fascinantes de América Latina.