Singita: habitar en la naturaleza salvaje 

“En cada viaje hay un instante en el que me pregunto si de verdad estoy ahí”, hace poco leí esta frase y recordé mi estancia en Sudáfrica. En octubre pasado experimenté la sensación que oscila entre sentirme fuera de la realidad, como en un sueño, y, al mismo tiempo, profundamente presente, atenta a todo lo que ocurría a mi alrededor.

Pasé cuatro días y sus noches en Kruger National Park, uno de los Parques Nacionales más grandes de África (y del mundo), famoso por la presencia del “Big Five”. Me alojé en los lodges Lebombo y Sweni, en el extremo sureste de la reserva, en la frontera con Mozambique. Estas construcciones, que conviven con el entorno, forman parte de Singita, una empresa pionera del ecoturismo africano que combina hospitalidad de lujo con un propósito arraigado en la conservación y el respeto por las comunidades locales.

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Singita Sweni y Sweni River
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Singita Kruger National Park / Ross Couper

El día más especial para mí fue el 6 de octubre. Esa mañana desperté sin alarma —y sin jet lag— en una de las suites tipo loft de Lebombo. Uno de mis primeros pensamientos fue para mi papá, quien habría celebrado su cumpleaños. Se fue de este mundo hace tanto que, a medida que me acerco a la edad que tenía, pienso más en todo lo que le quedó por conocer y experimentar. Y al mismo tiempo, me prometo tener una vida bien vivida, con todo lo que eso implique.

Me preparé un té de lavanda y miel con la cortesía que dejaron en una de las mesas la noche anterior, y escuché el sonido del río y de los animales e insectos. Minutos después tomé de la repisa: un sombrero, binoculares, lentes oscuros y protector solar. 

En el lobby —punto de encuentro con el resto del grupo, proveniente de Brasil, y con los guías de safari— nos esperaba una mesa de bocadillos: vasitos de yogur griego con granola, fruta fresca, sándwiches y algún pan dulce, casi siempre mini muffins. También había bebidas personalizadas; en mi caso, un café latte sin azúcar y agua mineral. El vehículo todoterreno ya estaba preparado con mantas, por si la calefacción del asiento no era suficiente.

Durante los recorridos anteriores, habíamos visto leopardos, elefantes, rinocerontes, búfalos y a dos leonas, pero faltaba el rey. Dedicamos esa salida a perseguir huellas sin éxito, en su lugar vimos a los perros salvajes (wild dogs), que me parecieron encantadores, pues corren como si dieran pequeños brincos y sus orejas son grandes y redondas. 

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Singita Sabi Sand / Ross Couper

Nunca había observado tan a detalle a los animales y la manera en la que se desarrollan en vida salvaje. Tengo en mente la imagen de una jirafa en el golden hour, rodeada de pajaritos, algo hermoso. Y también la de un grupo de elefantes bebiendo agua en el río; caminando sin separarse y con los pequeños al centro para protegerlos. 

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Singita Kruger National Park/Ross Couper

Los leones estaban cerca, los habíamos escuchado algunas noches, mientras cenábamos al aire libre y la vez que bebimos vino alrededor de la fogata. Pero no aparecían frente a nuestros ojos. Durante la última tarde de safari (el 6 de octubre), en lugar de seguir persiguiendo su rastro, dimos gracias a la naturaleza con una oración. “A la tierra que nos alimenta, las aguas que nos sostienen y los vientos que nos impulsan hacia adelante”. 

El río nos enseña cómo movernos. No se resiste a la pendiente del terreno; se desliza suavemente, encontrando su camino entre piedras y raíces, siempre fluyendo, siempre dando. En su cauce vemos resiliencia, paciencia y entrega. Al seguir las señales de la naturaleza, también nosotros podemos aprender a avanzar con gracia a través de los desafíos de la vida.  

Después, soltamos unas semillas al río, como símbolo de que la vida seguirá surgiendo en lugares que quizá nunca veamos, y también para devolver algo a la naturaleza, una de las vocaciones de Singita. “Observamos cómo recibimos y también cómo devolvemos”. 

Al día siguiente, de camino al aeropuerto, vimos leones macho en la orilla de la carretera. El tráfico se detuvo para admirar la presencia de tres ejemplares jóvenes, echados detrás de un tronco, y a una pareja que caminaba rodeándose con sus colas.

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Singita Malilangwe / Jenny Hishin

Arquitectura que se integra a la naturaleza 

Los lodges Lebombo y Sweni, ubicados en el Parque Nacional Kruger, se integran de manera orgánica al entorno: espacios abiertos suspendidos sobre las inmediaciones del río N’wanetsi. Aunque comparten arquitectura y ubicación privilegiada, su principal diferencia radica en el interiorismo. Sweni despliega una estética vibrante y colorida, inspirada en la riqueza cultural africana, en contraste con Lebombo que es casi monocromático en blanco.

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Suite en Sweni, Singita

Las suites —inspiradas en nidos de águila— cuentan con terraza. La vista al río permite observar también a los hipopótamos y cocodrilos, además de aves. Los ventanales, sin paredes frontales, otorgan una sensación de ser parte del entorno, incluso te puedes bañar al aire libre o disfrutar de una noche en la tina a la luz de las velas (y de la luna), mientras tomas un vaso de Amarula, que es un licor cremoso local.

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Singita Kruger National Park/Ross Couper

La presencia de leopardos se advierte de forma escrita dentro del lodge. Y algunas noches creí escucharlos en el techo, aunque quizá se trataba de algo mucho más pequeño, cuyas pisadas eran intensificadas por el poder de mi imaginación, no sabemos. Una mañana vi rastros de elefantes en la vegetación alrededor de la suite y después nos confirmaron con fotos la visita de estos gigantes. Asimismo, durante mi estancia en el spa, pude ver a toda una familia de paquidermos, incluso alrededor de la cabina de tratamiento. Y a los impala, que se movían de forma elegante por todas partes. 

La hora del lunch 

Entre desayunos de comida internacional (con avo toast y pancakes) y cenas en tiempos, estaba el lunch, mi favorito cada día, pues se llevaba a cabo en locaciones distintas. Una vez almorzamos fuera del lodge, en la reserva, el chef había llevado una parrilla y compartimos cocteles y anécdotas. 

Given, el otro guía de safari, habló de sus cinco hijos y de su vida que no imagina de otra manera. Sean se sumó a la conversación y abordó el tema del “respeto” a la vida salvaje y de las experiencias cercanas con el desarrollo de la cadena natural. 

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Lunch en Singita / Cortesía

El tiempo en Singita transcurrió entre mañanas en calma y noches llenas de estrellas y luciérnagas. Casi no escuché música ni otro sonido externo. Aquí, contemplar el entorno es natural y enriquecedor. Entre un recorrido y otro, trabajaba en la terraza o hacía yoga con las instrucciones compartidas en la suite.También hay gimnasio y alberca. 

Mi regreso a la Ciudad de México fue de aproximadamente 36 horas entre aeropuertos y aviones. Primero con un trayecto a Johannesburgo, de ahí a Atlanta y por último a casa. Lo transcurrido fue parte de la experiencia de ir al otro lado del mundo para habitar en la naturaleza salvaje.