El aire huele a pino fresco, los reflejos del lago se pintan de plata con la primera luz del día y el silencio únicamente se interrumpe con el sonido de algún animal cortando el agua. Así comienza una escapada a Muskoka, la región más icónica de Ontario, donde el verano canadiense se festeja. A solo dos horas de Toronto, este destino combina resorts de lujo, pueblos que parecen sacados de una postal y aventuras en plena naturaleza.

Con mil 600 lagos, seis municipios y una oferta que va desde cabañas rústicas hasta hoteles de cinco estrellas, Muskoka ha conquistado tanto a locales como a celebridades que cada año la eligen para sus veranos. “Somos conocidos principalmente por los meses de verano, pero hay cosas que suceden durante todo el año”, cuenta Val Hamilton de Tourism Muskoka. “En julio y agosto vemos un gran número de celebridades que quieren venir aquí: Victoria y David Beckham, Cindy Crawford. Muchos lo han convertido en parte de sus tradiciones estivales. Tenemos más de cien alojamientos, desde resorts de lujo como el JW Marriott hasta cabañas familiares. Y con tanta agua, tantos árboles, siempre hay algo que hacer al aire libre”.
Este es el itinerario perfecto para descubrir Muskoka en tres días.
Día 1: Desconexión en el JW Marriott The Rosseau Muskoka
El JW Marriott The Rosseau Muskoka Resort & Spa está ubicado en lo alto de una colina, sus ventanales se abren hacia el inmenso lago Rousseau. La vista, con el bosque reflejado en el agua, anticipa la experiencia: desconectar con estilo.
El día transcurre entre un paseo en kayak, mirando las casas flotantes que cada familia agrega en el lago, como una extensión de verano. Un baño en la piscina infinita y una sesión en el Spa Rosseau, inspirado en ingredientes locales. Al caer la tarde, un cóctel en la terraza acompaña la puesta de sol que tiñe el cielo de tonos naranjas y violetas. La cena en Muskoka Chophouse, con carnes premium y productos regionales, redondea la jornada con el sabor de la tierra.

Día 2: Naturaleza en Algonquin y paseo por Port Carling
A una hora de camino, el Algonquin Provincial Park invita a perderse en su naturaleza intacta. Senderos como el Lookout Trail recompensan con vistas panorámicas de bosques infinitos, y remar en canoa junto a Algonquin Outfitters permite observar alces y castores en su hábitat natural. Como turista, me sorprende la cultura del campamento de verano que vi en películas de osos y parques. Como viajera me conmueve el orden, la limpieza y el compromiso de cada visitante de preservar el lugar. Se respira respeto por la naturaleza, incluso cuando hay miles de turistas recorriendo los más de 20 senderos señalizados que van desde caminatas cortas interpretativas de menos de 2 km hasta rutas más exigentes de 20 km.

De regreso, la parada obligada es Port Carling, la llamada capital de los lagos. Boutiques de diseño, cafeterías acogedoras y galerías se alinean junto al agua, mientras un mural hecho con más de 9 mil fotos retrata la historia de Muskoka. Un paseo relajado por el muelle, helado en mano, completa la tarde.
Día 3: De Bala a Rousseau, pueblos con alma
El último día es para perderse por los pueblos con más carácter de Muskoka. En Bala, capital del arándano, la visita al Cranberry Marsh & Muskoka Lakes Winery es casi obligada: un recorrido entre pantanos rojos y degustación de vinos y sidras artesanales.
En Rosseau, los jueves de verano se vive el mercado frente al lago, lleno de artesanías y sabores locales. Port Sandfield, con su canal animado que conecta los lagos Joseph y Rosseau, es el lugar perfecto para observar la vida náutica. Y más al sur, Port Severn abre la puerta al Trent-Severn Waterway, con vistas tranquilas y restaurantes frente al agua ideales para un almuerzo antes de despedirse.

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Muskoka, donde la naturaleza se convierte en lujo
Entre lagos infinitos, pueblos vibrantes y un estilo de vida relajado que celebra el verano como en ningún otro lugar, Muskoka sigue siendo uno de los destinos más deseados de Canadá. Un lugar donde la desconexión se vuelve sinónimo de lujo, ya sea en una cabaña junto al agua o en la terraza de un resort de cinco estrellas, con el rumor del bosque acompañando cada momento.
Bonus trip: un desvío a las Cataratas del Niágara
Si bien Muskoka es el hit del verano canadiense, una escapada a Ontario no estaría completa sin conocer las Cataratas del Niágara, a poco más de tres horas en auto. Este espectáculo natural, con más de 3,000 toneladas de agua cayendo cada segundo, es una de las maravillas del mundo moderno.

Además de vivir la clásica navegación en el Niagara City Cruises o recorrer los túneles en Journey Behind the Falls, existe una experiencia aún más impactante: sobrevolar las cataratas en helicóptero. Desde el aire, la perspectiva revela la magnitud del río Niágara, sus rápidos y la fuerza descomunal de Horseshoe Falls, ofreciendo una de las vistas más espectaculares de Canadá, de esas que no solo se ven con los ojos, sino que cortan la respiración y se sienten con todo el cuerpo y espíritu.

Combinar la serenidad de Muskoka con la energía imponente de Niágara crea un viaje que reúne lo mejor de Ontario: la desconexión absoluta en la naturaleza, donde uno olvida la hora y el día y el asombro ante una de las fuerzas naturales más poderosas del planeta. Me pregunto si acaso existe mejor lujo que el que devuelven estos viajes.








