
“Venir a Veracruz y no pasar al Gran Café de la Parroquia es como no haber venido a Veracruz”, se dice de forma popular. Y es que este café, que actualmente cuenta con 33 sucursales, es uno de los establecimientos más emblemáticos del puerto y el lugar de origen del café lechero.
La historia de “La Parroquia”, como se le conoce coloquialmente, se remonta a 1791 cuando se registra su existencia, pero como “pulpería” de la época; aunque su fecha de nacimiento oficial es en 1808 y para 1833 comienza a ser considerado “un punto esencial para la vida económica y social del puerto de Veracruz”. Según registros, “en la esquina de las calles Parroquia y María Andrea, se encontraba un establecimiento que combinaba tienda y café (…) su abastecimiento incluía productos importados como caldos de Burdeos, aguardiente de Inglaterra y tabaco de La Habana”.
¿Cómo se prepara un café lechero?
En las mesas de este café de gran tradición surge el lechero, un café intenso servido en un vaso de cristal, al cual se le añade leche caliente directo de una jarra metálica y desde una altura considerable —lo que alcance el brazo del mesero— para generar mucha espuma.

Cuentan que Porfirio Díaz tomó una de estas bebidas antes de partir al exilio en Francia. Según historiadores, el 26 de mayo de 1911, el militar y político pidió el tradicional café con leche, un plato de papaya y una canilla, que es un pan dulce en forma de trenza. Actualmente el “Desayuno Don Porfirio”, de la Parroquia, está compuesto por estos alimentos.
No es sorpresa, pues el mobiliario estilo europeo de este restaurante, su iluminación a gas y los meseros uniformados reflejaban un esfuerzo por ser parte de la modernidad porfiriana. La clientela siempre fue variada, como hoy en día. Aún se ven las mesas de amigos sextagenarios que se reúnen para beber café, leer el periódico y platicar (quizá de política y de las noticias locales), además de familias, parejas, comensales que van solos (con libro en mano) y turistas.
Qué hacer y ver en el Puerto de Veracruz
La tradición de pedir café
Por su ubicación original, el Gran Café de la Parroquia siempre fue un punto de tránsito, cuentan que en el siglo XX un tranvía eléctrico pasaba a diario frente a este restaurante y el conductor hacía sonar la campana de su vagón para indicar que había llegado y pedir que le llevaran su café. Esta tradición permanece, pero el tintineo se replica dando golpecitos en el vaso con una cuchara de metal.







