ONTO: habitar la Ciudad de México 
Cortesía

Hace unas semanas me invitaron a conocer ONTO, un concepto que redefine el concepto de hospedaje de lujo, en una de las zonas más emocionantes de la Ciudad de México (y mi preferida), la colonia Roma. 

Empaqué para dos noches de staycation, invité a una amiga y nos convertimos en turistas por un fin de semana, sin tomar carretera o un vuelo. 

ONTO tiene dos espacios, muy cerca entre sí, en la avenida Álvaro Obregón y en Tonalá, nos quedamos en el primero. Su ubicación es inmejorable, a unos pasos del Jardín Pushkin y en una de las vialidades más concurridas, sin llegar a ser caóticas, por su oferta de restaurantes, bares, taquerías y tiendas de marcas independientes y vintage. Aquí está Limantour, un pilar de la coctelería en México y a nivel internacional; además de Máximo Bistrot, un restaurante con estrella Michelin, y Supra, un rooftop con vistas 360, por mencionar algunos establecimientos. 

Esta avenida se puede recorrer en auto, por supuesto, pero yo prefiero hacerlo en bicicleta, caminando o corriendo. Y a cualquier hora del día y la madrugada. Desde hace más de 10 años ya visitaba Caravanserai, una de las primeras casas de té de la capital, y ha sido mi sitio de tacos y hot dogs después de una noche de bar hopping, más veces de las que recuerdo. 

Lejos de un formato tradicional de hotel, ONTO fue creado como una residencia flexible de lujo, ideal para estancias largas y cortas (a mi parecer es perfecto para pasar varios días y sentirte cómodo, como en casa). 

Su estructura híbrida de madera laminada con alma de acero no solo le da una identidad arquitectónica singular, también permite espacios abiertos, cálidos y habitables.

Este proyecto concebido por Sebastián Canales, fernando Serio y Javier Rivero Borrel, de CRB Arquitectos, ha sido reconocido no solo por el gusto de los huéspedes, también con premios internacionales como el “2025 best of Design Award” de The Architect’s Newspaper. 

Suite con terraza trasera y estancia 

Hace poco un experto en hotelería me dijo que el nuevo lujo es la personalización y pienso que ONTO cumple con este principio, el check-in se realiza uno a uno sin filas de espera y los anfitriones te reconocen como huésped desde el primer momento, así que puedes sentirte con la comodidad con la que entrarías a tu casa. 

Nos hospedamos en una de las suites con terraza trasera, sala de estar, espacio para cocinar (y los utensilios para hacerlo) y mesa de trabajo o comedor. En total son 49 suites, algunas con vista a la avenida y otras, como la nuestra, con la privacidad que provocan los ventanales de techo a piso, pero con salida a un espacio abierto con plantas. 

El interiorismo estuvo a cargo de Estudis M:A, y profundiza en crear la sensación de “refugio urbano”. Sobresale el uso de materiales como granito Caledonia, acabados chukum y textiles locales. La atmósfera se percibe sobria, serena y contemporánea, pero también confortable y sin pretensiones. Se antoja para ponerte cómodo y andar en bata y sin zapatos. 

Itinerario de local 

La primera tarde en ONTO comimos en un restaurante que se encuentra a un par de cuadras, llamado María la Pescadora, es de mariscos y aquí te recomiendo pedir la tostada de atún fresco y el chile cuaresmeño relleno de pescado y queso gouda (se vale salivar). Y en la noche fuimos a una cena en el Balcón del Zócalo, uno de los restaurantes para visitar en el Centro Histórico, con vista privilegiada a la Catedral y que recientemente fue reconocido por la Guía Michelin. Terminamos bebiendo un Mr. Pink, uno de los cócteles insignia de Limantour y pensamos pasar por una dona a Randy’s Donuts, que abre las 24 horas, pero nos fuimos a dormir. 

El sábado por la mañana nos anotamos en la clase de mat pilates en la terraza del hotel y desayunamos ahí mismo. El rooftop tiene vista a la ciudad y cuenta con taburetes que los huéspedes utilizan para tomar el sol, trabajar, platicar o beber un café. También puedes reservar tratamientos de belleza y masajes, aunque no cuentan con una cabina de spa, una de las suites se adapta con camas especiales, la atmósfera es de tranquilidad e íntima. 

El programa Wellness In-Suite permite solicitar tratamientos en la privacidad de la suite, desde masajes de drenaje linfático y reflexología hasta sesiones Deep Tissue, transformando la estancia en una experiencia de descanso mucho más personal. 

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En ONTO también puedes acceder a experiencias como una cata de mezcal. Una de las noches cenamos en Rufus, que se encuentra en la planta baja del hotel. La cocina la describen como “contemporánea” y encuentras opciones de comfort food como el pollo al horno y la pasta pesto con pistache y stracciatella. No te levantes sin probar el helado de pistache con limón amarillo y aceite de oliva. 

Por último, desperté temprano el domingo para asistir a una carrera en Paseo de la Reforma. En resumen, nuestra estancia en ONTO nos permitió disfrutar de la ciudad sin sacar el auto del estacionamiento, a pie, y en establecimientos que destacan por su gastronomía y mixología. Hospédate aquí para habitar la Ciudad de México como un local.