
El Inti Raymi —que significa “Fiesta del Sol”— es una de las celebraciones más importantes dentro del mundo andino, en la que se rinde culto a la deidad suprema. Actualmente, además del aspecto ceremonial, se llevan a cabo representaciones teatrales y de música y danzas tradicionales. Este festejo ocurre de forma anual durante el solsticio de invierno austral, en junio. Es, en definitiva, una experiencia que recomiendo vivir al menos una vez en la vida, aunque, quizá vas a querer repetirla.
Viajé a Cusco el año pasado para ser parte de esta celebración. Aunque, sin planearlo, terminaría yendo también a Machu Picchu, gracias a circunstancias muy afortunadas, que te contaré en otro artículo.
Dónde dormir en Cusco
Me hospedé en el hotel “JW Marriott El Convento Cusco”, ubicado a tres cuadras del Centro Histórico, en una construcción histórica: el antiguo Convento Colonial de San Agustín del Siglo XVI, declarado Patrimonio Cultural por el gobierno peruano.
12 horas en la ciudad de Cusco
Al entrar a este complejo de estilo boutique, en la recepción, sobresale una pieza de arte que representa a Inti, el Dios Sol, de fabricación austriaca, realizada por la firma Swarovski con 76 mil 500 cristales, que representan a un sol radiante.

Lo primero que hice, después del check-in y de tomar una bebida de bienvenida, fue conocer mi habitación, la cual estaba acondicionada con un sistema de oxigenación complementaria (20% adicional) para evitar el mal de altura, que es común en este destino ubicado a 3 mil 400 msnm.

Aunque ha sido restaurado, en el hotel se aprecian restos de los periodos Pre-Inca, Inca, Colonial, Republicano y Contemporáneo. Durante un recorrido, por las ventanas arqueológicas, me explicaron que el antiguo convento se comenzó a construir en 1580 y las obras se extendieron por más de 80 años. Durante este periodo, en 1650, un terremoto destruyó la ciudad y también el edificio religioso.

Una maravilla en sí mismo
JW Marriott El Convento Cusco cuenta con un total de 153 habitaciones, muchas menos que otros complejos de la firma, así que la estadía se siente privada. La Suite Imperial, de 90 metros cuadrados, tiene sala, comedor, baño principal con dos lavabos y baño de visitas, dormitorio, walking closet, dos pantallas de 42 pulgadas y una terraza, además, puede conectarse con una habitación Deluxe.
El hotel también ofrece servicio de spa y áreas húmedas, en esta zona se encuentra una alberca de tamaño suficiente para relajarte o nadar.

Comida que te hace sentir bien
Durante mi estancia en el complejo pude notar la relevancia que se pone a la alimentación; desde los cocteles sin alcohol que se ofrecen a manera de brebajes hasta el cuidado con las alergias e intolerancias.
La gastronomía peruana es abundante y deliciosa, pero en el restaurante de este hotel se siente también saludable, con el uso de ingredientes que no pueden faltar, como quinoa y papa, y preparaciones pensadas para cada día. Por ejemplo, cuando llegué, junto a un grupo de periodistas de distintas latitudes, nos ofrecieron un caldito de vegetales, una comida ligera porque la digestión suele ser más lenta debido a la altura.


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Sin duda, este complejo fue el lugar ideal para regresar y descansar después de las celebraciones del Inti Raymi. Y, por su ubicación, me fue posible improvisar algunos planes, como salir a caminar al mirador de San Cristóbal y al Cristo Blanco.







