
Charleston es una de esas ciudades que parecen hechas para la cámara. Desde las tradicionales contraventanas de madera y jardineras del distrito histórico hasta la arquitectura art déco del Teatro Americano o la vista desde el Puente Ravenel, siempre hay una escena que merece una foto. Pero cuando llega la primavera, la combinación más esperada es Charleston y Glicinas.
Viví varios años en la llamada Ciudad Santa y acumulé incontables instantáneas del Lowcountry. Sin embargo, si hay una temporada que realmente transforma el paisaje es la de las glicinas. Durante unas semanas que pasan casi sin aviso, racimos de flores color lavanda caen en cascada sobre cercas, portones y enrejados, provocando lo que muchos llaman la “histeria de las glicinas”. Es entonces cuando Charleston y Glicinas se convierten en una sola imagen.
“Charleston es conocido por tener flores durante todo el año y por su clima variable a finales del invierno, pero la glicina realmente marca el inicio de la verdadera primavera”, explica a Travel + Leisure Tyler Page Wright Friedman, guía turístico certificado y fundador de Walk & Talk Charleston. Según señala, las primeras flores suelen aparecer a mediados o finales de marzo, y la última semana del mes concentra el mayor esplendor.
El mejor momento para ver Charleston y Glicinas
Para disfrutar este espectáculo en su punto máximo, conviene planear el viaje hacia mediados o finales de marzo, aunque siempre con cierta flexibilidad. “El ciclo de floración es bastante estable; sin embargo, una helada fuerte al final de la temporada podría afectarlo”, advierte Joan McDonald, fundadora de The Gardeners Green.
Si llegas antes o después del auge principal, no todo está perdido. Recorrer el centro histórico sin rumbo fijo puede llevarte a descubrir enredaderas en flor en esquinas menos conocidas. La experiencia de Charleston y Glicinas no depende de un solo punto icónico, sino de la sorpresa constante que ofrece la ciudad.
Dónde verlas
La mejor forma de experimentar esta temporada es caminar por el centro histórico. Entre los puntos recomendados están los alrededores de 2 Water Street, la casa de Timothy Ford en Meeting Street y Stoll’s Alley, donde varias enredaderas se han convertido en protagonistas de incontables fotografías.
La casa de Timothy Ford, en el número 54 de Meeting Street, es una de las más emblemáticas. Se cree que la parra fue plantada alrededor de 1914 y hoy cubre una valla de hierro forjado junto a la acera, permitiendo apreciar las flores de cerca.
Otros rincones memorables incluyen un enrejado cerca de la esquina de Pitt y Vanderhorst, así como una puerta de ladrillo antiguo y hierro forjado en Pitt Street, en el distrito histórico Old Village de Mount Pleasant. Cada año la floración varía ligeramente, pero la escena mantiene intacto su encanto.
Un equilibrio necesario
El clima cálido y húmedo de Charleston crea condiciones ideales para el crecimiento de la vid. Sin embargo, algunas variedades importadas han demostrado ser invasivas si no se controlan adecuadamente. Por eso, los jardineros deben podarlas con cuidado para proteger los bosques locales.
Aun así, cada primavera la ciudad vuelve a teñirse de lavanda. Charleston y Glicinas forman una de las postales más reconocibles del sur de Estados Unidos, un recordatorio de que a veces la belleza sí puede medirse por la cantidad de veces que alguien detiene el paso para tomar una foto.







