Descubre Praga en invierno, la “ciudad de las cien torres”
Vista aérea de Praga. - Dreamer4787 / iStock

Praga en invierno despliega una de sus versiones más evocadoras. La capital de la República Checa, conocida como la ciudad de las cien torres, se cubre de una atmósfera melancólica y elegante cuando bajan las temperaturas, la niebla se posa sobre el Moldava y las fachadas barrocas parecen sacadas de un cuento centroeuropeo. Lejos de ser una época inhóspita, el invierno es uno de los mejores momentos para descubrir la ciudad con menos turistas, precios más contenidos y una oferta cultural y gastronómica especialmente atractiva.

Pasear por el casco histórico bajo la nieve

El corazón de Praga, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, es imprescindible en cualquier primera visita, y en invierno adquiere un encanto especial. La plaza de la Ciudad Vieja, con su famoso reloj astronómico, se convierte en un punto neurálgico desde el que explorar callejuelas medievales, palacios góticos y torres históricas. Si coincide con el periodo navideño, los mercados de invierno aportan luces, música y puestos de comida caliente que hacen más llevadero el frío.

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La torre del reloj astronómico preside la plaza de la Ciudad Vieja de Praga. – pawel.gaul / iStock

Desde allí, el puente de Carlos es una visita obligada. Cruzarlo a primera hora de la mañana, cuando apenas hay gente y el vapor del río se mezcla con la bruma, es una de las experiencias más memorables de Praga en invierno. Las estatuas barrocas parecen aún más solemnes y la ciudad muestra su cara más poética.

El Castillo de Praga, un imprescindible todo el año

El Castillo de Praga, considerado uno de los complejos fortificados más grandes del mundo, domina la ciudad desde lo alto. En invierno, recorrerlo es más agradable que en temporada alta, cuando las multitudes pueden resultar abrumadoras. La Catedral de San Vito, con sus vidrieras y su arquitectura gótica, es uno de los grandes iconos de la ciudad y una parada esencial.

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El Castillo de Praga, con la Catedral de San Vito en lo alto, sobre la ciudad menor. – Vladislav Zolotov / iStock

Pasear por el Callejón del Oro, con sus pequeñas casas de colores, o contemplar las vistas panorámicas desde los jardines del castillo es especialmente recomendable en días despejados. Además, muchos museos y palacios del recinto permiten resguardarse del frío mientras se profundiza en la historia checa.

Cafés históricos y vida cultural a cubierto

Uno de los grandes placeres de visitar Praga en invierno es refugiarse en sus cafés históricos. Locales como Café Slavia, Café Louvre o Café Imperial no solo ofrecen cafés y repostería de primer nivel, sino que forman parte de la historia cultural de la ciudad. Escritores, artistas y políticos han pasado por sus mesas, y hoy siguen siendo lugares ideales para hacer una pausa.

La oferta cultural invernal es otro de los grandes atractivos. Praga cuenta con una intensa vida musical, con conciertos de música clásica en iglesias, teatros y salas históricas. Asistir a una ópera o a un concierto de música de cámara es una excelente forma de entender el peso cultural de la ciudad y, al mismo tiempo, combatir las bajas temperaturas.

Barrios con encanto más allá del centro

Aunque el centro histórico concentra muchos de los atractivos, merece la pena explorar otros barrios. Malá Strana, al otro lado del río, es uno de los más pintorescos, con palacios barrocos, calles empedradas y un ambiente tranquilo ideal para pasear en invierno.

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Típicas fachas de colores de una calle de Praga. – todamo / iStock

El barrio de Josefov, el antiguo barrio judío, ofrece una visita más reflexiva. Sus sinagogas y el cementerio judío son esenciales para comprender la historia de Praga y de la comunidad judía en Europa Central. En invierno, la visita resulta más íntima y menos concurrida.

Gastronomía típica para combatir el frío

El invierno es la mejor época para disfrutar de la gastronomía tradicional checa. Platos contundentes como el svíčková (carne de ternera con salsa cremosa), el goulash o el vepřo knedlo zelo (cerdo asado con col y albóndigas de pan) son habituales en tabernas y restaurantes tradicionales.

No faltan las sopas calientes, ideales para entrar en calor, ni los dulces típicos como el trdelník, que se vende en puestos callejeros y resulta especialmente apetecible en los meses fríos. Todo ello puede acompañarse con una de las cervezas checas, consideradas entre las mejores del mundo, o con vino caliente especiado durante el invierno.