
En el norte de Extremadura, entre montañas cubiertas de castaños, se esconde un pueblo que cada mes de enero celebra una de las festividades más singulares de España. Piornal, situado en el bellísimo Valle del Jerte, tiene uno de esos festejos que parecen sacados de la antigüedad: hay ritual, disfraces grotescos y un punto de violencia festiva. Se trata de la fiesta del Jarramplas, todo un espectáculo que merece la pena disfrutar. Además, el entorno es inmejorable gracias a la naturaleza extremeña, una de las más especiales de la península.
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Jarramplas: una fiesta única en España
Cada 19 y 20 de enero, coincidiendo con la festividad de San Sebastián, Piornal vive un ritual que parece sacado de otra época. Un vecino del pueblo se viste con un traje de colores vivos, máscara de cuernos y cascabeles, convirtiéndose en Jarramplas, un personaje legendario que recorre las calles mientras los habitantes le lanzan miles de nabos.

Esta tradición, declarada Fiesta de Interés Turístico Nacional, tiene orígenes inciertos: algunos la relacionan con antiguos rituales paganos, otros con castigos simbólicos a ladrones de ganado o con representaciones del mal que debe ser expulsado del pueblo. Sea cual sea su origen, hoy es una celebración profundamente arraigada en la identidad de Piornal.
El papel de Jarramplas es tan exigente como honorífico. Quien lo interpreta debe soportar impactos constantes durante horas, protegido únicamente por un traje acolchado y un casco. Para los piornalegos, ser Jarramplas es un orgullo que se prepara durante años, incluso décadas. La fiesta se completa con música tradicional, procesiones, hogueras y una intensa vida social que transforma el pueblo durante varios días.
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Piornal, el pueblo más alto de Extremadura
Situado a más de 1.100 metros de altitud, Piornal es el municipio más alto de Extremadura. Sus calles empinadas, casas de piedra y balcones de madera conservan la arquitectura tradicional serrana. En invierno, el paisaje se vuelve especialmente evocador, con nieblas, heladas y una atmósfera que realza el carácter montañoso del lugar.
Más allá de Jarramplas, Piornal ofrece rutas de senderismo, miradores naturales y una gastronomía contundente basada en productos de la tierra: migas extremeñas, caldereta, embutidos, sopas de ajo y platos elaborados con cerezas en temporada. Es un destino ideal para quienes buscan turismo rural con personalidad.
El Valle del Jerte: naturaleza en estado puro
El Valle del Jerte es uno de los enclaves naturales más espectaculares de la península ibérica. Encajado entre la Sierra de Gredos y la Sierra de Béjar, este valle se extiende a lo largo del río Jerte y agrupa varios pueblos con encanto, como Cabezuela del Valle, Navaconcejo o Tornavacas.

Su gran atractivo es la floración de los cerezos en primavera, pero ofrece buenos planes durante todo el año. Por ejemplo, la Reserva Natural Garganta de los Infiernos es uno de sus espacios más emblemáticos, con rutas senderistas que atraviesan puentes de piedra y pozas cristalinas. En invierno, el silencio y la niebla que pueblan el valle lo transforman en un lugar casi mágico. En general, toda la zona es ideal para caminar, el ciclismo o los paseos a caballo. Se le considera uno de los mejores espacios para el turismo activo en Extremadura.
Además, poblaciones como Cabezuela del Valle, declarado Conjunto Histórico-Artístico, valen la pena en sí mismas. Sus calles estrechas y sus iglesias centenarias son un verdadero estímulo para el visitante más cultural.
La cocina del Jerte combina tradición serrana y productos de temporada. Las cerezas y picotas son el símbolo gastronómico de la comarca, pero también destacan el cabrito, los quesos, la miel, los embutidos y los vinos de la zona. Muchos restaurantes apuestan por una reinterpretación moderna de la cocina extremeña, lo que convierte al valle en un destino atractivo también para los amantes de la gastronomía.







