São Miguel: naturaleza, tradición y saudade en las Azores

Las Azores, una de las dos regiones autónomas de Portugal en el Atlántico, son una paradoja geográfica. Por un lado, el archipiélago se presenta como un mundo aparte: un territorio ubicado a más de 1,400 kilómetros de la costa continental europea, que no conoce estaciones marcadas y derrocha verdor todo el año. Por otro, un lugar descaradamente portugués: un conjunto de ciudades y aldeas donde no faltan azulejos, empedrados ni saudade.

El archipiélago lo componen nueve islas, todas habitadas. São Miguel, sede de la capital regional, concentra tanto la mayor población como el principal punto de acceso a las Azores. Gracias a su conectividad aérea, esta isla acapara buena parte del turismo insular. Afortunadamente, la fama trasciende al aeropuerto: este rincón atlántico presume tanto festines locales y lagunas volcánicas como aguas termales y mares custodiados por ballenas.

pardela-atlantica-Calonectris-borealis-Azores-1000x665 - São Miguel: naturaleza, tradición y saudade en las Azores
LA PARDELA ATLÁNTICA (CALONECTRIS BOREALIS) CRÍA EN LAS ISLAS DEL NORTE DE LA MACARONESIA, INCLUIDAS LAS AZORES. CRÉDITO: MARCK GUTT

Durante años, las Azores fueron más difíciles de alcanzar que de soñar. El cielo insular estaba restringido y, salvadas excepciones, solo las aerolíneas portuguesas conectaban al destino. No fue hasta la liberalización del espacio aéreo, ya entrada la década de 2010, que el archipiélago se abrió al mundo. La llegada de nuevos vuelos transformó el panorama y colocó a las Azores, casi de golpe, en el radar del turismo internacional.

Hoy, São Miguel está en boca de todos. Por sus quesos y sus piñas, pero también por su oferta diversificada. Un vuelo relativamente corto desde Europa continental basta para visitar plantaciones de té, adentrarse en la laurisilva o salir en busca de aves endémicas. Eso sí: con tiempo y conciencia. En esta isla de distancias largas y vivienda encarecida son bienvenidas las visitas, pero no así la prisa ni la falta de consideración.

Sete Cidades: lagunas de colores y derroches de verdor

Sete Cidades es uno de esos lugares que resultan extrañamente familiares. Buscar São Miguel en Google o revisar cualquier folleto turístico de la región basta para entender por qué. Sete Cidades es el paisaje estrella de las Azores: una caldera volcánica que resguarda una laguna verde y otra turquesa. Ubicado en el concejo de Ponta Delgada, a 20 kilómetros de la ciudad homónima, este sitio se ha consolidado como uno de los estandartes de las islas.

Reproducida hasta el cansancio, la postal icónica de las Azores es accesible desde la carretera. Un hotel abandonado, construido en la década de 1980 y adelantado a su época, anuncia una de las vistas más famosas de São Miguel. Especialmente en un día despejado, el mirador Vista do Rei ofrece estampas emblemáticas de la isla. Eso sí, entre hordas de visitantes y autobuses apilados uno tras otro.

Por suerte, la experiencia cambia al descender. Tierra abajo, la caldera resguarda una zona protegida que va más allá de vanidad y fotogenia. Puentes de piedra, parques lacustres y vivienda social con el sello de Souto de Moura, arquitecto ganador del Pritzker, son algunos de los atractivos. Una vuelta en bici vale para ver y disfrutar Sete Cidades con calma. Varias compañías ofrecen recorridos guiados y renta de equipo, incluidas bicicletas eléctricas.

Safari insular: ballenas y aves endémicas de Azores

Uno de los principales atractivos de las Azores son sus ballenas. Pocos lugares en el mundo presumen una lista tan extensa de cetáceos como este archipiélago. Gracias a su ubicación, tan lejos de tierra continental, estas islas son ideales para observar fauna marina. Aquí hay cetáceos siempre: mientras que algunas especies, como la ballena azul, se dejan ver en primavera, otras, como los delfines comunes y los cachalotes, están presentes todo el año.

Buscar ballenas en las Azores no es la experiencia más cómoda del mundo. Hay que salir a mar abierto y aceptar que no hay un punto caliente. Aun así, los encuentros valen la pena. Durante siglos, estas aguas fueron escenario de caza de ballenas. Desde tierra firme, los vigías localizaban a los animales. Hoy, sus ojos adiestrados son los que permiten a las embarcaciones dar con ellas. La práctica, siendo la misma, no podría ser más distinta.

Cuando se trata de vida silvestre, delfines y rorcuales acaparan la atención. En tierra firme, sin embargo, las Azores tienen lo suyo. Aunque muchas de las especies que definen el paisaje, como las hortensias y los cedros japoneses, son introducidas, también se conservan parches de laurisilva. En estos ecosistemas nativos, el oriente de São Miguel cobija al camachuelo de las Azores, una de las aves endémicas del archipiélago.

Ruta culinaria: degustación de piña, queijada y cocido

En términos turísticos, el fuerte de las Azores hoy tiene que ver con actividades al aire libre. La mayoría de los viajeros que llega al archipiélago busca encuentros con fauna, senderos tapizados de verdor y contacto con la naturaleza. Dicho esto, en las Azores se come bien y bonito. Gracias al auge de los lácteos, a la actividad volcánica y al devenir de una plaga que arrasó con los cítricos, estas islas tienen una oferta culinaria muy particular.

La gastronomía local está marcada por productos del mar como el atún. Menos obvios, pero fundamentales en la dieta local, son los lácteos. En este archipiélago, donde las vacas duplican a los habitantes, se produce la mayoría de la leche y de los quesos de Portugal. A la lista de productos azorianos se suman miel y vinos de otras islas, pero es justo centrarse en São Miguel. Recorrer la costa sur en busca de sabores típicos es una ruta en sí misma.

Cultivada en invernaderos desde el siglo XIX, cuando una plaga acabó con los naranjos, la piña es un ícono insular. Fincas como Augusto Arruda ofrecen visitas guiadas y degustación de jugos. A la fruta se suman las queijadas do Morgado, pasteles de queso convertidos en clásicos de São Miguel. Por último, hace falta mencionar el cocido de Furnas. Cocinado bajo tierra con calor volcánico, este estofado de carnes resume la relación entre cocina y paisaje.

Guía práctica para viajar a São Miguel y las Azores

¿Cómo llegar a la isla de São Miguel?

São Miguel es la principal puerta de acceso a las Azores. El aeropuerto de Ponta Delgada recibe vuelos directos de ciudades europeas como Lisboa y París. Durante la temporada de verano, distintas aerolíneas operan rutas directas desde Barcelona, Bilbao, Gran Canaria, Madrid y Tenerife. Conocida en castellano como San Miguel, la isla también cuenta con vuelos directos desde ciudades americanas como Boston, Montreal, Nueva York y Toronto.

El archipiélago de las Azores es territorio portugués y forma parte tanto del espacio Schengen como de la Unión Europea. Las personas que viajan con pasaporte español pueden transitar libremente por las islas y hacer uso de sus teléfonos móviles sin cargos de roaming. Las visitas que viajan con pasaportes de países que no forman parte de la Unión Europea están sujetas a las mismas condiciones a las que están sujetas si viajan a Portugal continental.

¿Cuándo visitar las Azores?

Las Azores tienen un clima subtropical con estaciones poco marcadas y verdor perenne. Otoño e invierno son más lluviosos, pero en el archipiélago nunca abunda ni extraña la lluvia. El verano es ideal si el objetivo es ver calderones y tener más opciones de vuelos directos; la primavera es la mejor apuesta para ver ballenas azules y rorcuales; y el invierno es perfecto para disfrutar senderos apenas transitados y aguas termales en el jardín botánico Terra Nostra.

¿Dónde dormir en Ponta Delgada?

Inaugurado en 2025, Hotel Mercure Ponta Delgada presume una ubicación privilegiada en el corazón de la ciudad, un diseño que combina referencias a la cultura del viaje con guiños a la geografía de las Azores y una propuesta culinaria que honra tanto ingredientes como recetas del archipiélago. Albergado en un edificio histórico restaurado, el hotel cuenta con 75 habitaciones, spa con circuito de hidroterapia y dos piscinas.

Esta apertura marca la llegada del grupo Accor a las Azores y da cuenta de la creciente visibilidad del archipiélago en el mapa turístico. En un destino históricamente ajeno a las grandes cadenas, el hotel se integra gracias a su filosofía de hospitalidad inspirada en la cultura local. Más allá de la restauración arquitectónica, Mercure Ponta Delgada consiente a los huéspedes con sabores locales y una guía con recomendaciones del equipo.

Marck Gutt es escritor, fotógrafo profesional y partidario devoto del turismo sostenible. Dirige el blog Don Viajes, colabora en programas de radio y publica en medios como El Financiero y Esquire. Las montañas son su lugar feliz y el pan dulce es su primer amor. Encuéntralo en Instagram como don.viajes