Existen tantas formas de dividir Australia que la lista es prácticamente interminable: por pueblos indígenas, por estados, por husos horarios, por clima, por densidad poblacional. A nivel cultural, especialmente fuera del propio país, ninguna de estas divisiones es tan conocida como la que da lugar al Outback. El término, acuñado en el siglo XIX, hace referencia al interior de la isla: una región intimidantemente grande de tierras áridas y población escasa.
Gracias a la cultura popular, esta región a la que Bernardo y Bianca llamaron Cangurolandia está muy presente en el imaginario colectivo. Si no es por las aventuras de Steve Irwin, el cazador de cocodrilos, es por las aventuras de Priscila, la reina del desierto. Una combinación ecléctica de dragas aguerridas, conservacionistas de campo y ratones de caricatura pone al Outback en el mapa una y otra vez.
No hace falta desempolvar VHS para ver el Outback en la pantalla. Kangaroo, la película australiana más taquillera de 2025, se encarga de ello. Ambientada en el Red Centre, como se denomina al centro de Australia, la cinta está inspirada en la historia de Chris Barns. Mejor conocido como Brolga, este hombre fundó un santuario que acoge a algunos de los miles de canguros que son atropellados en las carreteras del Outback cada año.

Los límites del Outback son difusos. Dónde empieza y dónde termina varía según a quién y cuándo se pregunte. Eso sí, el ombligo de Australia forma parte indiscutible de la región y la región abarca mucho más que el gran monolito de Uluru. Atravesada por la carretera que une a los puertos de Adelaide, en la costa sur, con Darwin, en la costa norte, Alice Springs se presenta como la capital extraoficial del Outback.
La ciudad, llamada Mparntwe en lengua arrernte, sirve como base para explorar el Red Centre. A cambio de sacrificar itinerarios trillados, este rincón fuera de los circuitos habituales ofrece cultura indígena y naturaleza remota. Esta no es la Australia de las casas de ópera ni de los arrecifes de coral, pero presume cielos libres de contaminación lumínica y saberes ancestrales tan antiguos como la historia misma.
La tierra tradicional del pueblo arrernte resguarda árboles centenarios, montañas que prueban que el Outback no tiene nada de plano y centros de arte en los que se encuentran diferentes cosmovisiones indígenas. Ya sea para aprender sobre algunas de las culturas vivas más antiguas del mundo o para salir en busca de especies endémicas, el Red Centre no tiene desperdicio.


Turismo indígena: el arte como pilar en el Red Centre
Una de las actividades que sirve como lazo cultural y que se ha convertido en motor económico de distintos pueblos indígenas en el Outback es el arte plástico, sobre todo la pintura, aunque también la escultura y el dibujo. Mparntwe, bautizada Alice Springs en la década de 1930, alberga centros de arte de varios pueblos. Después de todo, gracias a su aeropuerto y a su posición en un cruce carretero, la ciudad es un crisol de culturas.
El punto de partida obvio es Araluen Arts Centre. Ubicado a pocos minutos del centro, este recinto alberga exposiciones temporales y una colección permanente dedicada al centro de Australia. Con aires de museo, el lugar es ideal para ver acuarelas de Albert Namatjira y pintura de puntos de la cooperativa Papunya Tula. Talleres y escuelas como Iltja Ntjarra, Tjanpi y Tangentyere Artists funcionan también como galería para artistas emergentes.
La oferta de experiencias con vinculación indígena incluye también actividades que requieren una participación más activa. Ayeye Atyenhe Art organiza talleres liderados por artistas como Marie Ryder. La sesión es ideal para aprender sobre la pintura de puntos y conocer las historias de quienes imparten los talleres. Arte aparte, el centro de sanación Akeyulerre ofrece muestras culturales, charlas sobre plantas medicinales y ceremonias de ahumado.
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Outback animal: lugares para ver fauna en Alice Springs
Gracias a varios temerarios de la farándula con apellidos como Dundee, el Outback australiano tiene fama de ser una vorágine animal en la que hay que abrirse paso entre hordas de canguros, cocodrilos y dingos. El Red Centre, cuando menos, dista mucho de eso. El centro de Australia es un desierto con temperaturas extremas y agua contada. Hay animales, muchos y muy interesantes, pero para verlos hace falta saber dónde buscarlos.
La mejor apuesta para ver vida silvestre en la ciudad es Olive Pink Botanic Garden. Aunque el nombre sugiere otra cosa, no se trata de un parque temático con orquídeas importadas, sino de un área natural protegida. Olive Pink alberga más de 80 especies de aves, incluido el pergolero occidental, un ave endémica conocida por decorar sus nidos con objetos brillantes. Además, el sitio cobija al walabí de las rocas de flancos negros, especie amenazada.
No es raro ver cacatúas rosas ni loros australianos en la ciudad. Otras especies, como los mólocs, se dejan ver en los meses veraniegos. Fuera de la ciudad se encuentran Alice Springs Desert Park y The Kangaroo Sanctuary. Ambos proyectos realizan labores importantes de conservación, pero no ofrecen observación de fauna propiamente silvestre, ya que los animales están en espacios confinados.


Tjoritja: tesoros naturales en la cordillera MacDonnell
Cuando se trata de turismo en el Red Centre, la atención la acapara el parque nacional Uluṟu-Kata Tjuṯa. Si bien no hay nada parecido al monolito de Uluru en la capital del Outback, los alrededores inmediatos tienen mucho que ofrecer en términos de paisajes impresionantes y formaciones caprichosas. Tjoritja, como llama el pueblo arrernte a la cordillera MacDonnell, parece inagotable cuando se trata de actividades al aire libre.
La cordillera está dividida en sector oriental y sector occidental, este último con título de parque nacional. Gracias a una colección de sitios emblemáticos que cuentan con acceso pavimentado, la cara oeste es tanto más visitada. El parque cuenta con pozas naturales y senderos de cientos de kilómetros. Entre los atractivos más populares se encuentra Angkerle Atwatye o Standley Chasm, un cañón naranja con relevancia cultural para el pueblo arrernte.
El sector oriental de la cordillera es menos popular, pero tiene lo suyo. A cambio de recorrer caminos de tierra, la cara este revela parques naturales más pequeños, pero igualmente impresionantes. En Trephina Gorge, un gomero fantasma con más de 300 años de vida presume el título del árbol conocido más longevo de su especie. Cerca, en compañía de varias aves, el cañón Anthwerrke resguarda pictografías e historias fundacionales del pueblo arrernte.
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Guía práctica para viajar al Red Centre de Australia
¿Cómo llegar a Alice Springs?
Mparntwe o Alice Springs cuenta con uno de los aeropuertos mejor conectados del Red Centre y del Northern Territory. Varias compañías ofrecen vuelos nacionales a destinos como Adelaide, Brisbane, Darwin, Melbourne y Sídney. El aeropuerto Ayers Rock, principal puerta al parque nacional Uluṟu-Kata Tjuṯa, se encuentra a 450 kilómetros. Dada la ubicación, vale la pena considerar una extensión de viaje para visitar la tierra del pueblo anangu.
Todas las personas que viajan con pasaportes de países latinoamericanos necesitan visa para ingresar a Australia. Quienes cuentan con pasaportes de países miembros de la Unión Europea no requieren visa, pero deben solicitar una autorización de viaje en línea y contar con su aprobación para poder abordar el vuelo. La información oficial actualizada está disponible en la página oficial del gobierno australiano.
Traslados, guías y logística
Moverse en la ciudad es sencillo, pero para explorar la región se necesita vehículo. Si bien rentar un todoterreno es viable, manejar terracería con el volante del otro lado no es para cualquiera. Compañías como Alice Springs Expeditions y Sandrifter Safaris ofrecen recorridos en la cordillera. En términos de arte, Art Tours of Australia brinda recorridos especializados. La página oficial Tourism Northern Territory cuenta con información al día y sugerencias.
Cuando se trata de actividades relacionadas con cultura indígena, es recomendable contratar compañías operadas y fundadas por integrantes de la cultura en cuestión. Esto con base en «nada sobre nosotros sin nosotros», una máxima que subraya que ninguna decisión, relato o experiencia sobre una persona o comunidad debe construirse sin su participación activa. En esa línea, los recorridos que ofrece Will Palmer con Tjarnintja son una gran opción.
Turismo responsable y código ético
El territorio que hoy conocemos como Australia alberga más de 500 grupos indígenas. Uno de ellos, custodio tradicional de buena parte del Red Centre, es el pueblo arrernte. A diferencia de las grandes ciudades, donde el legado colonial y sus efectos parecen diluirse entre estímulos constantes y ruido urbano, en el Outback la tensión se manifiesta con claridad.
Situar el atractivo del centro de Australia en una vastedad desprovista de presencia humana es reforzar narrativas que invisibilizan a algunos de los pueblos más antiguos del planeta. Si bien es cierto que la densidad poblacional del Outback es limitada y que muchos escenarios son dignos de admiración, esta tierra no se entiende sin sus pobladores y su historia.
Las comunidades indígenas no son museos de sitio ni sus habitantes están obligados a compartir sus historias. La participación en intercambios culturales depende de voluntades individuales y decisiones que pueden ser complejas. Antes de fotografiar personas o visitar lugares fuera de circuitos marcados, es necesario pedir permiso. La curiosidad genuina y las preguntas respetuosas son bienvenidas, pero no garantizan respuestas.


Columnista
Marck Gutt es escritor, fotógrafo profesional y partidario devoto del turismo sostenible. Dirige el blog Don Viajes, colabora en programas de radio y publica en medios como El Financiero y Esquire. Las montañas son su lugar feliz y el pan dulce es su primer amor. Encuéntralo en Instagram como don.viajes








