
Cuando pensamos en viajar durante Día de Muertos, algunos lugares aparecen casi inmediatamente: Oaxaca, Pátzcuaro y Janitzio se han convertido en referentes de esta celebración.
Pero el Día de Muertos en México cambia muchísimo dependiendo de la comunidad. Hay lugares donde se limpian cuidadosamente los restos de los familiares, otros donde las ofrendas cuelgan del techo y regiones enteras donde la llegada de las ánimas se acompaña con música y danzas.
Si este año quieres mirar más allá de los destinos habituales, estos cinco lugares conservan formas muy particulares de recordar a quienes ya no están.
Datos curiosos sobre el festejo de Día de Muertos
Pomuch, Campeche
En esta comunidad maya de Campeche se conserva el Choo Ba’ak o Limpieza de los Santos Restos, un ritual funerario que forma parte de la identidad de Pomuch y que fue declarado Patrimonio Cultural del Estado de Campeche en 2017.
En el marco de Día de Muertos, las familias acuden al cementerio para realizar la limpieza de los restos de sus seres queridos, una práctica que entiende el cuidado de los difuntos como una continuación del vínculo familiar.
El ritual ha atraído cada vez más visitantes, por lo que es especialmente importante acercarse como observador y respetar las indicaciones de la comunidad.
Naolinco, Veracruz
En las montañas de Veracruz, la noche del 1 de noviembre tiene su propia banda sonora. Naolinco conserva La Cantada, una tradición en la que habitantes y visitantes recorren las casas y entonan cantos frente a los altares dedicados a quienes han muerto. La celebración forma parte de las expresiones más representativas de Día de Muertos en esta región veracruzana.
El viaje también permite conocer otra faceta de Naolinco, un pueblo de calles empedradas, paisajes montañosos y una larga tradición artesanal ligada al trabajo en piel.
Ocotepec, Morelos
A pocos kilómetros del centro de Cuernavaca, Ocotepec conserva la tradición de las llamadas ofrendas nuevas, dedicadas a integrantes de la comunidad que fallecieron durante el último año. Las familias preparan las ofrendas y reciben a quienes llegan a presentar sus respetos con alimentos como café, pan y tamales.
Más que una atracción turística, se trata de una celebración profundamente familiar. Si visitas Ocotepec durante estas fechas, conviene recordar que estás entrando en espacios dedicados a personas que murieron recientemente.
Coatetelco, Morelos
También en Morelos, la comunidad indígena de Coatetelco mantiene una manera muy diferente de preparar sus ofrendas.
Aquí destacan las ofrendas colgantes, montadas tradicionalmente sobre una estructura suspendida conocida como huentlepextle o hutlapextle. Sobre ella se colocan alimentos y otros elementos destinados a recibir a los difuntos. El Gobierno de Morelos las reconoce como una de las expresiones particulares de Día de Muertos en el estado.
La visita puede complementarse con la laguna y la zona arqueológica de Coatetelco, dos lugares que permiten conocer mejor la historia de esta comunidad.
La Huasteca: Xantolo
En la Huasteca, la celebración adquiere otro nombre: Xantolo. Esta tradición se extiende por comunidades de San Luis Potosí, Hidalgo y Veracruz y reúne altares, música, comparsas, danzas y personajes enmascarados. En lugares como Tempoal, Veracruz, se realiza la Viejada, un baile que representa el regreso de los muertos para visitar a sus familiares.
Además, Xantolo no se limita únicamente al 1 y 2 de noviembre. En distintas comunidades, la preparación y relación simbólica con las ánimas comienza mucho antes, haciendo de la temporada un ciclo de celebraciones y rituales.
Viajar con respeto también es una forma de honrar
Buscar otros lugares para vivir el Día de Muertos en México permite descubrir hasta qué punto una misma celebración puede transformarse de una región a otra. Pero hay algo que no cambia: detrás de las flores, velas y altares hay familias recordando a personas concretas.
Por eso, antes de tomar una fotografía, entrar a una casa o acercarse a una ceremonia, lo mejor siempre será preguntar y seguir las indicaciones de cada comunidad. Al final, conocer una tradición también implica saber cuándo simplemente observar.







