
Cada febrero, Las Estacas, en Morelos, se transforma. El parque natural —con su río de corriente constante, vegetación cerrada y espacios pensados para la contemplación— se convierte también en sede de Bahidorá, un festival que desde su origen ha entendido que la música no ocurre en el vacío, sino en diálogo con el lugar que la contiene.
La edición 2026, que se llevará a cabo del 13 al 15 de febrero, continúa esa idea. Más que un evento masivo, Bahidorá funciona como un encuentro donde la curaduría musical, el entorno natural y la experiencia colectiva conviven sin imponerse unas a otras. El cartel de este año refleja esa lógica: diversidad de géneros, ritmos y formatos pensados para distintos momentos del día y del espacio.
Bahidorá: un paraíso musical en las Estacas de Morelos
Bahidorá 2026: Tres días de música en diálogo con el entorno
El escenario Sonorama, el principal, reúne proyectos que se mueven entre la electrónica, el pop y propuestas más experimentales. Four Tet, Daphni (Dan Snaith / Caribou), VTSS y HVOB encabezan la programación nocturna, mientras que durante el día el escenario se abre a sonidos más melódicos y contenidos con Kings of Convenience, BB Trickz, Kid Francescoli —en su primera visita a la Ciudad de México— y Paloma Morphy.
En El Cubo, el enfoque está puesto en la música club y la experiencia de la pista de baile. Destaca la primera presentación en México de Ricardo Villalobos, junto con sets de The Blessed Madonna, Helena Hauff, Roza Terenzi, DJ Seinfeld y Cinthie. La apertura corre a cargo de la productora mexicana Bluecommand, reforzando el vínculo con la escena local.
La Estación mantiene su carácter como espacio para la música latinoamericana contemporánea, sin una lectura rígida de géneros. Aquí se presentan Crudo Means Raw, en su primera vez en México, además de Ela Minus, Ruzzi, PabloPablo, Macario Martínez y Rosas. El trópico aparece con Los Pirañas y Los Thuthanaka, y el cierre queda a cargo de Chico Sonido.
El viernes se suman colaboraciones internacionales con Rainbow Disco Club (Japón) y Giegling (Alemania), así como intervenciones de colectivas locales como Diáspora, Noche Negra, Boyanza y Fünk Club, que activan distintos espacios del festival y refuerzan su dimensión comunitaria.

Asistí a un festival de música en medio de la naturaleza y esta fue mi experiencia
Más allá de la música: Bahidorá como punto de encuentro
Desde su nacimiento en 2013, Bahidorá se ha consolidado como un proyecto que va más allá del formato tradicional de festival. Concebido como un espacio comunitario, ha articulado durante más de una década una propuesta que integra música, naturaleza, gastronomía y arte. Su nombre —una combinación entre la idea de bahía como refugio y la imagen de la ardora, ese fenómeno marino que emite luz al contacto— funciona como una metáfora del encuentro colectivo que ocurre cada año.
A lo largo de su historia, el festival ha recibido a artistas como Erykah Badu, James Blake, Flying Lotus, Kaytranada, Kamasi Washington, Nathy Peluso, entre muchos otros, sin que el énfasis esté puesto únicamente en los nombres, sino en una curaduría que privilegia el descubrimiento y la coherencia.
La relación entre Bahidorá y Las Estacas es parte inseparable del proyecto. Para la edición 2026, el festival contempla ajustes en la distribución de escenarios, el manejo sonoro y las zonas de convivencia, además de acciones enfocadas en la preservación del entorno natural. El objetivo es reducir el impacto ambiental y permitir que el evento exista sin alterar el equilibrio del parque.
La experiencia del festival ocurre en movimiento: caminar entre escenarios, entrar al río, escuchar un concierto a plena luz del día o bailar de noche forman parte de una misma secuencia. En Bahidorá, el paisaje no funciona como fondo ni adorno, sino como un elemento activo que define la manera en que se vive la música y el tiempo.











