En nuestro planeta hay varias zonas en las que, a las doce de la noche, el Sol sigue brillando en el horizonte. Cada verano se da este fenómeno, que parece propio de películas de ciencia ficción, en las regiones más septentrionales y australes del globo. Se llama sol de medianoche y atrae a miles de viajeros hasta el Ártico para vivirlo en primera persona.
Un eclipse solar, una lluvia de meteoritos y más: qué ver en el cielo nocturno de octubre
No se trata de una ilusión óptica, sino de un fenómeno astronómico. Su extrañeza y espectacularidad son un fuerte reclamo turísico en los países escandinavos del norte de Europa. No todos los días pueden realizarse excursiones, navegar o practicar senderismo bajo la luz dorada del astro rey durante la «noche».
¿Qué es el sol de medianoche?
El sol de medianoche es un fenómeno astronómico que se produce cuando el Sol permanece visible durante las 24 horas del día y no llega a ocultarse bajo el horizonte, ni siquiera cuando el resto del mundo está sumido en la oscuridad nocturna.
La causa está en la inclinación del eje de la Tierra, de unos 23,5 grados respecto al plano de su órbita alrededor del Sol. Durante el verano del hemisferio norte, el Polo queda inclinado hacia nuestra estrella, lo que provoca que todas las regiones situadas al norte del Círculo Polar Ártico reciban luz solar continua durante un periodo que puede ir desde una sola jornada hasta varios meses, dependiendo de la latitud. Lo mismo ocurre en el hemisferio sur durante su verano, aunque allí el fenómeno apenas puede contemplarse porque la mayor parte del territorio situado dentro del Círculo Polar Antártico carece de población permanente.

Aunque solemos hablar de un «sol que nunca se pone», la realidad es algo más sutil: durante la medianoche el astro desciende hasta rozar el horizonte, bañando el paisaje con una luz cálida y anaranjada que recuerda a un atardecer eterno antes de comenzar de nuevo su ascenso.
¿Cuál es la mejor época para verlo?
La mejor época depende del destino elegido, aunque el periodo más favorable suele concentrarse entre finales de mayo y finales de julio. En torno al solsticio de verano, que tiene lugar alrededor del 21 de junio, el fenómeno alcanza su máxima intensidad. Cuanto más al norte se encuentre el viajero, más largo será el periodo durante el que el Sol permanecerá visible durante toda la noche.
En el archipiélago noruego de Svalbard, por ejemplo, el sol de medianoche puede disfrutarse aproximadamente desde el 20 de abril hasta finales de agosto. En ciudades como Tromsø o Cabo Norte, la temporada suele extenderse desde mediados de mayo hasta finales de julio. Eso sí, conviene recordar que el fenómeno depende de la posición del Sol, no del estado del cielo. Un día nublado puede impedir contemplarlo pese a encontrarse en plena temporada.
¿Dónde puede verse?
El sol de medianoche solo puede observarse en regiones situadas dentro de los círculos polares. Claramente, destino más popular es Noruega, conocida como «la tierra del sol de medianoche». Su extensa costa ártica y la facilidad de acceso hacen que sea uno de los lugares más demandados para vivir esta experiencia. Las islas Lofoten, Tromsø, Senja, Cabo Norte y el archipiélago de Svalbard figuran entre los mejores escenarios del mundo.

También es posible contemplarlo en el norte de Suecia, especialmente en la región de Laponia; en Finlandia, donde la luz continua alcanza incluso los dos meses en sus zonas más septentrionales; y en algunas áreas de Islandia, que, aunque se sitúa ligeramente por debajo del Círculo Polar Ártico en su mayor parte, disfruta de noches extraordinariamente luminosas durante el verano.
Fuera de Europa, el fenómeno también puede observarse en el norte de Canadá, Alaska y Groenlandia.
Un fenómeno opuesto a las noches polares
El sol de medianoche tiene su contrapunto durante el invierno. En esas mismas regiones llega la llamada noche polar, un periodo en el que el Sol no llega a salir por encima del horizonte durante días o incluso semanas. Precisamente esa alternancia entre luz permanente en verano y oscuridad prolongada en invierno convierte al Ártico en uno de los lugares más fascinantes del planeta desde el punto de vista astronómico y paisajístico.








