
En pleno invierno, cuando muchos pueblos de la España rural parecen detenidos en el tiempo, uno de ellos se transforma por completo. Se trata de Almonacid del Marquesado, en la provincia de Cuenca, escenario de una de las celebraciones más singulares y ancestrales del calendario festivo español: la Endiablada. Declarada Fiesta de Interés Turístico Regional, esta tradición combina ritual, música, indumentaria y una fuerte identidad colectiva que la convierten en una experiencia única para el viajero curioso.
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¿Qué es la Endiablada?
La Endiablada se celebra cada año entre el 1 y el 3 de febrero, coincidiendo con las festividades de la Virgen de la Candelaria y San Blas. Durante estos días, los protagonistas son los llamados endiablados: vecinos del pueblo que recorren las calles vestidos con un llamativo atuendo rojo y amarillo, adornado con cascabeles, máscaras y grandes cencerros atados a la cintura.
El sonido constante de estos cencerros es uno de los elementos más impactantes de la fiesta. Los endiablados no dejan de moverse, saltar y danzar, creando un estruendo rítmico que envuelve todo el pueblo y marca el pulso de la celebración. No se trata de una representación teatral, sino de un ritual vivo que implica a toda la comunidad.
Origen y significado de la tradición
El origen exacto de la Endiablada no está del todo claro, lo que añade misterio a la fiesta. Algunos estudios apuntan a ritos paganos relacionados con el ciclo agrícola y la expulsión de los malos espíritus, posteriormente cristianizados. Otros vinculan la tradición a antiguas celebraciones en honor al sol o a la fertilidad.
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Hoy, la Endiablada se interpreta como una mezcla de lo pagano y lo religioso. Los endiablados acompañan las procesiones de la Virgen de la Candelaria y San Blas, escoltando las imágenes con su danza y su ruido, en una curiosa convivencia entre lo demoníaco y lo sagrado que sorprende a quien la presencia por primera vez.
Por qué merece la pena visitarla
Visitar la Endiablada es sumergirse en una de las tradiciones más auténticas del interior peninsular. A diferencia de otras fiestas más conocidas, aquí no hay grandes escenarios ni montajes turísticos: el pueblo entero es el escenario. Las calles se llenan de vecinos y visitantes, y el ambiente es cercano, intenso y profundamente arraigado.

La experiencia es especialmente recomendable para quienes buscan turismo cultural y etnográfico. La fuerza visual de los trajes, el sonido constante de los cencerros y la implicación de varias generaciones hacen de la Endiablada una celebración difícil de olvidar. Además, al celebrarse en invierno, ofrece una excusa perfecta para descubrir una zona poco frecuentada en esta época del año.
Almonacid del Marquesado y su entorno
Más allá de la fiesta, Almonacid del Marquesado es un pequeño pueblo castellano que conserva el carácter tranquilo de la Mancha conquense. Durante la visita, es fácil pasear por sus calles, conversar con los vecinos y descubrir una forma de vida ligada al campo y a las tradiciones.
El entorno de la comarca ofrece además otros atractivos turísticos. A poca distancia se encuentran lugares de interés como la ciudad de Cuenca y su casco histórico, declarado Patrimonio de la Humanidad, o los paisajes naturales de la Serranía de Cuenca. Combinar la Endiablada con una escapada por la provincia permite completar un viaje cultural y natural muy completo.
Cómo llegar a Almonacid del Marquesado
Almonacid del Marquesado se encuentra a unos 90 kilómetros de Madrid, lo que lo convierte en un destino accesible para una escapada de fin de semana. La forma más cómoda de llegar es en coche, tomando la A-3 hasta Tarancón y continuando por carreteras comarcales bien señalizadas.
También es posible llegar en tren hasta Tarancón o Cuenca capital y, desde allí, completar el trayecto en coche o taxi. Durante los días de la Endiablada, conviene planificar el viaje con antelación, ya que el pueblo recibe un mayor número de visitantes y el alojamiento en la zona es limitado.







