Melilla, la joya modernista que aún está por descubrir
La antigua fortaleza presidiendo la marina de Melilla. - MaestroBooks / iStock

Hablar de modernismo en España suele remitir de forma casi automática a Barcelona. Sin embargo, a más de mil kilómetros de la Ciudad Condal, a orillas del Mediterráneo africano, Melilla guarda uno de los conjuntos modernistas más sorprendentes —y menos conocidos— del país. La ciudad autónoma alberga el segundo mayor patrimonio modernista de España, solo por detrás de Barcelona, y recorrer sus calles es adentrarse en un capítulo fascinante de la arquitectura de comienzos del siglo XX.

El origen del modernismo en Melilla

El auge del modernismo en Melilla está ligado a su rápido crecimiento urbano a finales del siglo XIX y principios del XX. La expansión de la ciudad fuera de las murallas de Melilla la Vieja coincidió con una etapa de prosperidad económica y con la llegada de arquitectos formados en las corrientes más avanzadas de la época.

El nombre clave de este desarrollo es Enrique Nieto, arquitecto discípulo de Lluís Domènech i Montaner, una de las grandes figuras del modernismo catalán. Nieto llegó a Melilla en 1909 y dejó una huella profunda: se le atribuyen más de un centenar de edificios, muchos de ellos auténticas joyas arquitectónicas.

El Palacio de la Asamblea

Uno de los edificios más emblemáticos del modernismo melillense es el Palacio de la Asamblea, situado en la Plaza de España. Construido entre 1915 y 1947, este edificio combina elementos modernistas con influencias eclécticas y clasicistas.

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El Palacio de la Asamblea, edificio diseñado por Enrique Nieto y sede actual del Ayuntamiento de Melilla. – Miguel Perfectti / iStock

Su fachada monumental, las torres laterales y la riqueza decorativa interior lo convierten en una parada imprescindible. El edificio no solo es un icono arquitectónico, sino también un símbolo institucional de la ciudad.

Casa Tortosa y el modernismo residencial

La Casa Tortosa es el mayor ejemplo de modernismo residencial de la ciudad. También es diseño de Nieto y está datada en el 1914. Destaca por su elegante fachada, los balcones curvos y los detalles florales en hierro forjado y cerámica. Este tipo de edificios, concebidos para familias acomodadas de la época, muestran cómo el modernismo no se limitó a edificios públicos, sino que impregnó la vida cotidiana de la ciudad.

Casa Melul: fantasía y color

Otro de los grandes hitos del recorrido modernista es la Casa Melul, situada en la Avenida Juan Carlos I. Su fachada es una explosión de formas orgánicas, colores y elementos decorativos inspirados en la naturaleza. Representa el modernismo más libre y ornamental, donde la arquitectura se convierte casi en un ejercicio artístico. Es uno de los edificios más fotografiados de Melilla y una muestra clara del carácter singular de su patrimonio.

La avenida Juan Carlos I, un museo al aire libre

La actual Avenida Juan Carlos I concentra buena parte de los edificios modernistas de la ciudad. Pasear por esta arteria es hacerlo por un auténtico museo arquitectónico al aire libre, donde se suceden fachadas con miradores acristalados, balcones de hierro forjado y una rica simbología decorativa. Edificios como la Casa de los Cristales, el Edificio La Reconquista o antiguos comercios y viviendas reflejan la diversidad del modernismo melillense, que combina influencias catalanas, vienesas y art déco.

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La Casa de los Cristales de Melilla, otro ejemplo del modernismo situado en la avenida Juan Carlos I. – MaestroBooks / iStock

Más allá del modernismo: contexto y contraste

El atractivo de Melilla reside también en el contraste. A pocos minutos de los edificios modernistas se encuentra Melilla la Vieja, la ciudad fortificada de origen medieval que se asoma al mar. Este diálogo entre épocas convierte la visita en una experiencia cultural completa.