
El Halftime Show del Super Bowl LX 2026, celebrado ayer en el Levi’s Stadium de Santa Clara, fue mucho más que un espectáculo musical. La actuación de Bad Bunny se convirtió en una poderosa declaración cultural, cargada de símbolos, referencias identitarias y mensajes de unidad que conectaron con millones de espectadores en todo el mundo.
Cada elemento desde la música, hasta la escenografía y el vestuario, estuvo pensado para transmitir una narrativa clara: la cultura latina ocupa hoy un lugar central en el escenario global.
Una apertura marcada por la identidad
Desde el primer minuto, Bad Bunny dejó clara la intención del show. Con la frase “Qué rico es ser latino” y un repertorio interpretado mayoritariamente en español, el artista colocó la identidad latina en el centro de uno de los eventos televisivos más vistos del planeta.
Canciones como Tití Me Preguntó, Yo Perreo Sola, El Apagón o CAFé CON RON no solo funcionaron como éxitos musicales, sino como piezas de un relato que hablaba de barrio, raíces y orgullo cultural.
Su vestuario reforzó ese mensaje. Durante gran parte del show, Bad Bunny vistió un look minimalista en tonos crema diseñado por Zara, una elección significativa por tratarse de una marca accesible y no de alta costura.
El jersey con el apellido “Ocasio” y el número 64, añadió una capa personal y simbólica, vinculada a su historia familiar y a la memoria colectiva puertorriqueña, en especial tras el impacto del huracán María.
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Escenografía y símbolos de comunidad
El escenario se transformó en una representación de la vida cotidiana latinoamericana: casitas de colores, tienditas de barrio, carritos de comida y escenas que evocaban reuniones comunitarias. La conocida “casita” rosa funcionó como un espacio simbólico de encuentro, donde aparecieron invitados famosos y artistas colaboradores, reforzando la idea de hogar, diversidad y pertenencia.
Uno de los momentos más comentados fue cuando Bad Bunny entregó simbólicamente un Grammy a un niño sobre el escenario. Aunque no se trataba del menor con el que se le relacionó en un primer momento en redes sociales, el gesto fue interpretado como una metáfora de esperanza y proyección de futuro. Una forma de señalar que los sueños de las nuevas generaciones latinas también tienen cabida en los grandes escenarios.
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Un cierre con mensaje continental
El tramo final del espectáculo amplificó su dimensión simbólica. Al pronunciar “God Bless America” y mencionar países de todo el continente mientras se proyectaban sus banderas. Bad Bunny amplió el significado tradicional de “América”, reivindicándola como un espacio plural y compartido. Frases proyectadas como “Lo único más poderoso que el odio es el amor” reforzaron un mensaje de unidad y resistencia frente a la división.
Así, el Halftime Show de Bad Bunny trascendió el entretenimiento para convertirse en un manifiesto cultural. Música, moda, símbolos y escenografía se unieron en una actuación que celebró la diversidad latina, reafirmó la identidad y dejó claro que la cultura también es una forma de ocupar espacio y contar historias en el escenario más visible del mundo.







