Descubre qué es el Mar de Aral, el lago salado que se secó en los años ochenta
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Situado en el corazón de Asia Central, entre Kazajistán y Uzbekistán, hubo un tiempo en el que el Mar de Aral era el cuarto lago más grande del mundo. En aquel momento, este lago endorreico (que no tiene salida hacia ríos o mares) ocupaba una superficie comparable a la de países enteros e incluso sostenía una próspera industria pesquera regional. Sin embargo, en la actualidad, la inmensa mayoría de aquella masa de agua ha desaparecido y, en su lugar, está el árido desierto de Aralkum. Su desaparición está considerada uno de los mayores desastres medioambientales provocados por la intervención del ser humano.

Suele decirse que el Mar de Aral se secó en los años ochenta, pero su desaparición fue un proceso progresivo que comenzó mucho antes y cuyas consecuencia todavía se investigan. De hecho, el antiguo lago está de vuelta en los medios de comunicación por un trabajo reciente, elaborado por científicos españoles, en el que es el protagonista.

¿Dónde estaba el Mar de Aral?

Como hemos indicado más arriba, el Mar de Aral estaba situado entre los actuales territorios de Kazajistán y Uzbekistán. A pesar de su nombre, no era un mar como tal, sino un lago salado que se alimentaba con las aguas de los ríos Amu Daria y Sir Daria. En la década de los 60, se le consideraba el cuarto más grande del planeta, con ciudades portuarias como Moynaq, actualmente en territorio uzbeko.

El paisaje actual está lejos de aquella perspectiva pesquera y marina. Lo que era una gigantesca masa de agua salada, es un territorio árido y salino. Muchas de aquellas embarcaciones que salían a faenar pueden encontrarse varadas y oxidadas, convertidas en símbolos de la catástrofe ambiental.

¿Por qué se secó el Mar de Aral?

La causa principal de la desaparición del Mar de Aral fue la desviación de los ríos que lo alimentaban. A partir de los 60, las autoridades de la antigua Unión Soviética impulsaron potentes proyectos de regadío para transformar las tierras áridas de Asia Central en zonas agrícolas, especialmente destinadas al cultivo del algodón.

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Mediante canales e infraestructuras similares, desviaron enormes cantidades de agua del Amu Daria y el Sir Daria. El problema fue que el volumen de agua que llegaba al lado dejó de compensar la evaporación natural propia de la región, con un clima especialmente seco. Progresivamente, su volumen y superficie se fueron reduciendo. Cuando quedaron expuestas las sales y otros materiales depositados en el fondo del lago, comenzaron a ser arrastrados por el viento y a degradar los suelos. En definitiva, la desviación de los ríos que debía servir para convertir las tierras en terreno fértil, acabó contribuyendo a secarlas más.

Al final, el colapso también afectó a la actividad pesquera de la zona. El cambio alteró profundamente las condiciones ambientales de la región, empeorando la salud y la alimentación de su población. De hecho, la capacidad del enorme lago de moderar las temperaturas del entorno desapareció, quedando más árido aún.

Un desastre ambiental que sigue en marcha

La desaparición del Mar de Aral no fue únicamente una tragedia ecológica. También tuvo consecuencias económicas y sociales. Comunidades enteras que dependían de la pesca perdieron su principal fuente de ingresos, mientras que la exposición del antiguo fondo del lago generó problemas derivados de las tormentas de polvo y sal.

El proceso, además, no afectó por igual a todas las zonas. El antiguo lago terminó dividido en diferentes masas de agua. En el norte, Kazajistán ha logrado recuperar parcialmente el llamado Mar de Aral del Norte gracias a la construcción de la presa de Kok-Aral y a una gestión específica del agua del Sir Daria. El resto del antiguo lago, especialmente en territorio uzbeko, ha sufrido una transformación mucho más profunda.

La investigación española que vuelve al Mar de Aral

La historia del lago ha vuelto a ocupar titulares en julio de este año gracias a una investigación liderada por científicos del Centro de Estudios Avanzados de Blanes (CEAB-CSIC) y publicada en la revista Science. El estudio plantea una nueva perspectiva sobre las consecuencias de la desecación: el antiguo fondo del Mar de Aral no es solo el escenario de una catástrofe ecológica, sino también un elemento relevante en el balance de carbono de Asia Central.

Según los investigadores, los sedimentos que quedaron expuestos al desaparecer el agua han liberado desde 1960 alrededor de 748 millones de toneladas de CO₂. El estudio calcula además que todavía podrían liberarse otras 605 millones de toneladas si no se toman medidas. La propuesta pasa por recuperar parcialmente determinadas zonas del antiguo lago mediante la entrada de agua de los ríos Amu Daria y Sir Daria, con el objetivo de volver a cubrir los sedimentos expuestos y evitar nuevas emisiones.

El trabajo no plantea recuperar por completo el Mar de Aral tal y como era antes de los años sesenta, una tarea considerada inviable dadas las actuales condiciones hídricas y agrícolas de la región. Su propuesta apuesta por una restauración parcial que podría combinarse con mecanismos de financiación climática, como los créditos de carbono.