
La primavera en España no solo se mide en temperaturas suaves o paisajes en flor: también es una invitación a viajar a través del paladar. La última edición de los Soletes Repsol 2026, presentada en vísperas de Semana Santa, ha reconocido más de 300 nuevos bares, restaurantes y cafeterías con encanto repartidos por todo el país.
Lejos de la alta cocina más solemne, estos galardones ponen el foco en lugares más accesibles económicamente pero con un gran potencial gastronómico. Algunos de ellos están situados en lugares que merece la pena visitar más allá de la experiencia en el restaurante.
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Comer entre montañas en Broto y Benasque
La provincia de Huesca se ha convertido en uno de los territorios más atractivos de esta última edición. Locales como Balcón del Pirineo (Broto) o La Taberna de Casa Cornel (Benasque) han sido distinguidos por su capacidad de combinar cocina tradicional con el incomparable entorno del Pirineo aragonés en el que se encuentran.
Aquí, la experiencia va más allá del plato. Comer en estos restaurantes implica hacerlo a las puertas del Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido o en pleno valle de Benasque, rodeado de cumbres todavía nevadas. Es el tipo de destino donde una comida se convierte en excusa para una ruta de senderismo o una escapada de desconexión total.
Murcia, tapeo contemporáneo en una ciudad de moda

La Región de Murcia ha sumado varios nuevos Soletes, reflejo de su creciente dinamismo gastronómico. Entre ellos destacan Madre Tigre, Barrapomelo o La Lechera de Burdeos, todos en la ciudad de Murcia, junto a propuestas como Tío Andrés en Cartagena
Estos espacios representan una cocina desenfadada, con guiños contemporáneos y una clara vocación local. Visitar Murcia en primavera permite disfrutar de su clima amable, de sus plazas llenas de vida y de una escena gastronómica que mezcla tradición y modernidad sin complejos.
El Bierzo, parada imprescindible de Ponferrada
En Castilla y León, uno de los nombres propios de esta edición es The Kitchen Soul and Food, en Ponferrada. El restaurante se integra en un destino que a menudo pasa desapercibido, pero que ofrece una combinación muy atractiva: patrimonio histórico —con el castillo templario como icono—, paisajes de viñedo y una despensa rica en productos como la cecina o los pimientos del Bierzo. Una escapada perfecta para quienes buscan descubrir rincones menos transitados.
Navarra: gastronomía entre historia y naturaleza

Entre las incorporaciones más recientes figuran propuestas como Efímero, en Pamplona, dentro de una selección que apuesta por espacios urbanos con identidad propia. Navarra es un destino especialmente recomendable en primavera: los campos verdes, los bosques en pleno esplendor y una gastronomía basada en el producto de temporada —espárragos, alcachofas, cordero— convierten cualquier comida en una experiencia ligada al territorio.
El toque mediterráneo de la Comunitat Valenciana
La Guía Repsol también ha reconocido espacios como Mengem, Coquecle o Somos Raro, en Valencia, ejemplo de una nueva generación de locales que combinan cocina creativa con precios accesibles. Además, zonas como las Terres de l’Ebre o la costa mediterránea refuerzan la idea de viaje gastronómico ligado al paisaje: arrozales, huertas y mar se traducen en cartas frescas y estacionales. Es una escapada ideal para quienes buscan sabor, diseño y cercanía al mar.
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Castilla y León: tradición y paisaje en la España interior

En el interior peninsular, varios Soletes destacan por su ubicación en entornos rurales de gran valor. Es el caso de El Molino de Vidrieros (Palencia) o El Perro de San Roque (Aguilar de Campoo).
Estos restaurantes permiten descubrir una España menos conocida, donde la gastronomía se apoya en recetas tradicionales y productos locales. La Montaña Palentina o el entorno del Camino de Santiago ofrecen paisajes tranquilos, perfectos para una escapada primaveral con ritmo pausado.







