Los mallos de Riglos, un tesoro de la naturaleza en el Pirineo aragonés
Los mallos de Riglos, situados en el Pirineo aragonés, junto al río Gállego. - sanddebeautheil / iStock

En el corazón de la provincia de Huesca, a medio camino entre la llanura y las primeras estribaciones del Pirineo aragonés, se alza uno de los paisajes más sobrecogedores del norte de España: los mallos de Riglos. Estas gigantescas formaciones rocosas, verticales y rojizas, se elevan de forma abrupta sobre el pequeño pueblo de Riglos, creando una estampa que parece más propia de un escenario cinematográfico que de un entorno real.

Declarados Monumento Natural, los mallos de Riglos son hoy un destino imprescindible para amantes de la naturaleza, el senderismo, la escalada y la observación de aves. Pero también para cualquier viajero que busque paisajes singulares y poco comunes dentro de la geografía española.

¿Dónde están los mallos de Riglos?

Los mallos de Riglos se encuentran en el Prepirineo aragonés, dentro del término municipal de Las Peñas de Riglos, a unos 45 kilómetros al noroeste de la ciudad de Huesca. Forman parte del entorno del río Gállego y del Parque Natural de la Sierra y los Cañones de Guara, aunque con identidad geológica propia.

El pequeño núcleo de Riglos, con apenas unas decenas de habitantes, se sitúa literalmente a los pies de estas moles de roca, lo que permite una conexión directa y muy visual entre el pueblo y el paisaje natural. Desde casi cualquier punto del casco urbano se pueden contemplar los mallos, que alcanzan alturas de hasta 300 metros.

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Los mallos están realmente pegados al pueblo, imponentes. – Emysi / iStock

Por qué tienen esa forma tan peculiar

Uno de los grandes misterios —y atractivos— de los mallos de Riglos es su forma casi imposible: enormes paredes verticales, redondeadas, lisas y compactas, con un característico color rojizo. La explicación está en su origen geológico, que se remonta a hace más de 30 millones de años.

Los mallos están formados principalmente por conglomerados, es decir, rocas compuestas por cantos rodados, gravas y arenas cementadas por materiales calcáreos. Estos sedimentos se depositaron en antiguos abanicos aluviales procedentes de la erosión del naciente Pirineo.

Con el paso del tiempo, los movimientos tectónicos elevaron estos materiales y la erosión hizo el resto: el viento, el agua y los cambios de temperatura fueron desgastando las zonas más débiles, dejando en pie estas impresionantes agujas y paredes verticales. El resultado es un paisaje único en Europa, muy diferente al de otros entornos pirenaicos más alpinos.

Un paraíso para la escalada y la ornitología

Los mallos de Riglos son un referente internacional para la escalada en roca. Desde principios del siglo XX, escaladores de todo el mundo han afrontado sus desafiantes paredes, que requieren técnica, experiencia y respeto por el entorno. Pero no solo los escaladores encuentran aquí su paraíso. Los mallos albergan una de las colonias de buitre leonado más importantes del norte de España. También es posible avistar alimoches, halcones peregrinos o águilas reales, lo que convierte la zona en un lugar privilegiado para la observación de aves.

Ruta senderista imprescindible: la vuelta a los mallos

Para quienes prefieren descubrir este paisaje a pie y sin cuerdas, la ruta circular de los mallos de Riglos es la opción más recomendable. Se trata de un sendero bien señalizado, apto para senderistas con una condición física media.

  • Distancia: aproximadamente 5 kilómetros
  • Duración: entre 2 y 3 horas
  • Desnivel: moderado
  • Dificultad: media
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Vista aérea de las formaciones rocosas de los mallos de Riglos. – Iurii Buriak / iStock

La ruta parte del propio pueblo de Riglos y rodea las principales formaciones, como el Mallo Pisón, el Mallo Firé o el Mallo Visera. Durante el recorrido se obtienen perspectivas espectaculares, especialmente al amanecer o al atardecer, cuando la roca adquiere tonalidades aún más intensas.

Otro itinerario interesante es el sendero que conecta Riglos con el cercano castillo de Marcuello, una fortaleza en ruinas situada en lo alto de un cerro desde el que se domina todo el valle del Gállego.

Cómo llegar a los mallos de Riglos

Llegar a los mallos de Riglos es relativamente sencillo, especialmente en coche:

  • Desde Huesca: tomar la carretera A-132 en dirección a Ayerbe. Poco antes de llegar a esta localidad, un desvío señalizado conduce hasta Riglos en unos pocos kilómetros.
  • Desde Zaragoza: el trayecto dura aproximadamente 1 hora y 30 minutos, también por la A-132 tras pasar por Huesca o directamente desde la A-125 y A-132.

Existe estación de tren en Riglos, en la línea Zaragoza–Canfranc, lo que añade un atractivo especial al viaje. Desde la estación, un breve paseo conduce al pueblo y al inicio de las rutas.

Cuándo visitar los mallos de Riglos

La mejor época para visitar los mallos de Riglos es la primavera y el otoño, cuando las temperaturas son suaves y la luz realza los colores de la roca. El verano también es buena opción, aunque conviene evitar las horas centrales del día para caminar. En invierno, el paisaje adquiere un carácter más salvaje, aunque algunas rutas pueden resultar más exigentes.