El Grand Tour de Catalunya, la nueva iniciativa de la Agencia Catalana de Turismo, pertenece al segundo grupo. La idea recupera los antiguos viajes que los adinerados turistas americanos hacían por toda Europa visitando los lugares más emblemáticos para comprender con claridad todo aquello que les ofrecía aquel exótico destino. Así, la ruta enlaza ciudades, paisajes, patrimonio, gastronomía e identidad en un territorio enmarcado entre el Mediterráneo y los Pirineos.
En total, más de 2.000 kilómetros pensados para recorrerse a ritmo propio por carreteras paisajísticas en las que el coche (o la bici) es parte esencial de la experiencia. La propuesta puede vivirse de dos maneras. La primera es una ruta icónica de 13 días y 1.496 kilómetros que reúne los imprescindibles de Catalunya. La segunda divide el recorrido en cinco tramos independientes, de entre cinco y siete etapas. Esta fórmula permite viajar más pausadamente y detenerse en las múltiples experiencias que ofrece cada zona.

La ruta icónica: los que no pueden faltar
Todas las paradas de la ruta icónica son lugares esenciales de la cultura y la vida en Catalunya. Está diseñada para explorar y descubrir en tan solo 13 días lo más destacado de la historia, el patrimonio, la gastronomía y la cultura de la región. Comienza por la capital, Barcelona, que no necesita demasiada presentación. Sigue por Montserrat para luego detenerse en las fértiles tierras del Penedès, cuna del vino y la huerta catalanes.
Tarragona y el Delta del Ebro muestran la belleza natural y patrimonial de la zona sur del territorio. Después, el Priorat, el impresionante Monasterio de Quart de Poblet y Lleida. Hacia el norte muestra la hermosa naturaleza del Parque Nacional de Aigüestortes i Estany de Sant Maurici, la Vall de Boí y la Val d’Aran. De vuelta al Mediterráneo, para en el Parque Natural de Cadí-Moixeró, Figueres y el Cap de Creus para finalizar en Girona.

Tramo 1: de Barcelona a Tarragona, viñedos con sabor a mar
El primer tramo del Grand Tour combina algunos de los grandes iconos culturales de la región con sus paisajes y su tradición vinícola. La ruta comienza en Barcelona, icono urbano mundial que está de celebración por el Año Gaudí y la Capitalidad Mundial de la Arquitectura. Desde allí parte hacia Montserrat, uno de los destinos naturales y espirituales más importantes de Catalunya. Ciudades como Solsona y Cardona aparecen como joyas menos conocidas que merecen una parada para adentrarse en profundidad en la historia catalana. Entre sus tesoros gastronómicos están los vinos de Pla de Bages, al sur de Montserrat. La ruta continúa la senda enológica con parada en el Penedès, famoso por sus viñedos, cavas y la tradición enoturística.
Después de probar los magníficos vinos de la región, el viaje continúa hasta Sitges y la costa de Barcelona. La parada final es Tarragona, capital de provincia famosa por su patrimonio romano, muy bien conservado en un legado arqueológico compatible con una tradición gastronómica con delicias como los calçots. El otoño es una época perfecta para este tramo al ser momento de vendimia y de viñedos teñidos de colores dorados.
Tramo 2: de Tarragona a Lleida, la historia como protagonista
En este tramo, que se adentra en el interior del territorio, el recorrido va en busca de la historia de la región. Tras dejar Tarragona, la ruta atraviesa Reus y la Costa Daurada para llegar al Delta del Ebro. Los arrozales, las lagunas y la pesca conforman uno de los espacios más singulares de la costa mediterránea. En Reus sorprenden sus numerosas obras modernistas, como la Casa Navàs y el Institut Pere Mata. Es la ciudad perfecta para disfrutar del patrimonio y degustar delicias como el vermut, inseparable de la vida y la historia reusense.
De vuelta hacia el interior aparecen los olivos milenarios de les Terres de l’Ebre, la naturaleza salvaje del Parque Natural dels Ports y los espectaculares viñedos del Priorat. En l’Horta de Sant Joan pueden explorarse las huellas de Picasso por la región. Antes de llegar a Lleida, que supone el final del tramo, quedan las paradas con mayor carga histórica y patrimonial: la Ruta del Císter y el impresionante Monasterio de Quart de Poblet.
Tramo 3: de Lleida a la Seu d’Urgell, en camino al cielo
Esta ruta se encara hacia el norte, dejando atrás las llanuras agrícolas de Lleida y su emblemática Seu Vella para encaminarse hacia la Catalunya pirenaica. El valor paisajístico de la alta montaña se revela en lugares como el Congost de Mont-rebei, uno de los desfiladeros más espectaculares del territorio. Más tarde, alcanza el Parque Natural de Aigüestortes i Estany de Sant Maurici. Muy cerca está el bello conjunto románico de la Vall de Boí, declarado Patrimonio Mundial por la UNESCO, y la Val d’Aran, un lugar único por sus pueblos y su gastronomía. Esta zona del Pirineo es única para los amantes del patrimonio ya que pueden visitarse otras iglesias románicas como Santa María del Mur o las que aún se conservan en el Val d’Aran.
Finaliza en la Seu d’Urgell, uno de los lugares emblemáticos de la Catalunya histórica. Es otro tramo espectacular para recorrer durante el otoño por las tonalidades rojizas que adquieren sus bosques de hayas, robles y abetos. Y también, cómo no, por la riqueza micológica del Pirineo.
Tramo 4: de Seu d’Urgell a Figueres, la fuerza de la naturaleza
El tramo avanza por el Pirineo oriental, bordeando el Parque Natural del Cadí-Moixeró, un impresionante espacio montañoso. El entorno natural sobrecoge y conduce hacia los pueblos medievales que caracterizan el interior de la provincia de Girona. La ruta pasa por Ripoll; la comarca de la Garrotxa, lugar de volcanes; Santa Pau, Banyoles y Besalú, una de las villas medievales mejor conservadas del país. La etapa final desemboca en Figueres, ciudad íntimamente ligada a Salvador Dalí. Este tramo combina buenos espacios para hacer senderismo, como la Fageda d’en Jordà, los bosques de la Garrotxa y las montañas del Ripollès; con interesantes visitas como el Teatro Museo Dalí de Figueres.
Tramo 5: de Figueres a Barcelona, del surrealismo al modernismo
El último tramo del Grand Tour comienza con el universo de la infancia del gran pintor surrealista catalán: Figueres, Portlligat y Cadaqués. La ruta continúa por el Cap de Creus y la Costa Brava, donde el paisaje marítimo esconde hermosos pueblos de tradición pesquera y marinera. La escarpada línea de la costa también alberga pequeños enclaves con encanto medieval como Pals, Peratallada y Ullastret; entre otros.
La siguiente parada es Girona y algunos pueblos del interior de la provincia como Rupit. Más tarde, pasa por Vic y el Parque Natural del Montseny, considerado Reserva de la Biosfera. Sus bosques de hayas, robles y castaños se parecen a un paisaje idílico de un cuento mediterráneo.
El Grand Tour finaliza donde comenzó, en Barcelona. La ciudad es la cuna del modernismo, una ciudad vibrante culturalmente y con una de las escenas gastronómicas más interesantes de todo el litoral mediterráneo.




















