
Ubicado al sur de Lyon, en el departamento de Isère, entre las suaves colinas de las montañas de Chambaran, se encuentra el pequeño pueblo de Saint-Antoine-l’Abbaye. Este rincón francés está impregnado de patrimonio religioso y cultural, y visitarlo es como retroceder en el tiempo: calles empedradas peatonales, casas de piedra centenarias y una atmósfera que parece intacta durante siglos.
Su encanto es tan singular que en 2025 fue elegido como Le Village Préféré des Français, es decir, el pueblo favorito de Francia.
Un legado que nació de la fe y la medicina
En el corazón de Saint-Antoine-l’Abbaye se encuentra la imponente abadía medieval que da nombre al pueblo. Antes de adoptar su nombre actual, la localidad era conocida como La-Motte-Saint-Didier hasta el siglo XI, cuando llegaron desde Constantinopla las reliquias de San Antonio Abad.
A partir de entonces se estableció aquí la orden de los Hermanos Hospitalarios de San Antonio, dedicada a atender a personas afectadas por el “fuego de San Antonio” (ergotismo), utilizando dichas reliquias como parte de su práctica espiritual y médica.
“Saint-Antoine fue un importante centro médico y religioso que combinaba fe, ciencia y hospitalidad”, explica Maryline Longis, alcaldesa del pueblo. “Esa historia sigue definiendo nuestra identidad. Hemos conservado nuestros paisajes, pero también esa calidez con la que recibimos a los visitantes”.
Un pueblo que conserva su esencia medieval
Hoy, Saint-Antoine-l’Abbaye sigue cautivando con sus tejados de colores, su plaza central y su mercado tradicional. La abadía gótica, las calles silenciosas y la arquitectura medieval crean una experiencia inmersiva que atrae a viajeros de todo el mundo.
Las mejores cosas que hacer en Saint-Antoine-l’Abbaye
La joya del pueblo es la Abadía de Saint-Antoine, construida entre los siglos XII y XV. Su fachada gótica, rica en detalles escultóricos religiosos, es uno de los grandes atractivos del lugar. Aunque ya no alberga una orden religiosa, el complejo se mantiene abierto al público todos los días.
Dentro del recinto se encuentran un jardín medieval y el Museo de Saint-Antoine-l’Abbaye, con exposiciones interactivas sobre la historia del pueblo, la medicina medieval y el uso de los perfumes en aquella época.
Durante el verano, la oficina de turismo organiza visitas guiadas por la abadía y el pueblo, aunque estas se realizan únicamente en francés.
Uno de los momentos más vibrantes para visitar Saint-Antoine-l’Abbaye es el primer fin de semana de agosto, durante el festival Le Médiévale Saint-Antoine-l’Abbaye. Trovadores, actores, músicos y espectáculos callejeros recrean la vida medieval en un ambiente festivo único.

Foto: Michel Purên/Saint-Marcellin Vercors Isère Turismo
Pueblos cercanos que también vale la pena explorar
La región también ofrece joyas cercanas como Saint-Marcellin, famoso por su queso, y Pont-en-Royans, conocido por sus casas colgantes sobre el río, que parecen sacadas de una pintura.
Dónde comer y beber
Esta zona de Francia es reconocida por su riqueza gastronómica, especialmente por sus nueces, consideradas un producto emblemático de la región.
En La Table de l’Abbaye, un restaurante con chimenea de piedra y mesas que se extienden hasta la plaza en verano, destacan platillos como nueces locales y queso Saint-Marcellin.
Por su parte, Hostellerie Vieux St Antoine ofrece cocina tradicional francesa en un ambiente relajado, con terraza y clásicos como el steak frites o crepas de postre.
Otra opción es Taverne du Bélier Rouge, abierta solo de viernes por la noche a domingo al mediodía, donde los ingredientes provienen de la granja local Ferme du Saint Sauveur. Comer aquí es una experiencia que evoca la vida rural tradicional francesa.

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Foto: Kazlou/Adobe Stock
Dónde alojarse
Las opciones de hospedaje en Saint-Antoine-l’Abbaye incluyen acogedoras casas rurales y pequeños bed and breakfasts en el centro del pueblo, como L’Antonin, que ofrece habitaciones confortables y desayuno tradicional francés.
A pocos minutos del centro, los apartamentos del Auberge du Midi son ideales para familias o grupos, con terrazas que permiten disfrutar del atardecer sobre el pueblo.
Para una experiencia más inmersiva, Les Cabanes de Fontfroide ofrece cabañas en medio del bosque, perfectas para desconectarse por completo y explorar la naturaleza a pie o en bicicleta.







