Veracruz por primera vez

Veracruz es un bolero; la foto de una pareja bailando son jarocho con las mejillas rojas y brillantes por el calor que no se apacigua; un niño con su jarana y un café lechero en La Parroquia frente al malecón. Pero también, la sorpresa de encontrarse con una isla en donde solo hay un faro y lo demás, es naturaleza virgen. Para mí, que nací en la Ciudad de México y crecí con la idea de que en Veracruz solo hay playas de arena café y mar bravo, fue inesperada la visita al Parque Nacional Sistema Arrecifal Veracruzano (PNSAV). Ese día, el segundo que pasábamos en el estado, nos despertamos antes de lo previsto, a las 5:30 am para ver el amanecer en una de las islas que conforman el área natural protegida. Salimos del Club Náutico el Dorado, en Boca del Río, rumbo a la Isla de Enmedio. Los primeros rayos de sol los vimos en mar abierto. Esta zona del Golfo de México me recordó al Caribe, pero con la sensación de que acababa de descubrir un paraíso inexplorado. La cámara del drone de Paco, uno de los fotógrafos que nos acompañó en este viaje, nos mostró los colores del mar de agua cristalina, turquesa e índigo. El PNSAV tiene una superficie de 52,238 héctareas, con 23 arrecifes y 5 islas, aunque no todas están abiertas a los turistas, entre las más famosas, además de la Isla de Enmedio, están: Cancuncito, Isla de Sacrificios e Isla Verde.

Este Parque Nacional es zona de buceo, pero también puedes nadar con peces muy cerca de la orilla, junto al muelle al que se pegan decenas de cangrejos. Si llegas temprano y con un poco de suerte, encontrarás tortugas, pues la arena blanca
y tersa tiene espacios de anidación. Y nos dijeron que también hay delfines, pero no llegamos a observarlos.
En esta isla no hay comercios, solo un faro y la antigua casa del guardafaros, que ahora se encuentran abandonados. Alguna vez el personaje de oficio solitario fue Alfredo Casarín, a quien le hicieron un documental, por pasar 18 años de su vida como protector de las torres de señalización, seis en la Isla de Enmedio. “El hombre del faro” habla de cómo fue ser hijo de un farero y heredar la vocación.

De regreso a Boca del Río desayunamos en Los Farolitos, cuyo nombre está inspirado en una canción de Agustín Lara, el Flaco de Oro. En este restaurante, que abrió en 1972, se sirven platillos tradicionales y antojitos como: gorditas, dulces de piloncillo, picadas y empanadas (de maíz y rellenas de distintos guisos). Veracruz es también un sentimiento de nostalgia, pero no desde la tristeza, sino por el orgullo de ser de ahí y algunas veces no poder quedarse. Y de adopción por todos los que se hacen llamar veracruzanos sin importar su lugar de origen. Según cronistas ha sido parte esencial de la vida social del puerto. Quienes no somos jarochos sugerimos que es uno de los imperdibles para visitar. Al menos una opinión no se contrapone con la otra. “Venir a Veracruz y no pasar al Gran Café de la Parroquia es como no haber venido a Veracruz”, se dice de forma popular. En este restaurante, fundado en 1808, se ofrece el lechero de forma tradicional, un café intenso servido en un vaso de cristal, al cual se le añade leche caliente directo de una jarra metálica y desde una altura considerable —lo que alcance el brazo del mesero— para generar mucha espuma.

Cuentan que Porfirio Díaz tomó una de estas bebidas antes de partir al exilio en Francia e incluso hay un desayuno que lleva su nombre. Según historiadores, el 26 de mayo de 1911, el militar y político pidió el tradicional café con leche, un plato de papaya y una canilla, que es un pan en forma de trenza. Actualmente el “Desayuno Don Porfirio”, de la Parroquia, está compuesto por estos alimentos. A principios del siglo XX, la Parroquia tenía mobiliario europeo, iluminación a gas y los meseros portaban uniforme, un atuendo blanco con moño que se mantiene como recuerdo de esas épocas. Era un sitio concurrido por comerciantes, artesanos, militares y hasta estudiantes, accesible para distintas clases sociales, pero al mismo tiempo elegante. Más allá del café lechero y su espuma juguetona, la esencia de la personalidad jarocha está en las mesas de señores platicando, la amabilidad de los meseros, la historia detrás del restaurante y lo inesperado de los platillos. Una concha, que en Veracruz se le conoce como “bomba”, rellena de queso y frijoles es el inicio perfecto a platillos como los huevos tirados (revueltos con frijoles) caldosos o secos o las enchiladas veracruzanas con platanitos fritos. Todo servido rápido, caliente y con un sazón que recuerda a casa. El centro de Veracruz es otro guiño a la nostalgia mexicana. El malecón desemboca en una plaza con edificios coloniales, iglesias, casas, el Zócalo y los famosos Portales donde restaurantes y cafés clásicos sirven como una ventana directa a la vida del jarocho. Esa misma caminata te lleva por el Palacio Municipal, la Antigua Aduana Marítima, el Faro Venustiano Carranza, el Museo de la Ciudad, el Museo Naval y el Baluarte de Santiago que son vestigios de cuando Veracruz era una ciudad amurallada.

IMG_6461-1000x750 - Veracruz por primera vez
Plaza del Heroísmo Veracruzano en el Centro Histórico de Veracruz.

La infraestructura cuenta una historia y la gente que la habita otra. Un recorrido por el centro y logras entender el papel de Veracruz en la historia nacional: el puerto principal que se consolidó hace siglos, el primer Registro Civil y una ciudad donde se cruzaron los mundos que crearon a México.

De costa a ciudad

La playa, la arena y el sol rápidamente se transforman en un escenario lejano cuando decides continuar conociendo el estado. Tlacotalpan cayó en el itinerario como el destino misterioso que no sabíamos que necesitábamos. Una pausa bien merecida después del ritmo efervescente del puerto de Veracruz, Boca del Río y la experiencia de conseguir una portada en dos días.
Un poco menos de 8 mil habitantes nos recibieron en una ciudad pintoresca y orgullosa. Es innegable notar el arraigo profundo de su gente y ese sentido de pertenencia que contagian a quienes visitan “Tlaco”. México cuenta con 11 ciudades patrimonio y una de ellas se ubica en el estado de Veracruz: Tlacotalpan. A diferencia de un Pueblo Mágico, que es un título otorgado por la Secretaría de Turismo, una Ciudad Patrimonio es un logro que la UNESCO le da a destinos con arquitectura e historia específica. Tlacotalpan acuñó este título por su urbanización perfecta y cultura viva. Es un ejemplo magistral de cómo se planearon las ciudades en zonas húmedas y fluviales: calles amplias, ventilación, sombra y un diseño en cuadrícula bien ejecutado.

DSC00158-1000x670 - Veracruz por primera vez
Parque Zaragoza en Tlacotalpan.

La Parroquia de San Cristóbal, el Santuario de la Candelaria, la Iglesia San Miguelito y el panteón coinciden en una línea diagonal perfecta que atraviesa el pueblo en un mapa. Además, las casas tienen techos de teja y se distribuyen mayormente en una sola planta, sus portales con arcos y columnas le dan continuidad a la esencia y sus colores vivos recuerdan a esa época colonial con un toque caribeño. Cuando le pregunto a Sebastián, nuestro anfitrión en Tlacotalpan, lo que esta ciudad le ofrece al viajero, lo primero que me dice es: “tranquilidad”. Basta un día para confirmarlo, la ciudad te envuelve en una postal donde parece que el tiempo se detiene, donde sus atardeceres morados se despiden del día mientras disfrutas el fandango al pie de la Parroquia y te da la impresión de que el ocaso dura muchas horas. Tlacotalpan es un pueblo que se quedó sumido en la nostalgia y visitarlo significa enamorarte de esa añoranza.

IMG_3233-1000x663 - Veracruz por primera vez
Los arcos de Tlacotalpan son uno de los elementos arquitectónicos más reconocibles de la ciudad y son parte importante de su identidad visual.

Su ambiente bohemio y tropical es un imán para quienes tienen esa debilidad por los lugares que cuentan historias. Un referente claro es Agustín Lara y su vínculo con Tlacotalpan, aunque nadie sabe con certeza si nació ahí o no, él ya es considerado tlacotalpeño, cautivado profundamente por la cultura de la ciudad, el río y la vida sin urgencia. Todos los locales pueden contarte historias diferentes de Agustín Lara: dónde pasaba el tiempo, lo que le gustaba hacer y anécdotas de sus encuentros. Podrás ver una estatua del compositor en pleno centro, un museo en su honor y el nombre del bar más famoso como parte de su inventiva: Bar Blancanieves, porque Tobías, el dueño, es padre de siete hijos. Un lugar, fresco, modesto y entrañable que ofrece toritos, una de las bebidas típicas de Tlaco, en un espacio tapizado de fotografías viejas que son prueba irrefutable de su historia. Tlacotalpan representa el mundo que él convirtió en música, un lugar que, aunque visites una sola vez, es inevitable que te llame de vuelta.

Entre montañas y niebla

Después de recargar energía en la zona baja y cálida del Papaloapan avanzamos a la zona montañosa de Veracruz. Córdoba se encuentra en el imaginario colectivo del mexicano como uno de los lugares cafeteros por excelencia. La vibra cambia y se torna brumosa, pero inesperadamente el calor se mantiene constante. Veracruz no solo sorprende con escenarios, también
con climas amables. El recorrido es hacia arriba para llegar a las fincas de café, esas que rodean la ciudad en lo alto y se mantienen al margen. Ahí conocimos a Hugo y Damna, dos productores de café, que por azares del destino (y una pandemia), terminaron invirtiendo sus ahorros para una maestría en el extranjero en la finca de café de su familia. De saber nada se convirtieron en los dueños de lo que ahora es un café galardonado a nivel internacional. Su inquietud empezó con viajes de aprendizaje al Museo del Café en el centro de Córdoba y ahora su vida se ve muy distinta a lo que imaginaron seis años atrás. La finca Kitos es un espacio vivo que se alimenta del trabajo de la pareja, sus perros, gatos, conejos, gallinas y la comunidad que los respalda. Los visitantes que llegan a fincas cafetaleras como Kitos no solo aprenden del proceso del café, entran a la casa de quienes las operan. Su zona montañosa con clima templado y húmedo todo el año otorga esa facilidad para cultivar un café tradicional. Es un vistazo muy íntimo a productores locales, a sus procesos artesanales y cómo es trabajar la tierra que ha pertenecido a las mismas familias por generaciones. Una experiencia cercana y real que conecta al viajero con un producto que es símbolo de la ciudad.

IMG_6454-1000x563 - Veracruz por primera vez
Café de Veracruz.

Ese encanto tiene Córdoba, está hecho de la gente que lo conoce y se alimenta de su tierra. Esa relación hace que florezca. Córdoba nació como una necesidad para evitar atracos en el Camino Real por el que transitaba mercancía valiosa que conectaba a Veracruz con la Ciudad de México. Hace más de 400 años se le solicitó a Diego Fernández de Córdoba su establecimiento y se creó a imagen de las villas de España. Su tierra fértil fue lo que eventualmente la convirtió en lo que es ahora, los cultivos de café, caña y tabaco terminaron de consolidar su importancia regional. Siglos después la independencia de México se consolidó en el Portal de Zevallos donde se firmaron los Tratados de Córdoba entre Agustín de Iturbide y Juan O´Donojú. Ahí se reconoció la independencia de México por parte del imperio español y se sentaron las bases de la soberanía mexicana. Caminar por el centro histórico es empaparte de esa historia. El Parque 21 de Mayo está rodeado de cafés, portales, restaurantes, museos y es el epicentro de la vida local. Visitar cada sitio es toparte con su propia historia, el Palacio Municipal que alberga un mural del origen de la ciudad, la Catedral de la Inmaculada Concepción, el Portal de Zevallos y los Museos del Café y de la Ciudad. Podrás ver arquitectura de los siglos XVII y XVIII, casas antiguas que se mantienen intactas, edificios y placas que celebran la herencia de cada espacio en una ciudad rodeada de montañas y esencia histórica.

IMG_3368-Cordoba-665x1000 - Veracruz por primera vez
Centro Histórico de Córdoba, Veracruz.

De transporte industrial a turístico

A finales del año pasado se recuperó una estructura que estaba en desuso para convertirla en un atractivo turístico, el antiguo Malacate de Ixtaczoquitlán (a 24 minutos de Córdoba en carretera), construido en 1905 por ingenieros ingleses para transportar materiales de construcción y a los empleados que trabajaban las obras. Este dispositivo, que lleva su nombre por el instrumento prehispánico para tejer textiles, se convirtió en parte esencial de la región, incluso apareció en una película de comedia, grabada en 1966, llamada “¿Qué haremos con papá?”, en la que los protagonistas se deslizan por los rieles en una carrera, como lo hacían los niños para divertirse en esa época. En total, las vías superan los 850 metros de longitud, sin embargo, en mayo, durante la realización de este reportaje, solo estaba en funcionamiento la mitad del recorrido. Subir o bajar a pie también es posible, pues hay 1,131 escalones. Me impresionó la vegetación que se puede observar durante la ruta que se abre paso entre sembradíos de café. La idea es que este transporte, ahora turístico, llegue a la comunidad de Campo Chico, donde los asistentes podrán realizar actividades en familia y comer.

Malacate-01 - Veracruz por primera vez
El Malacate de Ixtaczoquitlán.

¿Qué hacer en Orizaba?

A 20 minutos en auto, desde el Malacate, se encuentra este Pueblo Mágico, que me pareció surrealista. La alameda, ubicada en las faldas del Cerro del Borrego, está dedicada a Cri-Cri “El Grillito Cantor” a quien dio vida Francisco Gabilondo Soler, un compositor y cantante orizabeño de música infantil. Durante el recorrido a pie puedes encontrar estatuas de los personajes de sus canciones, como “La Patita” y “el Ratón Vaquero”. Si caminas de frente a la entrada, junto a restaurantes y cafeterías con mesas al aire libre, vas a llegar al Palacio Municipal, un edificio de estilo francés neoclásico de color amarillo, con un patio central y una escalinata en la que se observa un mural de José Clemente Orozco llamado “Revolución Social”, que se pintó en solo dos semanas y en interiores para resguardar la obra de la lluvia, que es constante durante todo el año en esta ciudad. En la parte trasera, desde el primer piso, se pueden ver dos tigres (de bengala y blanco) que fueron rescatados junto con otros animales de circos, y ahora forman parte de el Paseo del Río Orizaba.

2G6A1036-667x1000 - Veracruz por primera vez
Corredor peatonal frente al Palacio Municipal de Orizaba.

Las calles y edificios públicos del Centro Histórico destacan por su limpieza, eso llamó mi atención mientras caminaba en grupo. Sonaba “Coincidir” de Pablo Milanés en la terraza del café ubicado en la planta baja del Palacio de Hierro, otro de los edificios emblemáticos de este destino, una construcción que se adjudica a la firma de Gustave Eiffel, el ingeniero civil que diseñó la torre que lleva su apellido en Francia. “Se trata de un edificio que se desarma por completo”, nos contaron, tiene más de 823,222 tornillos y llegó a México en barco. La estructura de 600 toneladas se pagó con un préstamo y se inauguró en 1894. Actualmente resguarda el acervo de cuatro museos, uno dedicado a la cerveza, otro al fútbol, el museo de las raíces de Orizaba y el museo interactivo además, cuenta con un mirador panorámico.

2G6A1074-1000x667 - Veracruz por primera vez
Palacio Municipal de Orizaba.

El corazón elevado de Orizaba

Al día siguiente nos despertamos temprano para disfrutar de todas las actividades del fin de semana. El Cerro del Borrego cuenta con un sendero natural para subirlo a pie en un tiempo aproximado de entre 30 y 60 minutos. Aunque también puedes elegir llegar a la cima a bordo del teleférico (el segundo más alto de México), esta opción te permitirá ver las azoteas de las casas que fueron intervenidas por artistas de las Altas Montañas de Veracruz, con murales que muestran la historia del municipio.

2G6A1250-1000x667 - Veracruz por primera vez
Teleférico de Orizaba, el segundo más alto de México.

En el Ecoparque, que se encuentra en la cima, hay diversas actividades como una tirolesa y la “Atalaya de Cristal”, que es un mirador panorámico con piso de cristal, desde donde se puede observar el Pico de Orizaba a 312 metros de altura sobre el nivel de la ciudad. También hay un museo en el que se narra la historia de la batalla entre los ejércitos francés y mexicano, que tuvo lugar en este cerro la madrugada del 14 de junio de 1862 (después de la Batalla de Puebla). Orizaba es para disfrutarse al aire libre, para correr en la alameda o escuchar a los músicos locales junto al quiosco, para tomar un café en una construcción histórica y para ir a todos sus museos y teatro.

2G6A1293-1000x667 - Veracruz por primera vez
Atalaya de cristal.

El milagro de la vainilla

Veracruz te lleva de la playa, a las fincas de café, a pasear por el río, a descubrir la historia en sus ciudades y aun así quedan muchos matices por descubrir del estado. Uno de los más importantes es su papel en el nacimiento de uno de los sabores más famosos del mundo: la vainilla. Su origen es muy específico y está profundamente ligado a Papantla, en Veracruz. Mucho antes de la llegada de los españoles, el pueblo Totonaca ya cultivaba la vainilla y la usaba en rituales, gastronomía y medicina. En la región Totonacapan, coincidimos con una celebración de esta especia en El Festival de la Vainilla de Gaya Vainilla. Visitamos a los productores de Gaya en el municipio de Gutiérrez Zamora, muy cerca del mar, para un recorrido por una de sus plantaciones, laboratorios, espacio de producción y tienda.

G6A1718-2-667x1000 - Veracruz por primera vez
Norma Gaya de Gaya Vainilla.

La vainilla para la familia Gaya es una herencia que se ha transmitido entre cinco generaciones por más de 150 años, siendo la licenciada Norma Gaya, la primera mujer en hacerse cargo del legado en el campo con la llegada del nuevo milenio. “Me costó muchísimo entrar al campo porque el 100% de los productores eran hombres y hombres adultos”, nos contó Norma, quien cuando comenzó a involucrarse activamente en la empresa familiar tenía 26 años. “Ahora, orgullosamente puedo decir que el 50% de los productores con los que trabajamos (que son 700 familias) son mujeres”.

Y aunque la vainilla es un sabor y aroma con el que coincidimos en la cotidianidad su origen y proceso es muy poco conocido. Es una vaina que requiere un trabajo y amor extremadamente cuidadoso para lograr, después de meses, el resultado que comúnmente conocemos. La vainilla planifolia es una orquídea hermafrodita, la única con fruto, que cuando es polinizada crece una vaina en nueve meses. Por mucho tiempo México fue el único productor porque su polinización natural era posible únicamente en este territorio por la abeja euglossa. Fue hasta el siglo XIX que se logró cultivar fuera de México cuando un esclavo en Madagascar descubrió cómo polinizarla manualmente. Ahí nació una nueva profesión, los polinizadores. Hombres y mujeres que se dedican a polinizar la flor de la vainilla con una técnica tan precisa como individual. Cada polinizador tiene una manera y aunque la base es la misma, cada persona lo adapta a su estilo. La herramienta universal es un palillo de madera que usan para abrir la flor con mucho cuidado, retirar el polen de la antera (parte masculina) y colocarlo en el estigma (parte femenina dentro del pistilo). Un ritual íntimo, delicado y profundamente personal. La flor de la vainilla solo está abierta algunas horas durante el día y su época de polinización es durante abril y mayo, la vaina tarda 45 días en crecer al largo final y nueve meses en estar lista para ser cosechada. Una sola flor da una sola vaina, y si la polinización no es lograda correctamente durante las horas del día que está abierta la flor se pierde esa vaina o puede ser abortada. Ese método tan artesanal y delicado es una de las razones por las que la vainilla es la segunda especie más cara del mundo, después del azafrán.

Antigua ciudad prehispánica

No podemos hablar de Veracruz sin mencionar su importancia como territorio en cultura como la Olmeca y la Totonaca. Es un estado clave para entender Mesoamérica con ruinas y legado como San Lorenzo y sus cabezas colosales, El Tajín, uno de los centros ceremoniales más importantes y tradiciones como los voladores de Papantla que están profundamente ligados a la cultura Totonaca y actualmente se consideran Patrimonio Cultural Inmaterial por la UNESCO. La amabilidad de Veracruz nos regaló una
visita a la zona arqueológica de Quiahuiztlán en nuestro camino al aeropuerto. Una antigua ciudad prehispánica de la cultura Totonaca, su nombre significa “lugar de la lluvia” y se edificó al pie del Cerro Bernal o Cerro de los Metates.

Un cerro imponente y cautivador que hace difícil dejar de mirarlo, puedes subirlo si tienes dos horas para llegar a la cima y otras dos para bajar.Parte de su encanto es la infraestructura más natural y orgánica, lo convierte en un espacio que te da oportunidad de apreciarlo mejor. Solo hay dos zonas arqueológicas en México con vista al mar: Tulum y Quiahuiztlán. Lo más impresionante son sus tumbas tipo mausoleo que son únicas en el México Antiguo. La ciudad se distribuye en niveles para adaptarse a la montaña así que la vas descubriendo en etapas. Arriba encuentras las tumbas, vestigios de la ciudad y una vista impresionante al Golfo de México (que cuentan es por donde vieron llegar a Hernán Cortés). Abajo hay más estructuras de la civilización entre ellas una cancha del juego de pelota que te da esa mirada más cercana a el entretenimiento de antes. Puedes entrar, ver las gradas y caminar por la cancha principal donde los jugadores actuaban.

Piramides-01-1 - Veracruz por primera vez
El Cerro Bernal o Cerro de los Metates y al pie la zona arqueológica de Quiahuiztlán en Actopan, Veracruz.

Quiahuiztlán es una zona célebre por el papel que desempeñó en los primeros años del contacto entre dos mundos. En la planicie cercana los españoles edificaron una iglesia y un recinto fortificado al que llamaron “Villa Rica de la Vera Cruz”, al que se considera el primer emplazamiento hispano en México y América Continental. Además, Quiahuiztlán se estableció una alianza entre europeos y 30 pueblos totonacas, que de cierta manera fue uno de los facilitadores
de la conquista de México. Veracruz nos dio un viaje inesperado, lleno de escenarios y una probada decisiva de su riqueza como destino. Veracruz está de moda. Es un destino que destaca por sí mismo, es cuna de culturas, mestizaje, trabajo, paisajes, sabores y gente que ante todo, cobija.

Fotografía Portada: Paco Gramontti
Producción: Natalia Gómez
Locación portada: Isla de Enmedio, Veracruz.
Piloto de dron: Luis Rodolfo Lara Santiago.
Capitán: Gonzalo Munguia Galicia.
Un agradecimiento especial a la Secretaría de Turismo del Estado de Veracruz y al Gobierno Municipal de Alvarado por su apoyo y colaboración para lograr esta producción.