¿Qué son los souvenirs culinarios y por qué los viajeros están adoptando esta tendencia?
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Hay un momento que se repite al volver de un viaje: deshacer la maleta. Entre la ropa y los boletos de museo aparece ese pequeño recuerdo que trajiste para no olvidar el destino. Durante años fueron imanes, llaveros o tazas con el nombre de la ciudad. Hoy, cada vez más viajeros regresan con algo diferente: una mezcla de especias comprada en un mercado local, una lata de aceite de oliva con una ilustración digna de exhibirse en la cocina o una pieza de cerámica hecha por manos artesanas.

Los souvenirs culinarios están transformando la forma en que recordamos un viaje. Ya no se trata de comprar un objeto que confirme que estuviste ahí, sino de llevarte un pedazo de la cultura local que puedas volver a disfrutar una y otra vez.

No es casualidad. La gastronomía dejó de ser una actividad más del itinerario para convertirse en una de las razones principales para elegir un destino. Ahora, esa experiencia continúa incluso después del regreso, cuando un ingrediente, un utensilio o una receta tienen el poder de transportar de nuevo a ese mercado, esa calle o esa sobremesa.

Esa manera de viajar también empieza a reflejarse en los hábitos de compra. De acuerdo con las Predicciones de Viaje 2026 de Booking.com, el 78% de los viajeros mexicanos considera muy probable adquirir souvenirs culinarios durante sus vacaciones. Frascos de especias pintados a mano, conservas artesanales, aceites locales o utensilios elaborados por artesanos se están convirtiendo en recuerdos con un valor que va mucho más allá de lo decorativo.

La tendencia incluso influye en la elección del próximo destino. El estudio revela que 52% de los viajeros mexicanos estaría dispuesto a visitar un lugar reconocido por este tipo de productos, lo que confirma que mercados tradicionales, tiendas gourmet y talleres artesanales comienzan a ser un atractivo turístico por sí mismos.

La explicación está en el significado que tienen estos objetos. Para 24% de los viajeros, los recuerdos comestibles les permiten revivir un destino cada vez que cocinan. Una especia puede traer de vuelta el aroma de un zoco; una salsa artesanal, una comida frente al mar; una taza de cerámica, el café que marcó una mañana de vacaciones.

También hay una intención de consumir con mayor conciencia. Tres de cada diez mexicanos (30%) valoran que estos artículos reflejen la artesanía local, los métodos tradicionales de producción y prácticas más sostenibles. En lugar de llevarse un recuerdo fabricado en serie, prefieren apoyar a pequeños productores y artesanos mientras descubren una parte más auténtica del destino.

Y, por supuesto, el diseño también cuenta. Para 14% de los viajeros mexicanos, encontrar piezas inusuales, utensilios de edición limitada o empaques tan atractivos que merezcan un lugar en la cocina —y en Instagram— forma parte de la experiencia de viajar.

Más que una moda, los souvenirs culinarios reflejan una nueva forma de entender los viajes: una donde la mejor manera de conservar un recuerdo no siempre es colgarlo en una pared, sino incorporarlo a la rutina. Porque hay destinos que se recuerdan con una fotografía, pero otros vuelven a la memoria cada vez que se abre un frasco de especias, se sirve una receta familiar o se pone la mesa con aquella pieza encontrada, casi por casualidad, en un mercado al otro lado del mundo.