Sevilla vive estos días un momento de intensa emoción: la Virgen de la Macarena ha regresado al culto tras un arduo proceso de restauración, después de que una intervención controvertida pusiera en jaque su imagen venerada durante siglos. A sus fieles les pudo parecer irreconocible en junio, cuando una restauración modificó su expresión, despertando un clamor de protesta. Ahora, gracias al trabajo del restaurador Pedro Manzano, la talla del siglo XVII, catalogada como obra cumbre del barroco sevillano, ha recuperado su semblante original: mirada cálida, policromía fiel, ausencia de retoques exagerados.
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Este retorno ha supuesto mucho más que una restauración para la ciudad: es la reafirmación de una devoción íntima, una memoria colectiva que atraviesa generaciones y un motivo para revisitar el rico patrimonio religioso de Sevilla. Pero la Macarena no está sola: la ciudad conserva otras tallas históricas que merecen un espacio en toda ruta cultural, artística o espiritual. A continuación, te cuento cuáles son —y por qué valen la pena.
La Macarena: historia, devoción y arte en su máxima expresión
La imagen de la Macarena, conocida formalmente como María Santísima de la Esperanza Macarena Coronada, data del siglo XVII. Su advocación es una de las más veneradas en Sevilla, muy vinculada a tradiciones populares, artesanos del bordado y, sobre todo, a la Semana Santa.

Su basílica, situada en el centro de Sevilla, acoge además un museo que exhibe enseres, sayas, mantos y recuerdos de siglos de devoción —es, tras la Catedral, uno de los espacios de arte sacro más visitados de la ciudad. Desde su restauración reciente, la talla vuelve a ser punto de peregrinación, reavivando el vínculo emocional de miles de sevillanos y visitantes que, entre lágrimas, música y fe, visitan la iglesia tras madrugar para ser los primeros en contemplarla.
Jesús del Gran Poder
Considerada la imagen de mayor devoción de Sevilla, el “Señor de Sevilla” es una talla de madera policromada tallada por Juan de Mesa en 1620. Su realismo, la postura dramática, los pliegues de la túnica y el sentido de sufrimiento y dignidad la han convertido en una de las figuras más veneradas del mundo cofrade. Visitarlo no solo implica ver una obra maestra del barroco, sino entender siglos de fervor religioso, esperanza y tradición popular —especialmente potente durante la Semana Santa.

Dónde verlo: la Hermandad del Gran Poder, en su capilla principal, situada en el casco histórico de Sevilla. Si coincides con días de culto, la atmósfera te transportará a lo que muchos llaman “madrugá eterna”.
Virgen y Santa Ana – Convento de Santa Ana
En el histórico Convento de Santa Ana, en el barrio de San Lorenzo, se encuentran dos imágenes atribuidas a Alonso Martínez Montañés datadas en 1627: la Virgen y Santa Ana. El conjunto es ejemplo del primor escultórico y espiritual del Siglo de Oro sevillano. El convento, declarado Monumento Histórico-Artístico, alberga además un entorno de silencio, clausura y recogimiento poco habitual en la ciudad. Visitarlo es adentrarse en la Sevilla conventual, su historia antigua, su arte sacro y su interioridad.
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Cristo del Cachorro – Basílica del Santísimo Cristo de la Expiración

La imagen del Cachorro, popularmente asociada al barrio de Triana, tiene una devoción profunda en Sevilla. Su paso en procesión mezcla tradición marinera, fervor popular y herencia histórica. Si visitas la Basílica del del Santísimo Cristo de la Expiración, donde se venera, podrás admirar no solo una talla imborrable, sino comprender cómo el mar, el barrio y la devoción se funden en la identidad sevillana.
Iglesias gótico-mudéjares y arte sacro: patrimonio más allá de las imágenes
Iglesias como la de Iglesia de Santa Catalina, con su arquitectura gótico-mudéjar, ofrecen un marco histórico distinto para contextualizar el arte religioso. Sus muros, arcos y estructura recuerdan las raíces medievales y musulmanas de Sevilla, y en su interior se celebra aún devoción local y cofradías menores.
Visitar estas iglesias permite al viajero —cofrade, curioso o amante del arte— entender la evolución de la ciudad desde la Reconquista hasta el barroco, pasando por los estilos arquitectónicos, las devociones populares y la transformación urbana.
Sevilla: una ciudad donde el arte sacro convive con la vida diaria
Lo que hace único a Sevilla no es solo la calidad artística de sus tallas, sino que estas conviven cotidianamente con la ciudad: salen en procesión, se veneran en iglesias abiertas, forman parte de fiestas populares, conviven con cafés, turistas y vida urbana. Un paseo por sus calles puede llevarte de una catedral monumental a una basílica menor, de una cofradía milenaria a una calle de tapas, de un silencio de convento a un redoble de tambor en plena noche.

Y ahora, tras la restauración de la Macarena, Sevilla se reencuentra con uno de sus símbolos más queridos: una imagen que representa historia, fe, arte y comunidad. Pero también es una invitación abierta a quienes quieran explorar otras piezas maestras, templos discretos y vestigios que testifican siglos de tradición. Cada talla tiene su historia, su estilo, su contexto y su lugar. Sevilla ofrece todos ellos.








