La Mallorca menos conocida: vida rural, gastronomía y tranquilidad
La cala de Santanyí, en Mallorca. - IMAG3S / istock

Mallorca es un destino que aborrece a muchos viajeros por su estampa habitual de grandes complejos hoteleros y playas a reventar durante los meses de verano. Sin embargo, basta con alejarse unos kilómetros de las zonas de costa más populares para descubrir rincones encantadores y una isla mucho más tranquila. El interior, algunas zonas del norte y del este albergan pueblecitos con muros antiguos, bellas fincas agrícolas y bodegas familiares. Son la Mallorca más pausada, una especie de reducto galo a lo Asterix contra el turismo masivo en vez de los romanos.

Se trata de una Mallorca de mercados tradicionales, fantástica gastronomía local, montañosa y rural. Tampoco es para todos, ya que es muy distinta al turismo de sol y playa de lugares como Magaluf o El Arenal.

Santanyí, mucho más que calas de postal

Santanyí es famoso por albergar algunas de las playas más conocidas del sureste de la isla, pero tiene mucho más por descubrir. Destaca su pintoresco casco histórico, con edificaciones hechas con la característica piedra arenisca dorada de la zona. La localidad sigue con un ambiente relativamente tranquilo en temporada alta. Su mercado semanal es la ocasión perfecta para adjudicarse alguno de los deliciosos productos de los artesanos y agricultores de la región. Quesos, mieles, embutidos y la mejor fruta de la temporada veraniega son la excusa perfecta para darse un paseo por los puestos.

Orient, un valle detenido en el tiempo

La Serra de Tramuntana alberga tesoros como el pequeño pueblo de Orient. Apenas supera el medio centenar de habitantes permanentes y está rodeado de bosque y bancales. La mezcla entre el medio forestal, con las encinas y pinos, y el agrícola, con los olivos; ofrece una imagen de la Mallorca rural más característica. Conviene perderse por alguna de las sendas que recorren la Serra de Tramuntana. Y, por supuesto, es el lugar donde probar delicias como el frit mallorquí o el cordero asado típico de la isla.

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Carretera serpenteante por la Serra de Tramuntana mallorquina. – Kris Hoobaer /istock

Petra, historia mallorquina

También en el centro de la isla está Petra. Se trata de una localidad agrícola conocida por ser el lugar de nacimiento de fray Junípero Serra, el fundador de varias misiones españolas en California (EE UU). En sus bodegas se elabroan vinos con denominación de origen Pla i Llevant. Muchas de ellas organizan visitas donde es posible conocer las variedades autóctonas de uva mallorquina como la mantonegro o la callet. Petra vale la pena para adentrarse en la desconocida faceta vinícola de la isla.

Caimari, el turno del aceite

Si Petra era el lugar del vino, Caimari es conocido por su relación con el cultivo de las oliveras. La economía local de este pequeño municipio situado a los pies de la Serra de Tramuntana, lleva siglos ligada a la producción de aceite. Las almazaras familiar perpetúan esa tradición, que se celebra cada otoño con una feria dedicada al aceite nuevo. En Caimari no hay nada como una rebanada de un buen pan payés regada con un chorrito de aceite de oliva virgen extra del pueblo.

Son Servera, un oasis en medio del bullicio

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Iglesia en Son Servera. – hector campoy cifuentes / istock

Son Servera se encuentra cerca de algunos de los destinos costeros más populares de Mallorca. Sin embargo, consigue mantenerse como un punto más tranquilo, alejado de aquel bullicio. También cuenta con un animado mercado semanal y con un puñado de buenas panaderías en las que degustar la ensaimada mallorquina tradicional. Es recomendable la visita a la iglesia inacabada de San Joan Baptista. Además, Son Servera sirve como punto de partida para visitar la península de Llevant y acercarse a alguna de sus bonitas calas, mucho menos concurridas que las playas.