
Buenos Aires suma una nueva coordenada para disfrutar la noche. En uno de los barrios con mayor concentración de restaurantes, bares y clubes de la ciudad, MAD Group abre Trade Sky Club, una propuesta que busca ocupar un espacio particular dentro de una escena donde las opciones se multiplican cuadra tras cuadra. Ubicado en el piso 28 de la torre Qiub, sobre la avenida Juan B. Justo, el espacio de 600 metros cuadrados propone acompañar distintos momentos de una misma salida: desde el atardecer y el after office hasta la cena y la madrugada.
A casi cien metros de altura, la perspectiva sobre el barrio es otra. Desde la terraza de Trade Sky Club, la mirada alcanza distintos puntos de Buenos Aires: hacia el norte de la ciudad, el Río de la Plata y, a lo lejos, las torres de Puerto Madero. Abajo, Juan B. Justo atraviesa una zona que concentra buena parte del movimiento gastronómico y nocturno porteño; arriba, la ciudad se convierte en el telón de fondo de una propuesta de coctelería, gastronomía y DJs que puede extenderse durante nueve horas.

La impresión que produce la vista es inevitable. Paradójicamente, es también aquello de lo que sus creadores buscan no depender.
“Intentamos trabajar como si las vistas no existieran”, dice Andrés Rolando, socio fundador de MAD Group, creador de espacios como Nicky Harrison, Uptown y Trade Sky Bar. La frase resulta inesperada para un proyecto que ocupa el piso 28 de la torre Qiub, en la esquina de Honduras y Juan B. Justo, pero resume parte de la búsqueda: que gastronomía, coctelería, música y servicio construyan la experiencia junto con el paisaje, sin dejar que la altura sea el único argumento.
Del atardecer a la madrugada
Trade Sky Club abre a las seis de la tarde y permanece activo hasta las tres de la mañana. Esas nueve horas no fueron pensadas como una sucesión idéntica de servicio, sino como una transformación progresiva del espacio y de la experiencia.

Al principio, el movimiento sucede principalmente afuera. La terraza recibe el atardecer con el cielo abierto y la ciudad todavía iluminada por la última luz del día. Es el momento del after office, de una primera copa y de las mesas exteriores. A medida que avanza la noche, la dinámica empieza a trasladarse hacia el interior.
“Pensamos que la terraza abierta va a tener más protagonismo durante el sunset y el after office, cuando el clima acompaña y está esa sensación de tener el cielo abierto arriba”, explica Rolando. “Conforme pasa la noche, la situación se va yendo hacia la parte de adentro, donde uno puede tener una temperatura y un ambiente controlados, pero la vista sigue siendo espectacular”.
La propia distribución fue pensada para permitir esa circulación. Los 600 metros cuadrados se reparten entre salón, terraza y dos barras —una interior y otra exterior—, con capacidad para 180 cubiertos. Materiales nobles, iluminación envolvente y sectores diferenciados permiten pasar de un registro a otro sin perder la continuidad del conjunto.


A partir de las once, la energía cambia. La música y los DJs ganan presencia y aquello que algunas horas antes funcionaba alrededor del atardecer, las copas y la terraza empieza a acercarse al lenguaje del club.
Esa versatilidad atraviesa el proyecto: se puede llegar cuando todavía hay sol, tomar algo, cenar y encontrarse algunas horas después en una noche distinta sin haber cambiado de lugar.
Entre el bar y la discoteca
La elección de Palermo no es casual. “Si uno muestra lo que es Palermo, clava el compás en el edificio en el que estamos nosotros”, dice Rolando. Para MAD Group, la esquina de Honduras y Juan B. Justo no funciona como un borde del barrio sino como un punto desde el cual acceder a algunos de sus principales circuitos gastronómicos y nocturnos.
Abrir un nuevo espacio allí supone, sin embargo, hacerlo en uno de los barrios con mayor concentración de propuestas gastronómicas y de entretenimiento de Buenos Aires. Restaurantes, bares, coctelerías y clubes se suceden a pocas cuadras de distancia. Para MAD Group todavía había momentos de la noche —y públicos— con espacio para nuevas propuestas.
“Es una zona que tiene muchísima oferta, pero está un poco huérfana de opciones de after office y post cena”, sostiene Rolando.
La mirada está puesta especialmente en un público que quiere extender la salida sin necesariamente entrar en la dinámica de una discoteca. “Hay muchas opciones para públicos más jóvenes. Gente que tiene quizás 35 o 40 años está esperando una propuesta un poquito más para su edad”, explica.
Trade Sky Club busca instalarse precisamente allí: “algo intermedio entre un bar clásico y una discoteca”, según lo define Rolando.
La idea vuelve entonces al horario extendido y a la posibilidad de atravesar distintos momentos sin abandonar el lugar. No hace falta decidir de antemano si la noche será una copa, una cena o una salida hasta la madrugada: el espacio está pensado para que una cosa pueda llevar a la otra.


El universo Trade
Para entender Trade Sky Club hay que volver algunos años atrás y desplazarse hacia el centro de Buenos Aires. Allí, en los pisos 19 y 20 del edificio Comega, un rascacielos racionalista construido en la década de 1930, Trade Sky Bar encontró en la altura una de sus señas de identidad. En 2021, la revista británica Time Out lo ubicó en el puesto 21 de su selección de los 25 mejores rooftop bars del mundo.
El proyecto de Palermo retoma esa identidad y la traslada a otra escala y, especialmente, a otro ritmo. “Queríamos subirnos a eso que habíamos construido y poder darle una impronta, un extra”, cuenta Rolando. Ese extra aparece con mayor claridad después de las once de la noche, cuando la música gana protagonismo y la propuesta se extiende hasta las tres de la mañana.
La continuidad también aparece en la barra y la cocina. Trade Sky Club mantiene la propuesta de Trade Sky Bar, con cócteles clásicos y de autor, vinos, espumosos y platos pensados para compartir. Pero el nuevo formato suma la posibilidad de atravesar registros diferentes durante una misma noche: del rooftop al club, del cielo abierto al interior, de las primeras copas a la madrugada.
Desde el piso 28, Buenos Aires permanece a la vista mientras la propuesta cambia con el correr de las horas. Al atardecer, la terraza y las primeras copas; más tarde, la cena; entrada la noche, la música y el interior.
Buenos Aires es una ciudad acostumbrada a noches largas y a encadenar lugares: una copa, una cena, un bar, un club. Trade Sky Club ensaya el recorrido inverso. Mantiene la dirección y transforma el escenario.
Se puede llegar con luz de día y bajar nueve horas después. Entre una cosa y la otra, Palermo sigue ahí abajo.







