
Las personas que me conocen saben que la música ocupa una parte bastante importante de mi vida. Voy a conciertos prácticamente todas las semanas y, más de una vez, un show ha terminado convirtiéndose en la excusa perfecta para hacer una maleta y tomar un avión.
He viajado a Quebec y Austin por música y próximamente viajaré a San Diego para ver a Deftones. Y aunque probablemente nunca necesite demasiados argumentos para justificar un viaje que incluye un concierto, sí he aprendido algo después de organizar varios: si no planeas bien, el boleto puede terminar siendo el menor de tus gastos.
Vuelos, hospedaje, transporte, comida y ese merch que juraste que no ibas a comprar empiezan a sumarse bastante rápido.
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Con el tiempo he encontrado algunas formas de organizar un viaje para ir a un concierto sin gastar de más. Y casi siempre comienzo por el mismo lugar.
Primero compro el boleto
Mi regla número uno es bastante sencilla: si realmente quiero ir, intento comprar el boleto desde que sale a la venta.
Además de evitar el riesgo de quedarme sin entrada, algunos eventos manejan distintas fases o tipos de boletos cuyos precios pueden cambiar conforme avanza la venta. Y si el concierto se agota, la reventa puede complicar todavía más el presupuesto.
Eso sí, antes de comprar hago una revisión rápida. ¿Cuánto cuesta aproximadamente volar hasta esa ciudad? ¿Hay opciones de hospedaje dentro de mi presupuesto? ¿Realmente puedo hacer el viaje?
No necesito tener todo reservado, pero sí saber que el plan es posible.
Después empiezo a cazar vuelos
Con el concierto asegurado, empieza una de mis partes favoritas de la planeación: buscar el vuelo.
No necesariamente compro la primera opción que encuentro. Comparo fechas, activo alertas de precios y reviso constantemente promociones y descuentos que puedan aparecer.
Google Flights, por ejemplo, permite seguir el precio de una ruta y recibir notificaciones cuando cambia. También vale la pena revisar directamente las promociones de las aerolíneas y los descuentos o beneficios disponibles con algunas tarjetas bancarias.
La flexibilidad ayuda. A veces llegar un día antes o regresar uno después puede modificar el precio del vuelo.
Y siempre hago la cuenta completa: una tarifa que parece baratísima puede dejar de serlo cuando agregas equipaje, selección de asiento o el traslado desde un aeropuerto que está bastante lejos de la ciudad.
El hotel no tiene que estar junto al concierto
Después viene el hospedaje. Mi prioridad no es necesariamente dormir frente al recinto, sino encontrar un lugar que tenga sentido para todo el viaje. Antes de reservar reviso las distancias, las conexiones de transporte público y, especialmente, cómo voy a regresar después del concierto.
Porque encontrar un hotel más barato sirve de poco si al terminar el show tienes que gastar una fortuna para volver.
También existen alternativas para reducir este gasto. Couchsurfing, por ejemplo, conecta viajeros con anfitriones locales que pueden ofrecer alojamiento sin cobrar por la estancia. La plataforma permite consultar perfiles y referencias de otros miembros antes de solicitar hospedaje.
En este tipo de opciones es especialmente importante revisar referencias, condiciones y medidas de seguridad antes de tomar cualquier decisión.
Hago un presupuesto real (y dejo espacio para la merch)
Algo que he aprendido es que organizar un viaje para ir a un concierto significa hacer cuentas más allá del boleto. Una vez que sé cuánto gastaré en entrada, vuelo y hospedaje, calculo cuánto puedo destinar diariamente a comida, transporte y actividades.
Y sí, intento dejar un pequeño presupuesto para merch o para lo que se me antoje. Porque puedo decir antes del concierto que no necesito otra playera de una banda. Lo que suceda cuando esté frente al puesto de mercancía es otro asunto.
También guardo un poco para imprevistos. Un vuelo puede retrasarse, el transporte puede ser más caro de lo esperado o simplemente puede aparecer algún plan que no tenía contemplado.
Aprovecho para conocer la ciudad
Esta probablemente sea mi parte favorita de viajar por música. El concierto es el motivo que me llevó hasta ahí, pero intento que no sea lo único que conozca del destino.
Si ya pagué un vuelo y crucé una frontera para escuchar a una banda, también quiero caminar por la ciudad, probar algo que no encontraría en casa, entrar a algún museo, descubrir una cafetería o simplemente tener unas horas para recorrer sin demasiado plan.
No todo tiene que costar dinero. Parques, mercados, barrios para caminar, miradores y algunos museos pueden llenar perfectamente un día sin aumentar demasiado el presupuesto. Al final, algunos de mis viajes han comenzado de la misma manera: anunciaron un concierto y pensé “tengo que estar ahí”.
Después vienen las alertas de vuelos, las pestañas abiertas buscando hoteles, las cuentas y el itinerario.
Pero cuando finalmente se apagan las luces y empieza a sonar esa canción por la que tomaste un avión, todo empieza a tener bastante sentido.
Y sí, probablemente vuelva a organizar muchos viajes alrededor de conciertos. Solo espero seguir encontrando vuelos baratos para hacerlo.







