Hay un momento durante la navegación por la península de Datça en el que vale la pena apagar los motores y quedarse ahí. Las montañas cubiertas de pinos descienden hacia pequeñas bahías, el movimiento del agua apenas se percibe y el azul adquiere tonalidades distintas. Conviene tomar el tiempo para entrar al agua, tranquila, transparente, y ponerse a pensar por qué buena parte de la vida aquí sucede mirando hacia el mar.
Datça ocupa una extensa península de la provincia de Muğla, en el punto donde se encuentran el Egeo y el Mediterráneo. Sus montañas han dibujado a lo largo de la costa decenas de bahías y entradas de mar, muchas de ellas accesibles principalmente en barco.

En medio de esa geografía aparece D Maris Bay, una de las propiedades insignia de Doğuş Hospitality & Retail Group. El hotel ocupa una bahía apartada dentro de un área protegida de la península y su ubicación ayuda a explicar buena parte de la experiencia: seis playas privadas se distribuyen frente al agua, las montañas rodean la propiedad y los barcos, principalmente durante el verano, forman parte habitual del paisaje.

Doğuş Hospitality & Retail Group ha construido un portafolio internacional que reúne hotelería, gastronomía, retail, viajes y entretenimiento, con presencia en 26 países y 62 ciudades. Dentro de ese universo, D Maris Bay representa una de sus expresiones más completas de hospitalidad de súper lujo en Turquía, con una propuesta donde el entorno natural determina buena parte de lo que ocurre durante la estancia.

Algunos huéspedes llegan a D Maris Bay a bordo de sus propias embarcaciones y utilizan sus instalaciones de amarre. Para quienes llegan por tierra, el camino puede recorrerse desde el Aeropuerto Internacional de Dalaman, ubicado a 130 kilómetros de la propiedad. Desde ahí, un traslado privado de aproximadamente dos horas y media atraviesa una sucesión de montañas, bosques y pequeños poblados hasta internarse en la península de Datça y llegar a la bahía donde se encuentra el hotel.
Alia Open Sea, el yate a motor diseñado a medida para D Maris Bay, permite realizar travesías privadas con tripulación hacia islas, pueblos y bahías cercanas, desde recorridos durante el día hasta itinerarios con una noche a bordo. Durante nuestro viaje elegimos salir a navegar, bajar al agua y nadar por unos minutos, rodeados por un azul intenso y por un paisaje donde los pinos llegan prácticamente hasta el mar.

La tradición de recorrer esta región en barco tiene incluso un nombre propio en Turquía, Blue Voyage, una forma de viajar por las costas del Egeo y el Mediterráneo aprovechando una geografía en la que muchas calas continúan siendo más fáciles de alcanzar desde el agua. Datça ocupa un lugar privilegiado dentro de estas rutas precisamente por la cantidad de bahías que recortan ambos lados de la península.
Del silencio de la playa a una mesa frente al mar
De regreso en D Maris Bay, la relación con el agua continúa, cada una de sus playas tiene una personalidad diferente y desplazarse entre ellas permite cambiar el ritmo del día sin abandonar la propiedad. Silence Beach propone precisamente tranquilidad; The Bay Beach concentra buena parte de la actividad del resort; mientras que Maris Beach se encuentra junto a Manos, y La Guérite incorpora música y una atmósfera mucho más animada.
Esa posibilidad de elegir cómo transcurre el día define buena parte del hedonismo de D Maris Bay. Puede comenzar con un baño temprano, continuar navegando, regresar para comer junto al mar y terminar varias horas después en una mesa donde la música y el tiempo modifican poco a poco el ambiente. El lujo se percibe en la facilidad con la que esos momentos se enlazan y en la libertad de decidir cuánto tiempo dedicar a cada uno.

Así como la historia de la región, la gastronomía tiene un peso particular. D Maris Kitchen lleva sabores del Egeo y Anatolia a una cocina contemporánea; Manos recupera el espíritu de una taberna griega con pescados, mariscos y mezze; La Guérite traslada a la bahía parte de la energía de Cannes y St. Barths; Zuma aporta una cocina japonesa contemporánea, mientras Aurora Capri incorpora una historia gastronómica italiana de más de 130 años.
El resultado permite recorrer diferentes cocinas del Mediterráneo sin perder de vista la bahía. Algunas comidas pueden extenderse durante horas y esa falta de prisa encaja particularmente bien con el lugar. Entre una mesa y otra, siguen estando el mar, las playas y la posibilidad de volver al agua.
Durante nuestra estancia, incluso los detalles más vinculados con la moda reforzaban esa atmósfera. La intervención de Dior en la piscina llevó los códigos de la maison a sombrillas, camastros y otros elementos de la experiencia junto al agua, una colaboración que encontraba en este escenario una expresión particularmente natural del universo del resort.

Un lujo marcado por el lugar
D Maris Bay también permite alejarse del ritmo social de sus restaurantes y playas. El bienestar, los tratamientos de spa, el yoga al aire libre y las actividades deportivas como tenis o paddel con su academia privada, conviven con deportes acuáticos como vela, wakeboard y la tabla de surf eléctrica. El itinerario puede combinar varios elementos durante el mismo día, de la tranquilidad de una playa a una embarcación, de ahí a una comida prolongada y, más tarde, a una noche frente al mar.

La propiedad reúne algunas de las marcas internacionales de gastronomía y estilo de vida que forman parte del ecosistema del grupo y las integra en un destino cuya geografía sigue teniendo la última palabra. Las playas, los restaurantes y los barcos están ahí porque existe primero una bahía y un entorno capaz de reunirlos. Esta es la imagen final con la que nos quedamos, un barco, una bahía que protege los placeres que D Maris Bay reserva, y tiempo suficiente para decidir dónde detenernos.
Agradecemos a todo el equipo de Doğuş Hospitality & Retail Group, D Maris Bay y PR Diamond por abrirnos las puertas y mostrarnos las bondades de este fascinante entorno de Turquía.
D Maris Bay








