Los suelos volcánicos, las aguas del Atlántico y una despensa muy especial despiertan los sentidos desde su cocina. Tanto en las recetas transmitidas entre generaciones, como en la alta cocina que ha situado a la isla en el mapa gastronómico internacional, cada bocado cuenta una parte de la historia de Tenerife. Además, Santa Cruz de Tenerife será el escaparate de la gastronomía canaria en 2027, una celebración por todo lo alto del buen comer isleño.
Un territorio multipremiado
Los reconocimientos reflejan la investigación y el afán de los profesionales de la isla por dar a conocer su gastronomía. Tenerife es la isla más galardonada del archipiélago con 11 estrellas Michelin repartidas entre nueve restaurantes y 48 establecimientos reconocidos en la Guía Repsol. Toda una constelación. En la zona sur de la isla, destacan M. B., liderado por Erlantz Gorostiza y bajo el paraguas de Martín Berasategui; y El Rincón de Juan Carlos, de los hermanos Padrón; ambos con dos estrellas Michelin. El segundo está situado en el complejo Royal Hideaway Corales Resort 5* GL, donde también se encuentran Il Bocconcino, que reinterpreta la cocina italiana con ingredientes locales, y San-Hô, donde los chefs Adrián Bosch y Eduardo Domínguez fusionan las cocinas japonesa, peruana y canaria. En Adeje brillan con luz propia Nub, la cocina-fusión de Fernanda Fuentes-Cárdenas y Andrea Bernardi, y Donaire, un espacio con espectaculares vistas al océano bajo la batuta de Jesús Camacho.
En Arona, el Hotel Villa Cortés alberga Taste 1973, donde destacan la técnica y los sabores de la propuesta de Diego Schattenhofer. Los últimos en sumarse a la constelación Michelin han sido Haydée by Víctor Suárez, de influencias asiáticas y peruanas, y El Taller de Seve Díaz, situado en el centro del Puerto de Santa Cruz, que cuida el producto local con influencias mediterráneas en un espacio sereno.
Tradición y producto
Sin embargo, para obtener una compresión profunda de la gastronomía de Tenerife hay que acercarse también a otro tipo de restaurantes. En el norte, los guachinches mantienen viva una de las expresiones más particulares de la cocina local. Se trata de establecimientos vinculados tradicionalmente a los viticultores en los que el vino de cosecha propia se acompaña de platos caseros. Visitar un guachinche es la mejor forma de probar delicias como el reconfortante puchero canario, las cazuelas de pescado, los potajes, las carnes de cabra y conejo o las imprescindibles papas arrugadas con mojo.
La despensa explica buena parte de la particular gastronomía canaria. Las papas antiguas de Canarias, protegidas por una DOP desde 2013, son uno de los productos esenciales. Conviene detenerse en ellas, ya que su sabor no se puede degustar en la Península Ibérica, una papa antigua canaria es un mundo distinto a las patatas del resto de España, un bocado sabroso que abre horizontes en el paladar.
También despuntan los excelentes quesos artesanales, elaborados principalmente con leche de cabra. Sería absurdo enumerar las variedades que se elaboran en las múltiples queserías de la isla. Su sabor fresco y cremosidad son bien conocidos.
Y, cómo no, la miel de Tenerife, el plátano de Canarias o los pescados del Atlántico. El gofio, la mezcla de trigo, millo y cebada tostada y molida; es toda una institución isleña. Dependiendo de la mezcla de cereales es más suave o rotundo. Puede disfrutarse disuelto en el desayuno, mezclado en caldos de carne o pescado o en las famosas pellas de gofio dulces.
Isla de vinos
Tenerife reúne 3.200 hectáreas de viñedo, más de un centenar de bodegas y seis denominaciones de origen. Es una isla de grandes vinos y de variedades autóctonas como Listán negro, Listán blanco y malvasía volcánica. Además, sus antiguos paisajes vitícolas conservan técnicas como el cordón trenzado del Valle de La Orotava. Ya se sabe, una orografía complicada hizo generar soluciones ingeniosas. Un recorrido por bodegas y viñedos tinerfeños añade otra capa al viaje por la gastronomía de la isla.
Todo buen ágape acaba con un toque dulce. En Tenerife hay delicias como el bienmesabe, el frangollo, los rosquetes, las truchas o el tradicional turrón de Tacoronte acompañado de un barraquito. El histórico cultivo del azúcar de caña hace de la isla un paraíso para los amantes de los postres dulces y sabrosos.








