Solo algunos hoteles pueden presumir de albergar en sus paredes un parte de la historia de la ciudad a la que pertenecen. Es el caso de The One Monumental Palace, en Oporto, que ocupa un espectacular edificio neoclásico construido en 1923, antiguo Café Monumental, uno de los lugares de encuentro de la alta sociedad portuense durante los años treinta y cuarenta del siglo pasado. Su exquisito interiorismo convive con aquella memoria recuperando el esplendor del pasado sin renunciar a las comodidades de un hotel de lujo contemporáneo.
Además, su ubicación en la Avenida dos Aliados, la gran arteria del centro porteño y justo al lado del Ayuntamiento, completa la experiencia urbana de lujo. Desde aquí es sencillo desplazarse hasta lugares emblemáticos como la estación de São Bento, la Torre de los Clérigos o la librería Lello.
Una propuesta gastronómica de altura
Le Monument, liderado por el chef Julien Montbabut, está a la altura de la majestuosidad del hotel. Sus platos interpretan la tradición portuguesa mediante técnicas contemporáneas y algunos vínculos con la alta cocina francesa. Su propuesta gastronómica brilla con luz propia: cuenta con dos Soles Repsol, figura entre los 1.000 mejores restaurantes del mundo según La Liste y acaba de revalidar su estrella Michelin este año.

Las paredes el antiguo Café Monumental cobran vida gracias a Yakuza, otro de los restaurantes del hotel. El chef portugués Olivier da Costa, propone una cocina japonesa de fusión con matices brasileños. A ellos se suman The Mezzanine, el lugar donde probablemente se sirvan los mejores desayunos y brunches de Oporto, y el American Bar, donde disfrutar de excelentes cócteles de autor.
Espacio para el wellness y las reuniones
Cuando llega el momento del relax, los 350 m² del Grand Bleu Spa son el lugar idóneo. Zona de aguas, hammam, sauna, área de relajación, tres salas de tratamientos —una de ellas para parejas— y un gimnasio equipado con tecnología de última generación. Cada tratamiento puede personalizarse y utiliza productos de firmas como la vegana Ignae, de las Azores, y Augustinus Bader.

La experiencia se completa con tres salones para reuniones y eventos, equipados con todo lo necesario, además de servicios como conserjería, aparcacoches y aparcamiento. Todo ello forma parte de una propuesta que ha llevado al hotel a integrarse en The Leading Hotels of the World, junto a otros consorcios internacionales de lujo.
Un hotel donde el pasado sigue presente
Las puertas de entrada al hotel son las originales de madera y vidrio, con una hermosa decoración neoclásica. Su lobby combina mármol geométrico, sofás de terciopelo y lámparas de inspiración art déco. Un tapiz del artista C. Dominique domina el espacio.

La biblioteca, con más de 700 libros en diferentes idiomas, y el salón de huéspedes presidido por una chimenea prolongan esa atmósfera de refugio. Maderas nobles, lacas brillantes, mármoles y textiles diseñados a medida completan un interiorismo que también incorpora guiños al espíritu viajero de los años treinta. Además, la colaboración con la galería local Tilsitt Gallery, suma obras de artistas internacionales a las zonas comunes.
Las habitaciones mantienen ese equilibrio entre carácter histórico y confort contemporáneo. Sus espacios, amplios y luminosos, están decorados con paneles de ante, tapicerías y maderas de calidad. Las suites de las plantas superiores añaden salones independientes. Entre ellas, destaca la Suite Monumental, de 87 m².








