
Nacido en Cachagua y consolidado en Vitacura, el proyecto de los hermanos Raide convirtió la cocina marina chilena en una experiencia urbana de producto, territorio y mirada de país. Con Valle de Apalta como próximo paso, su recorrido empieza a dibujar una nueva cartografía gastronómica chilena.
Casa Las Cujas empezó mirando el mar. En 2014, Max, Domingo y Juan Pablo Raide abrieron en Cachagua, un balneario a dos horas en auto de Santiago, una cocina de playa armada alrededor de lo que el Pacífico entregaba cada día. Con la costa como escenario, el ritmo lo marcaban la temporada y la pesca, y la mesa giraba en torno a una convicción: servir el mar chileno con la menor distancia posible entre origen, cocina y plato.
Qué hacer en Santiago de Chile
Antes de ser una propuesta gastronómica, el vínculo con el mar empezó en la infancia. Los Raide crecieron cerca de la costa, entre la cocina y el buceo, deporte que practicaron desde chicos. Esa familiaridad con el océano marcó la forma de pensar el restaurante y también el traslado posterior a la capital. “Al tener esa cercanía y conexión con nuestra costa quisimos replicar todo eso en Santiago, para que literalmente pudiéramos llevar el mar al plato de nuestros clientes”, explica el trío.

Memoria costera
Cuando Casa Las Cujas viajó a la capital, el desafío no fue menor. Había que trasladar una cocina nacida frente al océano a una ciudad atravesada por otra velocidad, otro paisaje y otro tipo de comensal. En ese pasaje surgió uno de los diferenciales de la propuesta: qué conservar para que una cocina del Pacífico mantuviera su verdad lejos de la costa. El camino apareció en una serie de decisiones concretas como una despensa fresca, carta atenta a la temporada, vinos nacionales, servicio cuidado y una sala capaz de replicar la atmósfera costera.
En Vitacura, una de las comunas más elegantes del sector oriente de Santiago, Casa Las Cujas traduce esa memoria costera en un lenguaje urbano. La playa aparece en el modo de recibir, conservar y trabajar cada pescado y cada marisco, así como en una piscina marina que vuelve visible aquello que muchas veces queda oculto entre la cocina y el plato. Más que prometer frescura, Casa Las Cujas la muestra. El insumo está ahí, todavía cercade su origen, como una pequeña despensa viva en medio de la ciudad.
El sabor de Latinoamérica: cinco chefs imprescindibles
La cocina chilena de mar tiene algo de evidencia y algo de secreto. Chile posee una despensa oceánica vasta, diversa, pero lo que entrega el Océano Pacífico todavía no circula en el imaginario internacional con la misma naturalidad que otros grandes polos marinos. Japón, España o Portugal construyeron relatos gastronómicos muy reconocibles alrededor de su materia prima y sus rituales de consumo. Chile tiene una riqueza enorme, aunque todavía menos instalada como deseo global. Casa Las Cujas trabaja justamente en esa zona, tomando un patrimonio que siempre estuvo ahí y dándole relato, servicio, cuidado y contexto.
La cuestión, para los Raide, no pasa solo por mostrar especies o preparaciones, sino por dejar que la materia prima se exprese con mayor claridad. Según los hermanos, en algunas recetas clásicas de la cocina chilena, las salsas, los quesos o ciertas cocciones pueden modificar la percepción de la materia prima. En Casa Las Cujas el gesto va en otra dirección. Uno de sus platos estrella trabaja con machas crudas, una preparación menos conocida que realza el sabor propio de este molusco. Ahí, dicen, “la cocina de playa cobra sentido”, elevando un producto clásico con gestos simples.
Buena parte de la cocina del restaurante se entiende bajo esa premisa. Ostras, almejas, locos, machas, centolla, pescados de la costa y especies menos conocidas llegan al comensal con una premisa clara: intervención mínima, aunque con gran exigencia de conocimiento, timing y criterio. La sofisticación está en ese límite, en el punto exacto en que la cocina sabe retirarse un poco para dejar hablar al mar.


Detrás de ese recorrido están los hermanos Raide. Su historia tiene que ver con una forma de leer la ciudad y activar zonas alrededor de la gastronomía. Donde otros ven locales, ellos parecen ver coordenadas posibles. En Vitacura, su trabajo quedó ligado primero al antiguo Barrio Europeo, alrededor de la avenida Alonso de Córdova, y luego al desarrollo del Barrio Patagónico, con Casa Las Cujas como uno de sus ejes principales. Esa mirada permite entender algo más amplio que la apertura de un restaurante: crecer y creer en Chile a partir de lo que el país ya tiene, pero todavía puede contar mejor.
12 años de Casa Las Cujas
Así, Casa Las Cujas forma parte de una manera de construir escena. Los Raide arman territorio, ocupan esquinas, conectan marcas, atraen público, invitan cocineros, generan conversación. En ese esquema, la gastronomía se vuelve una fuerza que rediseña la circulación de una ciudad. La Ruta Trasandina también forma parte de esa búsqueda. En mayo, Casa Las Cujas celebró su 12º aniversario con la cuarta edición de este encuentro que reunió cocineros, sommeliers, bodegas y referentes de América Latina y Asia. La celebración contó con cenas colaborativas, cruces entre cocinas, visitas a bodegas y una conversación sostenida alrededor del insumo local.

En la edición 2026 participaron figuras de distintos países y escenas, con una presencia inédita de Asia y un cierre ligado al Valle de Colchagua. En ese mapa de encuentros, Casa Las Cujas empieza a exceder la escala de una mesa de Santiago para operar como anfitrión de una red regional. El restaurante convoca, recibe, hostea y su cocina de mar se vuelve punto de encuentro para hablar también de vino, paisaje, oficio y futuro latinoamericano.
El reconocimiento internacional acompaña esa proyección. En 2025, Casa Las Cujas ingresó al puesto 14 de Latin America’s 50 Best Restaurants y recibió el premio Highest New Entry. En 2026, Max Raide y el restaurante fueron incorporados a la expansión sudamericana de JRE–Jeunes Restaurateurs. El dato funciona como una señal de época: una cocina de playa chilena, sostenida en producto vivo, temporalidad y regionalidad, empieza a ocupar un lugar propio dentro de una conversación más amplia.
El mapa, además, sigue abriéndose: Valle de Apalta será la próxima apertura de Casa Las Cujas. “Así como lo hicimos de Cachagua a Santiago, queremos hacerlo de Santiago a Apalta”, explican los Raide. Su sello es “transportar el mar a todas partes” acompañando con pesca estacional y ligada a cada paisaje. Y rematan: “Nosotros habitamos el territorio desde la cocina.”
La potencia de Casa Las Cujas radica en su movimiento. Cada desplazamiento y nueva apertura suma una lectura innovadora de la geografía chilena. En Cachagua, el mar era origen. En Santiago, el Pacífico se volvió experiencia urbana. En Apalta, empieza a delinearse una conversación con el vino y los valles interiores de Chile. Esa secuencia permite pensar una manera distinta de recorrer el país desde la mesa, menos atada a postales fijas y más cercana a la circulación real de su patrimonio comestible, sus cocineros y sus escenas.
Casa Las Cujas llevó el mar a Santiago, pero su recorrido habla de un país que puede pensarse desde su costa sin quedarse sólo en el mar, desde sus vinos sin reducirse al viñedo, desde sus restaurantes sin perder de vista a quienes trabajan la materia viva antes de que llegue al plato. Costa, capital y valle empiezan a leerse como partes de una misma búsqueda. Así, Casa Las Cujas propone una forma contemporánea de pensar la gastronomía chilena.







