
A unos pasos del kiosco de Coyoacán, entre calles llenas de historia, cafés y paseos de domingo, hay un lugar que combina hospitalidad, creatividad y comida italiana reconfortante: Traficante de Pizza.
Ambiente familiar, platos generosos y pizzas con personalidad
Desde que llegas, el ambiente se siente cálido y familiar. Mesas compartidas entre grupos de amigos, familias pasando platos al centro y pizzas recorriendo el salón crean esa sensación de restaurante al que uno quiere volver. Aquí no hay pretensión; hay buena comida, porciones generosas y un equipo que entiende perfectamente que comer también es una forma de apapacho.
Detrás del proyecto está Reno Guerrero, quien convirtió su pasión por la cocina y la panificación en un espacio donde la pizza napolitana contemporánea se encuentra con ingredientes y sabores mexicanos. Lo interesante de Traficante de Pizza es que no busca replicar lo clásico al pie de la letra, sino reinterpretarlo con personalidad propia.
La experiencia empieza desde las entradas. El carpaccio de res llega con láminas perfectamente selladas, especias, parmesano y un aderezo estilo César que equilibra frescura y profundidad. Después aparece la ensalada Nevadita, uno de esos platos que sorprenden por lo simple y bien ejecutado: berros, jícama, ajonjolí y una montaña de parmesano con aderezo de ajo rostizado que hace imposible no pedir otra porción.

Pero el verdadero protagonista es la pizza. La Corona del Capo resume muy bien la filosofía del lugar: divertida, abundante y cero convencional. La base combina salsa pomodoro, mozzarella, pera y almendra fileteada, mientras que la orilla está cubierta de prosciutto para asegurarse de que nadie deje el borde del plato abandonado.

Las porciones son considerables —de esas que invitan a compartir— y el menú tiene suficientes opciones para regresar varias veces sin repetir pedido. También hay pastas reconfortantes, como el spaghetti con camarones en salsa de mantequilla, echalote, vino blanco y limón amarillo, una combinación clásica que aquí se siente ligera y perfectamente balanceada.


Y cuando parece que ya no cabe nada más, llegan los postres. El tiramisú, el calzone de manzana con helado de vainilla y los angiolettis con crema de avellana, pistache y azúcar con canela terminan de confirmar que este lugar entiende perfectamente el concepto de comfort food.

De una dark kitchen en Portales a una de las pizzas más queridas de Coyoacán
Detrás de Traficante de Pizza están Reno Guerrero y Josué Salas, dos primos que llevan años construyendo este proyecto casi como si fuera una extensión de su propia familia. Antes de convertirse en uno de los spots favoritos para comer pizza cerca del kiosco de Coyoacán, todo empezó en 2022 como una dark kitchen llamada Traficante de Pasta en la colonia Portales. Mientras Reno se obsesionaba con las masas, las fermentaciones y las recetas, Josué desarrollaba toda la identidad visual del lugar: un universo inspirado en caricaturas vintage, personajes italianos y referencias divertidas que hoy siguen apareciendo en cada rincón del restaurante.
Con el tiempo, el proyecto evolucionó hacia la pizza napolitana contemporánea, pero las pastas nunca desaparecieron del menú. De hecho, siguen siendo una de las razones por las que muchos regresan. Hoy, Traficante de Pizza tiene dos sucursales y una propuesta que se siente relajada, creativa y muy personal. Hay muchísimos sabores de pizza y ninguna se siente igual a la otra: algunas mezclan ingredientes italianos con productos mexicanos, otras apuestan por combinaciones inesperadas, pero todas mantienen esa idea de hacer comida divertida, generosa y pensada para compartirse al centro de la mesa.

Traficante de Pizza logra algo que no siempre es fácil: sentirse auténtico. Tal vez por eso las mesas están llenas de familias, parejas y grupos de amigos compartiendo pizzas enormes mientras el ruido de la cocina y las conversaciones hacen que todo se sienta vivo. En una zona tan visitada como Coyoacán, encontrar un restaurante que todavía conserve esa sensación cercana y honesta se agradece muchísimo.







