
Cartagena se entiende a través de sus barrios. En Getsemaní, uno de los más dinámicos y auténticos de la ciudad, Four Seasons Hotel and Residences Cartagena ha comenzado a aceptar reservaciones previo a su apertura esta primavera, integrándose a un entorno donde la historia, la vida local y el diseño contemporáneo conviven de forma natural.
Ubicado en Getsemaní, a pasos de la Ciudad Amurallada y frente al centro de convenciones, el hotel se integra al entorno con una naturalidad poco común en los grandes proyectos de lujo. Aquí, la sofisticación no interrumpe la vida del barrio: la acompaña.
El complejo ocupa un conjunto de edificios históricos que atraviesan siglos: desde antiguos espacios religiosos del siglo XVI hasta teatros y clubes sociales que marcaron la vida cultural de Cartagena en el siglo XX. Restaurados con precisión y sensibilidad, estos espacios se conectan a través de patios tranquilos, pasillos al aire libre y fachadas que conservan la memoria del lugar, mientras que al interior, la tecnología y el confort contemporáneo hacen su trabajo en silencio.

El diseño del Four Seasons Hotel and Residences Cartagena lleva la firma del célebre François Catroux, quien logró un equilibrio poco frecuente entre elegancia clásica y calidez habitada. Su intervención , una de las últimas de su carrera, se percibe en detalles sutiles: proporciones cuidadas, materiales nobles y una atmósfera que invita tanto a quedarse como a explorar. Lejos del lujo rígido, aquí todo se siente vivido.
Desde los rooftops, la ciudad se despliega en capas: los techos coloridos de Getsemaní, el movimiento del puerto y, al caer la tarde, ese Caribe que pinta los cielos sin pedir permiso. Dos terrazas con piscina se convierten en puntos de encuentro donde el tiempo se estira entre un chapuzón y un cóctel al atardecer.
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La propuesta gastronómica acompaña esa idea de descubrimiento constante. Ocho restaurantes y bares conviven dentro del hotel, entre ellos una colaboración con Major Food Group, conocida por reinterpretar clásicos con una energía contemporánea. Hay espacios formales y otros relajados, bares animados y rincones íntimos, además de un café donde el pan recién horneado se encuentra con uno de los orgullos nacionales: el café colombiano.
Pero el Four Seasons Hotel and Residences Cartagena no se entiende sin su relación con el barrio. Getsemaní sigue siendo ese lugar donde los vecinos juegan dominó en la tarde y las calles se llenan de música, arte urbano y conversaciones espontáneas. El hotel funciona como una puerta de entrada para conocer esa vida cotidiana: recorridos de grafiti guiados por artistas locales, caminatas por plazas históricas, visitas a talleres y galerías, o salidas al mar en yate privado hacia islas cercanas para nadar, hacer esnórquel y almorzar a bordo.
Para quienes buscan ir más allá, también hay experiencias en la naturaleza: reservas privadas donde es posible avistar fauna endémica y conectar con un Caribe menos explorado.
Las 131 habitaciones y suites continúan esta narrativa. Algunas conservan el espíritu colonial, con terrazas que miran a patios interiores; otras apuestan por líneas contemporáneas y vistas abiertas. Entre ellas destacan residencias amplias pensadas para estancias largas, donde la privacidad y el diseño dialogan con el entorno.
El bienestar tiene su propio ritmo en UMARI Spa, un espacio concebido como refugio urbano, con tratamientos, áreas de belleza, gimnasio abierto 24 horas y una atmósfera que invita a bajar el volumen del día.
Más que una nueva apertura, Four Seasons Cartagena representa una forma de entender el lujo actual: aquel que respeta el lugar que habita, celebra su identidad y se integra a la vida local sin imponerse. Un hotel que no solo se visita, sino que se vive —al mismo paso que la ciudad que lo rodea.







