Nuestro grupo era lo más lejano a ser astronautas, pero nos aventuramos con una misión más que clara: un viaje del que debíamos regresar, no solo con una foto espectacular para la portada de esta edición (en su versión impresa de primavera), sino también con un entendimiento profundo de la esencia auténtica de una de las ciudades más grandes, diversas y extensas de Estados Unidos. Ansiábamos sumergirnos en Houston, hablar con su gente y entender su particular dinamismo multicultural.
En 1970, la famosa misión Apollo XIII con rumbo a la Luna mantuvo al mundo en vilo mientras se desarrollaba el dramático regreso de tres astronautas al planeta. La noticia alcanzó un nivel global tan elevado, que incluso países rivales en plena Guerra Fría expresaron apoyo y esperanza por las vidas de los exploradores. Houston llevaba apenas siete años operando el Johnson Space Center (llamado Manned Spacecraft Center, al momento del suceso) y ya era una ciudad que estaba atrayendo a personas y científicos de todo el mundo.

Hoy, Space Center Houston se mantiene como uno de los atractivos de la urbe, denominada así en homenaje a Sam Houston, quien fuera el primer presidente de la República Texana. Pero a estas instalaciones se le han sumado incontables experiencias, museos, restaurantes, hoteles, comunidades, barrios. Lo que hoy atrae aquí a cualquiera no ocurre en la órbita sideral, sucede en la cotidianidad de esta metrópolis del sureste texano.

Llegar a Houston desde México es una experiencia suave para el viajero inquieto. El vuelo toma apenas una hora y 50 minutos (desde CDMX). Arribamos con la idea de encontrarnos con una ciudad moderna, industrial, inmensa, algo difícil de digerir por su vastedad, son más de 1 700 kilómetros cuadrados de superficie total, pero bastan los
primeros minutos para que esa imagen comience a transformarse.
Entendimos muy temprano en nuestra travesía que Houston se mueve gracias a personas valientes y decididas que llegaron desde los sitios más recónditos y que decidieron quedarse en esta latitud para construir una nueva historia, como la que tratamos de contar en estas páginas. Miles de memorias que se cuentan como una sola.
De los más de 695 000 kilómetros cuadrados que abarca el enorme estado de Texas, Houston se posiciona como la ciudad más diversa. Y no sólo de esta entidad, también de la Unión Americana. Es reconocida en muchos rankings como una de las áreas urbanas más ricas en cultura, gastronomía, comunidades, frecuentemente colocándose por especialistas incluso por encima de Nueva York y Los Ángeles. Al presentar una gran variedad de grupos raciales, se deduce que no existe uno dominante; en comparación con las dos megalópolis de las costas Este y Oeste donde la diversidad se siente casi ‘curada’, en Houston es simplemente parte de la rutina.

Fundada en la década de 1830, se convirtió en capital temprana de la incipiente y emancipada República de Texas, por un breve periodo. Muy pronto comenzó a adaptarse a lo que los Houstonians (su gentilicio) pedían: primero la agricultura; luego, el petróleo; después, la energía, la medicina, el espacio. Habitada por 2,3 millones de personas, hoy es la cuarta concentración poblacional más grande de Estados Unidos, y la segunda más grande en extensión sólo después de Anchorage, la mayor ciudad de Alaska.
Su enorme infraestructura está hecha para que la movilidad sea eficiente, gracias a su red vial de más de 31 000 kilómetros puedes llegar a cualquier punto prácticamente en minutos.
Incluso se vuelve un atractivo clave en una ciudad moderna, por ejemplo, la Katy Freeway (I-10) es considerada una de las carreteras con más carriles del mundo, logrando incorporar siete carriles de cada lado de la vía, y en algunos segmentos puedes ver hasta 26 carriles en total. Esa esencia de urbanidad moderna le da también un atractivo único a Houston. No todo se concentra en un lugar, la ciudad se extiende por kilómetros y kilómetros, lo que te hace sentir que nunca terminas de conocerla verdaderamente.
Ciudad multicolor y multicultural
Nos hospedamos en el Thompson Houston, el hotel perfecto si eres difícil de impresionar. A unos minutos de Downtown y con el Buffalo Bayou Park a solo unos pasos, es un refugio sofisticado y contemporáneo. No está en Montrose, Midtown o el East End, pero sí lo suficientemente cerca para moverte fácilmente entre ellos. Un amplísimo mirador detrás del lobby te recibe con una vista impresionante del skyline icónico de Houston. Un horizonte que aloja una muralla de edificios impactantes se asoman altísimos rodeados de carreteras, impactados por un sol que magnifica tu vista desde la habitación. A esta postal, se suma una piscina infinity exterior climatizada,
un bar, restaurante, acceso a gimnasio, transportación complementaria 5 km a la redonda, bicicletas eléctricas para uso de los huéspedes y 172 habitaciones con acabados de lujo, baños amplios y ventanales de piso a techo. El hotel perfecto para iniciar el descubrimiento de la ciudad por su estilo urbano y estética contemporánea, siempre con una sensación de amplitud constante.

Aún no salíamos del hotel a nuestro primer destino cuando ya habíamos interactuado con personas de República Dominicana, Cuba, México y Galveston, importante puerto texano. Durante las primeras horas, nos pareció un tanto curioso no encontrarnos con un Houstonian, pero cuando te topas con uno de ellos, una de las cualidades que más aprecian de la ciudad es su diversidad y la riqueza que esta mezcla le da en gastronomía, cultura, negocios y un poderoso crisol de elementos que los dota de una identidad única.
Un ejemplo perfecto de creatividad abrazando lo local es Magpies & Peacocks, una casa de diseño sin fines de lucro que replantea los deshechos en la moda y los transforma en piezas verdaderamente únicas. Ahí laboran mujeres talentosas que, con apoyo de la comunidad, pero ante todo mediante una creatividad e innovación absoluta reciclan desde cobijas, prendas viejas o manteles, hasta piel de asientos de aviones, para convertirlos en piezas únicas y de alto valor. Su trabajo habla por sí mismo en el front cover de esta edición. Puedes incluso adentrarte en pequeñas comunidades como Persa Place, un espacio liderado enteramente por mujeres que cuenta con múltiples boutiques donde lo artesanal y lo hecho a mano se prioriza. Encontrarás tiendas para comprar ropa vintage donde las mismas dueñas fungen como curadoras, con un trabajo que se aprecia en la calidad y la atención al detalle de cada pieza. Ahí mismo, en Lucky Gem Club, la dueña y artista Avery Robbins-Palacios crea cinturones artesanales con piezas vintage y teñidos a mano. A unos cuantos pasos, te recomendamos visitar Magnolia Mercantile, donde Katie Monsen te guía por el proceso de personalizar un auténtico sombrero vaquero. Podrás escoger un sinfín de estilos, colores y piezas vintage, plumas, cartas, listones y hasta marcas metálicas para grabar la pieza con tus iniciales, tu signo zodiacal o lo que sea que te imagines. Cada lugar que visites te regala una experiencia nueva.


“Si quieres conocer una ciudad, ve a su mercado”, una frase llena de sabiduría colectiva que cobró perfecto sentido cuando decidimos la portada de esta edición. Es sabido por los viajeros de corazón que en los mercados encuentras verdaderas postales urbanas y los rasgos humanos más auténticos. Comida, clases sociales, acentos, comunidades, idiomas, rutinas, horarios: el mercado es un termómetro cultural de la ciudad y el Houston Farmers Market no es la excepción. Durante el scouting conocimos a vendedores locales de Honduras, México, El Salvador, China; tenderos y clientes que se reúnen en este mercado de agricultores que carga con una historia de 80 años y que ahora, un tanto rejuvenecido en su diseño y arquitectura, es un ícono cultural y gastronómico del pueblo.
Houston es una de las ciudades más diversas y multiculturales de Estados Unidos. Su riqueza se refleja en su gastronomía, distritos de arte y una fuerte presencia de comunidades internacionales.

El mercado es un espacio que, si bien no encuentras en las guías turísticas tradicionales, vale la pena visitar para conocer mejor a la gente de a pie. Migrantes que llevan décadas trabajando; clientes que van a buscar lo que no encuentran en tiendas tradicionales; turistas que extrañan las micheladas de México; agua de coco que es la preferida por ciudadanos de origen chino, y definitivamente observadores que intentan capturar una imagen más viva de la cultura local.

Con esa misma intención llegamos al Houston Museum District, uno de los conjuntos más densos de museos y puntos culturales del país. Ubicado muy cerca del centro de la ciudad es un barrio caminable y vibrante de arte, ciencia e historia. Museos que atraen a todo tipo de visitantes, como el de Bellas Artes, el de Arte Contemporáneo, el de Ciencias Naturales, y pulmones verdes como el Hermann Park y el Japanese Garden. Un espacio que no pone en duda el dinamismo de Houston. Puedes apreciar obras de Van Gogh, Monet, Diego Rivera o Jackson Pollock en el Museum of Fine Arts of Houston y en la siguiente hora apreciar alguna de las exposiciones itinerantes del Contemporary Arts Museum of Houston o una actividad interactiva en The Health Museum (Museo de la Salud). Toda la cultura y el arte se sienten fusionados como parte fundamental de la infraestructura. Eso pasa continuamente en Houston: su cultura y su esencia vibrantes se reparten en distritos con distintos escenarios que deciden abrazar la creatividad e identidad de quien los consume y habita.

El Downtown es prueba irrefutable de esa convivencia en armonía: rascacielos impresionantes junto a arenas como el Toyota Center o el Daikin Park, casas de los Rockets y de los Astros (no podrían llamarse mejor sus adorados equipos), respectivamente; parques como el Discovery Green, murales de artistas locales, foros al aire libre, restaurantes, cervecerías, fuentes y lagos.

Sabores diversos, planes para todos los gustos
La Ciudad Espacial también se ha consolidado como una capital culinaria a lo largo de los años. La lógica de que los inmigrantes puedan empezar a sentirse en casa comienza desde la comida. Para ello, la cocina local retoma propuestas gastronómicas tan clásicas como diversas. Las tradiciones se respetan y compartirlas a través de los alimentos es otra manera de rendir tributo a su origen y sentirse orgullosos. Un lugar pequeño, acogedor y perfecto para todo visitante es Koffeteria, donde el chef Vanarin Kuch mezcla su herencia camboyana con una técnica de panadería clásica. No te lo imaginarías, pero un Cambodian Chicken Curry envuelto en una masa perfecta de croissant es justo lo que necesitas para empezar el día.
Por su parte, Baso es un restaurante que, en palabras del chef Max Lappe, fue donde finalmente encontró la libertad creativa para desarrollar su cocina. El resultado es un concepto original con la energía del fuego vivo, ingredientes locales, coctelería de autor y platillos que integran alce, callo de hacha, codorniz y ribeye en combinaciones difíciles de describir, pero que funcionan a la perfección. Es una sorpresa incluso si piensas que lo has probado todo.

Ya en el espectro gastronómico, un viaje a Houston no está completo sin un banquete clásico del lugar: un auténtico barbecue texano. J-Bar-M es el lugar para saciar el antojo de carne perfectamente cocinada, bocados que se derriten en la boca y un sabor casero en un ambiente amigable y relajado. Esa hospitalidad sureña directo a tu mesa con un sabor que te recuerda a una ciudad acogedora y amable. Y así ha sido siempre, basta detenernos a pensar un segundo en leyendas e íconos actuales diversos como Hakeem Olajuwon, quien llegó de Lagos, Nigeria, para convertirse en una leyenda absoluta del básquetbol con los Rockets de Houston de la NBA; Ellen Ochoa (nacida en Estados Unidos, e hija de inmigrantes mexicanos) quien fuera directora del Johnson Space Center y la primera mujer latina en ir al espacio; grandes orgullos texanos como el histórico Nolan Ryan, pitcher de beisbol de los Astros en la MLB; o Carl Lewis, “el hijo del viento”, estrella de atletismo de la Universidad de Houston y originario de Alabama. Igualmente referentes del entretenimiento actual son Beyoncé, Post Malone y hasta la atleta Simone Biles, que nació en Columbus, Ohio, pero creció en Houston. Sus historias representan símbolos de cómo el origen local siempre convive, se mezcla y se nutre de lo global.
Además de la apertura y abundancia en historias humanas, conversaciones y platillos, la ciudad también abraza a sus inmigrantes con arquitectura y símbolos que ilustran a comunidades unidas, hospitalarias y amables. Un ejemplo perfecto es el BAPS Shri Swaminarayan Mandir, un templo arraigado a sus raíces indias, pero que cohabita en una ciudad donde hay lugar para todos. Aquí, la comunidad india recibe con las puertas abiertas de su lugar sagrado a quienes deciden visitarlo y conocer más de su cultura con una edificación cuya simple existencia en Houston es una manera de practicar el multiculturalismo y honrar su fe.
Y así es como Houston respira y se mantiene viva. Es un destino que te saluda con su impresionante skyline, pero te conquista con la calidez de su gente, sus sabores, culturas y tradiciones. Además de las casi obligadas paradas en el Centro Espacial, sus museos, bibliotecas, universidades y parques. Descubrimos que Houston es una ciudad que se enciende con la identidad de cada uno de sus barrios, el rodeo, los deportes, los conciertos y la emoción de quien la visita con nuevos ojos una y otra vez.
Más de 50 años después de la hazaña que trajo de vuelta a tres héroes, esta ciudad continúa atrayendo la atención global, pero no por una misión a la Luna o la intriga por el espacio, sino por las experiencias que se pueden vivir desde la casa de todos: la Tierra.
Un agradecimiento especial
A Hola Houston, El Bolillo Bakery y la gente de Houston Farmers Market por su apoyo y colaboración para lograr esta producción.








