
Cuando me hablaron de ZOA, un hotel de ocho suites ubicado en un acantilado en Mazunte, mi primer pensamiento fue “¿por qué no lo conocí antes?”. La costa oaxaqueña es uno de mis destinos preferidos desde que comencé a viajar sola, sin embargo, este complejo de verdad permanece oculto, y a la vez, en una ubicación privilegiada con vista a Punta Cometa, uno de los mejores miradores de atardeceres del Pacífico mexicano.

Para llegar tomé un transporte privado desde el aeropuerto de Puerto Escondido, Oaxaca, y en poco más de una hora ya nos encontrábamos en la calle principal de Mazunte (un Pueblo Mágico con mar), de ahí seguimos unos cinco o siete minutos al este, hacia San Agustinillo, y subimos una pequeña pendiente para encontrarnos con la fachada de ZOA. El concierge ya me estaba esperando, pues la atención al huésped es personalizada, sin embargo, el mejor recibimiento fue la vista al océano, una postal disponible desde prácticamente cualquier punto del complejo.
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El mar en la costa oaxaqueña es salvaje, así que es posible escuchar el sonido de las olas que rompen contra las rocas y nada más… al estar compuesto por suites tipo villa —algunas con alberca privada— este hotel se siente apacible, no hay distractores de la naturaleza. Mi espacio favorito fue la zona de masajes y yoga, al aire libre, en la que también hay un mirador, ahí pasé una mañana embelesada. Cuando la corriente lo permite, es posible bajar a la playa e incluso se colocan camastros en un espacio elevado, al pie de los acantilados.

Un hotel hecho a mano
“Fue la ignorancia la que me hizo seguir adelante”, me dijo Paco, quien diseñó este hotel cuando las playas de Mazunte se sentían vírgenes, sin señal de celular ni cajeros automáticos. Sin embargo, construir en el paraíso es un reto constante, por ejemplo, por la falta de instalación hidráulica y que el agua sea abastecida por medio de pipas; además de por lo complejo del terreno lleno de rocas. Así nació también el concepto de “hotel handmade”, pues desde la construcción hasta el interiorismo y las piezas de decoración fueron elaboradas prácticamente a mano.


ZOA ha sido reconocido por la Guía Michelin con dos Llaves otorgadas en 2024 y 2025, por ser exponente de la auténtica hospitalidad mexicana. También se lleva las palmas el aspecto gastronómico, por su restaurante que ofrece un menú compuesto por platillos de temporada y locales. Cuando lo visites, prueba la pesca del día, pero no te molestes si no está disponible, de eso se trata impulsar el uso de los insumos que obtienen los mismos pescadores de la zona.
Aunque hay oferta de actividades como clases de surf, liberación de tortugas marinas y nado con delfines en un hábitat, quizá quieras dedicar una tarde completa (o más tiempo) a disfrutar de la alberca infinita del complejo que se funde con el paisaje.







