Pensé que había viajado a Medellín para ver flores, pero encontré las historias que los silleteros cargan sobre sus espaldas
Festival de las Flores de Medellín | Foto: Mariana García | Travel + Leisure en Español

Pensé que había viajado a Medellín para ver flores. No sabía que terminaría escuchando las historias que cargan quienes las llevan sobre sus espaldas.

Antes de llegar, tenía una idea completamente diferente de lo que sería vivir la Feria de las Flores de Medellín. Imaginaba calles llenas de color, enormes arreglos florales y, por supuesto, el famoso Desfile de Silleteros que tantas veces había visto en fotografías y videos.

Y sí, encontré todo eso. Pero ninguna imagen me había preparado para lo que realmente significa estar ahí.

Porque las flores son espectaculares, pero cuando conoces a las personas que están detrás de ellas, la Feria cambia por completo.

Una historia que comenzó mucho antes del desfile

Para entenderlo hay que subir hasta Santa Elena, el territorio rural de Medellín donde la cultura silletera forma parte de la vida cotidiana de cientos de familias.

Las silletas existían mucho antes de la Feria. Desde finales del siglo XIX se utilizaban en las montañas de Antioquia como una herramienta para transportar personas, productos agrícolas, herramientas, materiales y otras cargas por caminos que podían tomar horas a pie. Con el tiempo, los campesinos de Santa Elena también bajaban hasta Medellín con las flores y productos que cultivaban para venderlos en la ciudad.

En 1957 se realizó oficialmente el primer Desfile de Silleteros y aquella herramienta cotidiana comenzó a transformarse en uno de los símbolos más importantes de Medellín. La cultura silletera fue reconocida posteriormente como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Nación y, quizá todavía más importante, continúa transmitiéndose dentro de las familias de generación en generación.

Pero conocer su historia es una cosa. Escucharla de quienes la viven es otra completamente distinta.

“Mamá, tu valentía para seguir es tu eterna Victoria”

Durante mi visita conocí a Jonathan, uno de los silleteros de Santa Elena.

Frente a nosotros estaba una silleta que inmediatamente llamó mi atención. Era hermosa, pero conforme Jonathan comenzó a explicarme qué había detrás de ella, las flores adquirieron un significado completamente diferente.

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Silletero Jonathan | Foto: Mariana García | Travel + Leisure en Español

La pieza estaba dedicada a Victoria, una bebé que murió apenas dos días después de nacer.

“Nació el 15 de noviembre y el 17 de noviembre falleció”, me contó Jonathan.

Según su relato, durante el embarazo se presentó una infección relacionada con el líquido amniótico. Pero lo que Jonathan había decidido plasmar en aquella silleta no hablaba únicamente de la pérdida.

Entre las flores podía leerse:

“Mamá, tu valentía para seguir es tu eterna Victoria”.

Victoria era el nombre de la bebé, pero también la palabra que resumía el mensaje de la pieza: la fortaleza de una madre para continuar después de perder a su hija.

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Silleta de Jonathan | Foto: Mariana García | Travel + Leisure en Español

No sé cuánto tiempo me quedé observándola después de conocer la historia. Lo que sí recuerdo es que ya no podía verla de la misma manera.

Ya no estaba frente a un arreglo de flores.

Estaba frente a una historia convertida en una silleta.

Mucho más que flores

Y fue entonces cuando algo hizo clic.

Durante mi paso por Santa Elena entendí que las silletas pueden hablar de una familia, de la tierra, de una pérdida, de un recuerdo o de aquello que alguien quiere decir sin necesidad de hacerlo únicamente con palabras.

También entendí que ser silletero no comienza el día del desfile. Detrás existen meses de trabajo, flores que se cultivan durante el año y conocimientos que pasan de padres a hijos y de abuelos a nietos. En 2026, 545 silleteros participaron en el gran desfile, representando una tradición que continúa viva entre cientos de familias de Santa Elena.

Quizá por eso la Feria de las Flores de Medellín se siente diferente cuando primero conoces lo que ocurre detrás.

Cuando finalmente ves a los silleteros caminar por Medellín, ya no cuentas las flores ni piensas únicamente en cuánto pesa la estructura que llevan sobre sus espaldas.

Piensas en quién la hizo.

En las manos que cultivaron las flores. En la familia que ayudó a construirla. En las horas de trabajo. Y, sobre todo, en la historia que alguien decidió contar a través de ella.

Durante siglos, las silletas sirvieron para cargar personas y productos por las montañas antioqueñas. Hoy continúan cargando flores.

Pero después de vivir esta experiencia entendí que también cargan algo mucho más difícil de medir: memoria, familia, identidad y las historias de quienes las construyen.

Yo pensé que había viajado a Medellín para ver flores.

Regresé entendiendo las historias que los silleteros cargan sobre sus espaldas.