
Situada en el interior de la provincia de Valencia, ya en la meseta, Requena lleva siglos construyendo su identidad alrededor del vino. Este año, su relación con la cultura vitivínicola ha tenido premio ya que sido elegida Ciudad Española del Vino, un reconocimiento que invita a descubrir sus bodegas, pero también su patrimonio medieval y sus llamativas galerías subterráneas. Su gastronomía, marcada por los inviernos fríos y los veranos cálidos de la zona, también merece la pena por el protagonismo absoluto de los productos de la tierra, de gran calidad.
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¿Qué significa ser Ciudad Española del Vino?
El título es una iniciativa creada en 2023 por la Asociación Española de Ciudades del Vino (ACEVIN), entidad que agrupa a municipios vinculados a la producción vinícola y al desarrollo del enoturismo. Su objetivo es potenciar el trabajos de las localidades que enriquecen la oferta turística relacionada con el vino, promoviendo su cultura más allá de las propias bodegas. Aunque la distinción se concede anualmente, cuando España acoge la Ciudad Europea del vino, se evita dar el título para evitar que ambas iniciativas coincidan.

Los representantes de ACEVIN son los encargados de valorar las candidaturas y elegir a la ciudad ganadora. Requena salió elegida en diciembre de 2025. Antes, en 2024, la primera localidad en recibir el galardón fue Cambados, en Pontevedra.
Las razones para la elección de Requena han sido su longeva tradición vitinícola, que se remonta a la Antigüedad, además del peso de la variedad autóctona bobal. La localidad es parte importante de la Denominación de Origen Utiel-Requena, que también destaca por la elaboración de cava. Su capitalidad está acompañada de actividades y acciones promocional destinadas a reforzar su posición como destino de gran valor enoturístico.
Su Barrio de la Villa, vestigio del pasado medieval
En el casco histórico de Requena hay joyas como el Barrio de la Villa, declarado Bien de Interés Cultural. Conserva el trazado de la antigua ciudad medieval, con calles estrechas, casas blasonadas, pequeñas plazas y restos visibles de su sistema defensivo. Está en la ubicación más elevada del municipio, habitual en las localidades con importancia estratégica de la Edad Media.
Entre las callejas del barrio destacan las iglesias de Santa María y El Salvador, ambas decoradas con elementos góticos. También en el bario se encuentra la iglesia de San Nicolás, de origen musulmán. Su torre del homenaje recuerda que Requena estuvo situada en una frontera. Un paseo por el barrio permite disfrutas de imponentes fachadas y portales, además de detalles de la arquitectura antigua que han sobrevivido al paso de los años.
La historia subterránea del vino: Cuevas de la Villa
Requena tiene guardada una visita realmente singular. Las Cuevas de la Villa conforman una red de espacios excavados en el subsuelo que tuvieron distintos usos a lo largo de los siglos. Sirvieron como almacén de cereal, pero también como un lugar idóneo para la conservación y la elaboración del vino. Algunas de ellas se emplearon como osarios. Fueron redescubiertas a lo largo del siglo XX y son capitales para comprender la actividad vinícola requenense.

Otro espacio fundamental para entender la relación histórica entre Requena y el vino es el Museo del Vino, situado en el Palacio del Cid. En él están expuestas varias piezas relacionadas con la producción y la conservación de los caldos. Otro espacio museístico que explora este tema está en la propia Iglesia de San Nicolás, mencionada anteriormente, donde puede visitarse el Museo Arqueológico del Vino, que está más enfocado en la elaboración y la comercialización de la bebida desde la Antigüedad.
Visitar bodegas y probar la bobal
Una escapada completa sin reservar conlleva la visita a alguna de sus bodegas. La Ruta del Vino Utiel-Requena permite descubrir viñedos, instalaciones y hacer estimulantes catas, con experiencias que varían según la bodega y la época del año. Conviene reservar con antelación, especialmente si se quiere combinar la visita con una degustación o un menú maridado.
La gran protagonista local es la bobal, variedad tinta adaptada al clima continental de la meseta y reconocida por su personalidad. Sus vinos conviven con blancos, otras variedades tintas y espumosos. Para conocer de cerca esta diversidad tan especial, algunas bodegas ofrecen recorridos entre viñas, además de catas comentadas que ayudan a entender cómo el clima, el suelo y las técnicas de elaboración influyen en el carácter de cada botella.
Una mesa ligada al territorio
Entre los platos más representativos del recetario requenense figuran el ajoarriero, el gazpacho manchego, el morteruelo y el arroz de matanza. Son platos más pegados a la tradición manchega que a la valenciana por la propia ubicación de Requena, ya en la meseta. A ellos se suman los embutidos amparados por la Indicación Geográfica Protegida Embutido de Requena, con especialidades como la longaniza, la güeña y la morcilla.
Quienes dispongan de más tiempo pueden acercarse al entorno natural de las Hoces del Cabriel, donde los cañones fluviales, los senderos y los paisajes de ribera ofrecen una alternativa a las visitas culturales y las catas. Así, la capitalidad vitivinícola de Requena se convierte también en una oportunidad para explorar el interior valenciano más allá de sus destinos de costa.







