Entre selva tropical, arena clara y el horizonte abierto de Bahía de Banderas, el paisaje impone una calma que se vuelve parte de la experiencia desde el primer momento.
En ese entorno, W Punta de Mita ha logrado posicionarse como uno de los hoteles que mejor interpreta el carácter contemporáneo de la Riviera Nayarit. Su arquitectura abierta, la presencia constante del mar y una estética que mezcla diseño actual con referencias a la cultura local crean una atmósfera que resulta vibrante sin perder el espíritu relajado del Pacífico mexicano.

El hotel se despliega frente al océano con una sensación de amplitud constante. Desde las habitaciones hasta las áreas comunes, todo parece orientado hacia la luz, el viento marino y la vegetación tropical que rodea la propiedad. Las suites combinan texturas artesanales, colores inspirados en la región y terrazas que permiten que el paisaje entre de forma natural a cada espacio.
Una estancia aquí suele encontrar su propio ritmo y descanso. Las mañanas comienzan con caminatas por la playa o actividades en el agua -surf, paddle board o una salida en catamarán para recorrer la bahía- mientras el resto del día transcurre entre el mar, las albercas, los jardines y sus restaurantes.

Una pausa imprescindible en AWAY Spa y Rubra
Diseñado para integrarse con el entorno y rodeado de vegetación, en AWAY Spa encontrarás distintos tratamientos que utilizan ingredientes naturales de la región. La experiencia tiene algo de refugio tropical: aromas botánicos, cabinas abiertas y rituales que buscan devolverle al cuerpo la calma que el viaje promete.

Pero si hay un momento que muchos viajeros terminamos recordando con especial claridad durante nuestra estancia, es la elección de cena en Rubra, el restaurante de la chef mexicana Daniela Soto-Innes.

La historia de Soto-Innes es bien conocida dentro de la gastronomía contemporánea. Después de consolidar su carrera en Nueva York como una de las figuras clave de Cosme, el restaurante creado por Enrique Olvera, la chef decidió regresar a México para abrir su primer proyecto personal en la costa del Pacífico.
Rubra nació así dentro del propio W Punta de Mita como una extensión natural del entorno. El espacio fue concebido como una especie de galería culinaria abierta, donde la arquitectura, la vegetación y el sonido del mar forman parte de la experiencia tanto como los platos que llegan a la mesa.
El restaurante apuesta por una cocina profundamente ligada al territorio. Muchos de los ingredientes provienen de los propios jardines del proyecto, donde se cultivan hierbas y vegetales que cambian con las estaciones. Esa cercanía con la tierra define el carácter del menú, que se mueve entre productos frescos del Pacífico, vegetales de temporada y preparaciones que reinterpretan la tradición mexicana desde una mirada contemporánea.

Durante ciertos momentos del año, Rubra se convierte también en el escenario de encuentros especiales que reúnen a chefs, artistas y colaboradores cercanos al proyecto. En una reciente celebración por el aniversario del restaurante, Soto-Innes reunió a invitados y amigos en una serie de experiencias culinarias que incluyeron recorridos por los jardines, degustaciones y una cena final frente al mar.
Más allá de eventos puntuales, lo que hace memorable una estancia en el W Punta de Mita es la sensación de equilibrio entre naturaleza y diseño. Todo parece pensado para que el viaje encuentre su propio tempo.
Las tardes suelen terminar frente al océano, con la luz del Pacífico cayendo lentamente sobre la bahía. Entre el sonido de las olas, una copa en la mano y la promesa de una cena memorable, el hotel confirma algo que muchos viajeros descubren al llegar a esta parte de la costa mexicana.








