Curazao, el paraíso caribeño de moda por el Mundial
Vista aérea de la playa Kenepa Grandi, en Curazao. cdwheatley - istock

El Mundial de fútbol ha puesto en el mapa a Curazao, un destino poco conocido en el panorama internacional. Los nombres de sus jugadores y su meritorio empate contra la selección española han dado mucho que hablar en redes sociales. Más allá del deporte, esta pequeña isla del Caribe tiene mucho que ofrecer. Desde playas de aguas turquesas hasta su herencia multicultural pasando por una oferta turística que también incluye naturaleza y gastronomía.

Está situada frente a las costas de Venezuela, al sur del Caribe. Comparte protagonismo con Aruba y Bonaire, que junto a Curazao forma las islas ABC. Aunque forma parte del reino de los Países Bajos, su clima seco y con temperaturas agradables durante todo el año contrasta con el lejano país europeo. Además, la isla se ubica fuera de la principal ruta de huracanes caribeños, lo que la convierte en un destino especialmente atractivo en cualquier época.

Una historia dividida entre Europa y el Caribe

Los primeros habitantes de Curazao fueron los pueblos indígenas arawak. A finales del siglo XV, hay constancia del avistamiento de la isla por parte de los exploradores españoles. Sin embargo, los neerlandeses fueron quienes terminaron estableciendo el control aduanero sobre el territorio después de conquistarlo en 1634.

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Fachadas de estilo holandés en Willemstad. BriBar / istock

Curazao fue una plaza importante en las rutas comerciales del Caribe por su posición estratégica como puerto marítimo. La influencia europea sigue haciéndose notable en la arquitectura de su capital, Willemstad, cuyo centro histórico está reconocido como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Su paisaje urbano recuerda a ciudades como Ámsterdam. De hecho, una de las imágenes más reconocibles del turismo caribeño son las fachadas de colores que bordean la bahía de Santa Ana.

Willemstad, extraña fotogenia caribeña

Willemstad es el corazón cultural de Curazao. Tiene barrios históricos como Punda y Otrobanda en los que encontrar cafés, galerías y pequeños comercios. Uno de los iconos de la ciudad es el puente de la Reina Emma, que conecta las dos orillas de la bahía. Es uno de esos puentes que se abren para permitir el paso de los barcos.

Por la tarde, el paseo marítimo es uno de los lugares más animados de la isla. A su alrededor pueden encontrarse numerosos locales en los que disfrutar de la gastronomía local, que es una curiosa mezcla de influencias neerlandesas, caribeñas, latinoamericanas y africanas.

Playas de postal y aguas cristalinas

Las playas son la joya de la corona de Curazao. Tienen la particularidad de encontrar calas relativamente tranquilas y bien conservadas, no tan orientadas al turismo masivo como en otras regiones del Caribe. Destacan Kenepa Grandi y Cas Abao, con aguas de espectaculares tonos azules y una belleza particular. La claridad de las aguas y la abundancia de vida marina hacen que sean un destino especialmente adecuado para practicar snorkel y submarinismo. Desde la costa se pueden explorar algunos arrecifes, una característica poco habitual.

Paraíso para el buceo

Curazao está considerada uno de los mejores destinos de buceo del mundo. La visibilidad supera los 30 metros, característica que la hace idónea para el avistamiento de tortugas marinas, arrecifes de coral y algún que otro pecio. La playa Piskadó es uno de esos lugares en los que se pueden avistar tortugas en libertad, un lujazo. En la isla pueden encontrarse numerosas escuelas tanto para principiantes como para buceadores experimentados.

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El paraíso natural está más allá de la costa

Aunque las playas concentran gran parte de la atención, Curazao también ofrece interesantes espacios naturales en el interior. El Parque Nacional Christoffel protege algunos de los paisajes más representativos de la isla, con colinas, cactus gigantes y fauna autóctona. En él se encuentra el monte del mismo nombre, punto más elevado de Curazao, con unas impresionantes vistas del Caribe.

Otra visita recomendable es el Parque Nacional Shete Boka, famoso por sus acantilados y por las espectaculares cuevas marinas donde las olas rompen con fuerza contra la roca volcánica.